viernes, 28 de septiembre de 2012

No eran cualquieras, estaban enamorados.

Observó los ojos de la chica anegados en lágrimas, mientras esta le dedicaba una sonrisa apesadumbrada, una sonrisa triste y forzada. Gimió y giró la cabeza, evitando mirarla, evitando contemplar en su cara el dolor que él le causaba. 
Pero ella cogió su cara entre sus débiles manos y se puso de puntillas para que sus ojos estuvieran a la misma altura.
Y en ese momento se dieron cuenta de que no era un mal día, de que aunque el cielo estuviera encapotado, era el primer día donde las lágrimas del cielo caían después de unos largos meses donde todo era azul celeste, era el primer día en el que el aroma a lluvia que tanto anhelaban impregnaba todo a su alrededor.
Era un día perfecto.
Era exactamente igual como la primera vez, los dos se miraron a los ojos, sabían lo que estaba viendo el otro: El día en el que esa bonita historia, su historia comenzaba fue exactamente igual que este. 
Y por lo que sabían ese era el final, resultaba irónico. 
Dos personas, cerca muy cerca él uno del otro, con sus labios casi rozándose, en una calle mojada como sus recuerdos, vacía como sus miradas, con el sonido de las gotas al chocar contra el suelo que iban al compás de sus latidos. Latidos que sonaban fuertes en sus pechos. Dos corazones desbocados intentando superar esos centímetros que los separaban.
Cualquiera de los dos podría a ver continuado con ello. 
Era un día perfecto para un nuevo comienzo. 
Una nueva oportunidad. 
Cualquiera podría a ver seguido el impulso de rozar con sus labios los del otro. 
Cualquiera  podría a ver hecho que los dos corazones anhelantes de tocarse hubieran cumplido su deseo.
Pero no eran cualquieras, estábamos enamorados, y el amor era ilógico, impredecible, y eso los diferenciaba del resto.
Así que dejaron pasar el momento.
Se alejaron. Se miraron anhelantes. Y con un último adiós, cada uno marcho por su camino, dejando atrás todo lo que quedaba allí en esa calle mojada bajo la mirada del cielo encapotado y el sonido de la lluvia al caer.



martes, 18 de septiembre de 2012

No soy fuerte aunque intenté parecerlo.

Soy una idiota. Una jodida idiota. Me caigo, me levanto y me vuelvo a caer. Es inevitable. Pero lo peor es que lo convierto todo en una diversión para los demás, que se ríen al verme caer una y otra vez por la misma y estúpida piedra. Cometo errores, y vuelvo a cometerlos otra vez. Es un callejón sin salida. Un pasillo sin fin. Un agujero negro infinito. Y yo no puedo continuar así. 
Soy una hipócrita. 
Una cría que intenta parecer normal en un mundo que ella siempre ha odiado.
Yo no soy como los demás. Y a veces, tengo miedo como todos vosotros. Miedo a lo que dirá la gente. Miedo a que me vuelvan a herir. Miedo a volver a caer al vacío. Miedo de no poder levantarme. Soy una persona, y tengo sentimientos. No soy ningún robot de la sociedad. 
Que os entre en la cabeza; No soy fuerte aunque intenté parecerlo. 
No. Soy débil. Me rompo con facilidad. Dime una palabra que me haga daño y puedes conseguir que lloré toda la noche hasta quedarme dormida. Haz revivir un recuerdo que tenía olvidado  y me romperás en pedazos sin que te des cuenta. Dime aquello que tanto me he estado ocultando a mi misma y me verás huir entre páginas de libros. 
Mírame a los ojos. Mira como me rompo en pedazos sin que te des cuenta, observa como lloro en silencio. Fíjate en que cuando sonrió la felicidad no me llega a los ojos.
Escucha las palabras que dijiste, fueron todas a mi cabeza. Escucha como resuenan en mis oídos. Como me hacen daño por mucho que intente evitarlo.
Rebobina, recuerda todo lo que me hiciste y observa como me fue desde entonces.
No soy una piedra. No soy una fría y dura piedra, aunque lo parezca. Solo intento vivir en este mundo de la única forma que sé. 
Solo intento protegerme a mi misma mientras intento proteger a los demás de mi.





jueves, 6 de septiembre de 2012

Por que no soy normal.

Y después de meses de soledad, meses donde el consuelo se había esfumado acompañado de la felicidad, meses donde lo único que hacía era llorar, gritar, sentirme insignificante, un estorbo para este gran mundo donde era fuerte hasta que cerraba la puerta de mi habitación y me derrumbaba allí mismo, apoyada en la pared, abrazándome la piernas como una niña pequeña, asustada, vulnerable, frágil, pidiendo a gritos desaparecer.
Pero valió la pena pasar por todo eso.
Ya no tengo miedo. Puedo salir ahí afuera y sonreír le a todo lo que se me ponga delante. Puedo dejarle claras las cosas a cualquier persona. Puedo hacer lo que quiera sin miedo al que dira la gente. Puedo reírme como si nunca hubiese sabido el significado que tiene la palabra llorar. Pero, no te estoy diciendo que ya no me hunda, no, no estoy hecha de piedra, estoy hecha de sentimientos, soy una persona, y como cualquier otra me derrumbo dejando que las lágrimas sean mi consuelo.
Pero he pasado por tantas cosas a lo largo de mi corta vida que ahora nada me sorprendería.
Y cada vez es mas difícil. Y cada vez soy mas fuerte.
No me preguntéis de donde saco las fuerzas, por que ni yo lo sé.
Lo importante es que hoy estoy aquí, respirando hondo, orgullosa de haber vivido lo que he vivido, sintiendome capaz de luchar sin derrarmar ni una lágrima delante de nadie. Sabiendo que mañana me voy a levantar feliz, sintiéndome mas fuerte que hoy aunque esta noche me vaya a mi habitación con una sonrisa forzada, y llore hasta quedarme dormida.
Es como cuando tras una gran tormenta salé el sol y con él el arco iris, como cuando sales corriendo hacia el balcón y respiras el aire fresco que deja la tormenta, llenándote los pulmones de una fresca libertad y te das cuenta de que el único rastro que dejo aquel momento son las húmedas pisadas en el suelo, que el tiempo borrará. Pero aquella sensación cuando sales al balcón nada la cambiará. Ni la borrara.
Pero que la tormenta haya dejado una huella allí no te hace daño, es más, te hace feliz, por que si aquella tormenta jamas hubiese llegado tu nunca hubieras podido descubrir, sentir, disfrutar de aquella paz, de aquel sentimiento de libertad al respirar y ver brillar el sol.
Y ahora todo esta mejor. Sabes que lo único que puedes hacer es disfrutar del momento. Por que quizás mañana vuelva a llover, o vuelva a haber tormenta.
Ahora, mas que nunca, se que nadie me puede hacer daño.
Por que después de meses de desesperada búsqueda me he vuelto a encontrar a mi misma. Pero algo cambió, incluso si rebobinamos y nos quedamos en silencio estoy segura de que se oiría el 'clic' que confirmó que una pieza encajó en mi interior, ahora soy mas fuerte.
Lo sé.
No soy una chica normal, no me siento normal. Nunca me sentí normal. 
Con tan solo 5 años sabía lo que era tener una hermana desquiciada que disfrutaba haciendo daño a los demás, y había visto llorar a mis padres mas que cualquier otra persona. Con tan solo 7 años experimente la sensación de que ser tía. Con 8 años descubrí tantas mentiras que sentí que mi vida entera era una falsa. Un gran mentira montada para mi. Con 9 años sentí lo que se sentía cuando no eras querida en ningún lugar Ni querida por nadie. Cuando te encerrabas en el baño a llorar sin nadie que te escuchara o te dijera "todo irá bien". Por que nadie te quería a su lado. Con 12 años sentí lo que se sentía cuando te alejaban de una de las personas mas querida de tu vida, sabedora de que aquella personita jamas podría envolver mi dedo en un puñito de los suyos. Y así podría continuar, sin ni si quiera detenerme en los detalles, como estoy haciendo ahora.
Nunca me sentí normal. Por que no soy normal. Y eso no me preocupa, por que si vuelvo a mirar hacia atrás, no volvería a cambiar nada de lo que he vivido, por que ahora todo aquello forma parte de mi, por que así era como tenía que suceder, y todo lo que he vivido me a convertido en la persona que soy.
Me ha echo fuerte, débil, luchadora, cabezota, optimista, pesimista.
Gracias a todo lo que he vivido soy la persona que está aquí ahora.
Y me siento feliz de ello.
* Nunca me sentí normal. Por que no soy normal, nunca lo fui *.




miércoles, 5 de septiembre de 2012

Ya no eres nada.

No puedo seguir viviendo así. No puedo salir de una habitación cuando tu entras. No puedo estallar y soltarte cualquier cosa que se me pasa por la cabeza sin pararme a pensarla. No puedo pasarme el día enfadada con todo el mundo por el simple echo de que estas a tan solo unos metros de mi. No puedo levantarme cada día y desayunar a tu lado como si nada hubiese pasado. No puedo reírme contigo. No puedo hablar contigo sin recordar todo el daño que has echo. No puedo volver a sonreírte cuando me sonríes. Ni puedo volver a ser tu hermana. No puedo hablar contigo de las cosas que hago por el día, por que, me das asco.
No puedo soportar a una persona así. No puedo tener a mi lado a una persona como tú. Estoy harta, de ti y de todas tus mentiras, de tus juegos sucios, y tu rencor. Estoy harta. De que cuando tu te vas yo me quede sin nada. Estoy cansada de jugar a este maldito juego.
No puedo más.
Ahora, yo misma renunció a volver a jugar a tu sucio juego. Me alejo de ti.. Es como si no existieras.
Por que, veras, jamas podre volver a reírme de tus chistes, jamas podre estar contigo, jamas podre volverte a hablar mirándote a los ojos.
De verdad, ¿no te has dado cuenta de que ni un beso, ni un abrazo ni una mirada te he lanzado desde que has llegado?.
No puedo. Me cansé. Ya no volverás a entrar en mi vida. Si quieres volver a ocupar un lugar en mi tendrás que aprender de tus errores y demostrarme que has cambiado. Yo no puedo continuar así. No puedo.
Tu para mi ya no eres nadie.
Nadie.
Solamente eres un vacío inexistente, un vacío que dejaste en mi pecho cuando te marchaste.
Y aunque hayas vuelto, las cosas ya no van a volver a ser como antes.
Me cansé de jugar a tu juego, de caer en tus trampas, de verte marchar mientras siento que algo me oprime el pecho, me cansé de verte volver cuando todo esta bien y tu recuerdo ya no me hace daño, me cansé de mirarte a los ojos y sentir un nudo en la garganta.
Para mi solamente eres un vacío inexistente.
No eres nada.