sábado, 5 de enero de 2013

Sigo siendo la misma cría intentando huir de aquellos gritos.

Pestañeo para evitar que las lágrimas, acumuladas en mis ojos, se deslicen. Pero es demasiado tarde. Allí esta la primera, y después siguen las demás.
Brotan de mis ojos como torrentes imparables. Las siento caliente en mis mejillas tibias. Me acurruco allí mismo y me hago pequeña mientras me abrazo las rodillas.
Yo no quiero que todo vuelva a ser como era antes. No quiero que todo se vuelva a ir a la mierda como lo ha hecho tantas veces atrás. No quiero volver a sentirme algo insignificante. No quiero que mi vida vuelva a ser monótona  Que no vuelva a ver en ningún lugar ni rastro de lo que era mi felicidad.
Mi cabeza es un tormento '¿Qué hice yo para merecer esto? ¿Qué hice? Parar, por favor, parar. Yo solo quiero ser una familia normal, normal. Por favor'.
Aquellos gritos retumban por las paredes insistentemente yendo a parar hacia a mi, otra vez. Ahora las lágrimas se deslizan en silencio por mi cara. Aquellas voces, gritos, me atraviesan. Me atraviesan la piel como cuchillas. Me hacen sentir una punzada de dolor, allí, en lo más profundo de mis entrañas. Hacen que cada latido me duela. Que cada vez que mi pecho palpite yo deseara con todas mis fuerzas que no lo hiciera. Inspiro buscando aire, ya que el nudo de la garganta aprieta tanto su presa que me siento asfixiada. Pero nada. Trago insistentemente pero el nudo permanece allí. Me tapo los oídos con furia, no quiero oír nada. Nada.
Ellos piensan que no me hacen daño. Piensan que soy lo suficientemente resistente para no necesitar ayuda de nadie. Es más, me ven como la chica que intento hacerles creer que soy. Una chica fuerte, capaz de salir adelante pese a todo. Pero no es así. Soy solo una cría que no quiere entender aquel mundo. Soy exactamente la misma cría de años atrás. Aquella que se arrastraba hacia un rincón de su habitación y evitaba mediante todos los medios llorar. Pero después, cansada de luchar contra ella misma se dejaba vencer y no ponía resistencia a todas aquellas lágrimas que surcaban sus mejillas. 
Sigo siendo esa cría. Estoy aquí, en aquel rincón, acurrucada. Abandonada en las lágrimas. Deseando por todos los medios desaparecer y echar a correr. Correr y correr hasta que me sintiera exhausta y tuviera que parar a respirar porque me temblarían las rodillas.
Nada ha cambiado, ¿Pensáis que no me duele, no? ¿no lo entendéis, verdad? Sigo siendo aquella cría intentando huir de aquellos gritos. 


2 comentarios:

  1. A veces queremos escapar a un lugar más tranquilo, más en paz, fugarnos de todo eso que nos atormenta pero caemos en cuenta que nos hes imposible que estamos atadas ahí y que por más fuertes que intentemos ser nos derrumbaremos cuando más necesitamos estar de pie, es triste estar en esa situación y puedo entenderte. A veces la única solución que yo encuentro es escribir, poner audífonos con un volumen considerable para no escucharles y olvidarme de todo eso...
    Un abrazo fuerte cariño.

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    1. Muchas, gracias, y si, así es. Derrumbarse una y otra vez en el momento que más necesitamos estar en pie. Yo no habría podido definir mejor ese sentimiento. Y lo mejor que se puede hacer es lo que dices. La música llega a ahogar los gritos pero, al fin y al cabo, sabes que están allí, sonando y rebotando contra las paredes.
      Un abrazo muy, muy fuerte.
      Besos.

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