viernes, 21 de diciembre de 2012

Tranquila, hoy la herida solo duele un poco más.

En ese momento, interiormente, gritaba.
Apreté los dientes, evitando que el grito que se me había quedado en la garganta ascendiera. Estaba harta. Abrí un cajón y me agache para esconder la cara  haciendo como si buscará algo de comida. Respiré. Ellos dos estaban allí de pie. Justo enfrente de mi. No los miraba. Pero los podía sentir. Hablaban. Sí. Pero yo ya había dejado de escucharlos. Hacía mucho tiempo. Porque estaba harta. Estaba harta de toda esa mierda. Cerré de un portazo el cajón y me desplomé en el sofá con un puñado de galletas en la mano. Aunque, recuerdo que en ese momento ni si quiera era consciente de lo que llevaba en la mano. Sentía tal impotencia dentro... Y es que por mucho que lo intentase nada iba a cambiar, siempre saldría perdiendo. No hay ni a habido ni un camino por el que pudiese mantener la esperanza de salir victoriosa. Ni aún sé porque sigo intentándolo. Hace tanto tiempo que sé que no va a dar resultado.
En ese momento capte una frase suelta de mi padre.
- Pero es que... ni si quiera lo intentas.
Exploté. Ni si quiera lo pensé. Las palabras salieron de mi boca sin ni si quiera poder ser capaz de detenerlas.
- ¿Qué intente el qué? Joder. ¿El qué? Por mucho que lo intente no dará resultado. ¿Vale? Deja de hacerme sentir como una grandísima mierda que no es capaz de intentar nada. Porque sabes que lo he intentado miles de veces. Pero no va a dar resultado. Nunca lo dará. ¡Es una enfermedad! ¿Entendéis esa palabra? ¿La entendéis? Yo no tengo la culpa de que esa maldita cosa me haya salido a mi entre no se cuántas personas. No tengo la culpa. Y lo peor de todo es que tendré que cargar con esa culpa en un futuro cuando vea que mis hijos pasan por lo mismo que yo. ¡Por mucho que me esfuerce, por mucho que me llevéis a todos esos sitios no podré hacer nada para evitar que se desarrolle! ¿Lo entendéis? No la controlo, no está en mis manos. Dejarme en paz. Joder.
Y así mismo, me marché corriendo. Como una maldita cobarde que huye de su propia suerte. Y creerme, realmente, quería hacerlo. Aunque es imposible. No se puede de huir de la realidad. Hubiese deseado poder gritar, y esta vez no me habría echado para atrás. Pero no podía. No podía. Porque había oído aquello que nunca quise escuchar. Y lo peor de todo es que había salido de mis labios. 
Cerré la puerta de mi habitación con los ojos anegados en lágrimas y me dejé deslizar hacia el suelo.
Lo último que recuerdo de ese momento es que por mi cabeza cruzó un único pensamiento.
 'Tranquila, hoy la herida solo duele un poco más. Mañana todo seguirá igual. Dolera exactamente igual que antes, y serás capaz de soportarla. Casi ni la sentirás, aunque siempre estará ahí. Siempre'.



2 comentarios:

  1. Trato de entender tu entrada, hablas de una enfermedad que no se quita, que nunca jamás se ira, espero realmente que se trate de algo que solo viene de tu mente no de algo con lo que tengas que vivir, en dado caso que así fuese créeme que lo lamento tanto y solo tú sabes el peso que estas cargando.
    Un abrazo.

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    1. La has entendido, es una enfermedad para siempre. Tengo tanto miedo de lo que me llegará a causar en un futuro. Y es algo con lo que tengo que vivir, supongo que hay cosas peores, lo sé, y lo comprendo, pero eso no quita que haya veces que todo se me venga encima y me sienta la persona mas jodida del mundo.
      Un abrazo enorme.

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