miércoles, 24 de octubre de 2012

Lo dejaste todo atrás.

Sigo aquí. Siento que los pies se me han clavado al suelo. Llevo tanto tiempo esperando esto. Y ahora... ahora cuando por fin empiezo a sentirte cerca te marchas para siempre.
Y es que he estado tan solo a segundos, he estado tan cerca. Me he sentido tan libre cuando sentí tus labios sobre los míos. Tan lejos de este maldito mundo. Cuando abrí los ojos, y vi que los tuyos observaban los míos, de repente, no existió nada mas allá de nosotros. Me elevé a los cielos, sentía como nos alzábamos lejos de todo esto. Como dejaba atrás todo el pasado. Pero cuando volví a cerrar los ojos, separaste tus labios de los míos y me susurraste ese adiós al oído. Sentí que me rompía en tan solo unos segundos, sentí que todos los metros que había sobrevolado de repente me aplastaban, me asfixiaban.
Y es que aún me duele recordar lo cerca que estuviste y lo rápido que desapareciste.
Porque cuando alce la vista al cielo solo pude contemplar un día gris, un lugar de un color plateado por el efecto de la lluvia, ajeno a todo lo que ocurría en mi interior, pero lo último que divisé fue aquello que me anclo al suelo, que hace que aún esté aquí observando aquel lugar por el que vi tu figura desaparecer entre las sombras. Y es que fuiste tu lo último que vi, caminando sin volver la vista atrás.
Sin volver a mirar todo lo que dejabas atrás.

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