sábado, 19 de mayo de 2012

Una última esperanza.

Iba caminando por la calle. Llevaba el cigarrillo en la boca, aspiraba y espiraba el humo no le importaba que ese maldito tabaco la estuviese matando. Total, se iba a morir de todas formas. Tenía la mirada perdida, sus ojos ya no eran los mismos. No miraba a nadie, y nadie la miraba a ella. Era como si no existiese en esa mierda de sociedad. Estaba harta, cansada se sentía una inútil. Toda su vida estaba basada en mentiras. Cada año descubría una que la asombraba mas que la pasada. Estaba agotada, quería desaparecer del todo. Convertirse en polvo. Empezó a correr sin saber a donde ir. La gente ni si quiera la miraba. Chocaban con ella y alguno le gritaba un insulto desde lejos. Pero eso a ella le daba igual. Solo quería salir de esa ciudad, solo quería despojarse de aquello que tenía metido en el alma, que se la iba comiendo lentamente y dolorosamente. Quería gritarle a todo el mundo que existía, que quería tener una vida, que quería ser feliz. Pero nadie la escuchaba, nadie la observaba.
Cayo rendida al suelo, las lagrimas se deslizaban por sus ojos sin piedad alguna. Por un momento se imagino muerta en el suelo sin nadie que llorara su ausencia. Se sentía sola aunque estaba rodeada de miles de personas.

Entonces gritó, era un grito desgarrador que hizo que todo el mundo la mirase, contemplando una escena horripilante. La observe, me di cuenta de como sus ojos color castaño observaban mis pupilas. Y vi como en sus labios se dibujo una diminuta sonrisa, entonces lo supe eso era lo que ella quería, que alguien la viera despues de tantos y tantos años perdida en la ignorancia. Y ese alguien había sido yo. Cerró los ojos y su corazón latió por ultima vez, supe que su corazón estaba feliz, por fin había conseguido lo que tanto había buscado.
Yo por mi parte, me levante de aquel banco con la mirada triste y perdida.
La mire por ultima vez, me di media vuelta y comencé a caminar. Sentí el ruido de las ambulancias detrás. No iban a conseguir hacer nada. Se había ido, pero se había marchado feliz por que después de tantos años alguien la había vuelto a ver. Yo la había vuelto a ver. Había dejado de sentirse invisible.
Comencé a andar, con el corazón echo un puño, con lagrimas en los ojos, y con la esperanza de que algún día alguien me encontrara a mi también.

1 comentario:

  1. Princesita! Como siempre tus textos me encantan. Pero piensa que no eres invisible... eres alguien para el mundo, y además eres el mundo de alguien.
    Muchos besitos bonita :)

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