miércoles, 15 de mayo de 2013

Atrapada por mis propios demonios.

Y aún no entiendo cómo me ocurrió aquello. Pero, aunque aún hoy me pierdo entre recuerdos confusos, soy capaz de saber con exactitud lo que ocurrió. No entiendo, no soy capaz de comprender como fui tan idiota. Como llegué a pensar que todo estaba bien cuando en realidad yo empeoraba a cada día un poco más. Y, supongo, que mentí. Que me dije que estaba bien, aunque aún no sé muy bien si fue todo mentira. Solo sé que fue extraño. Sentía que no era yo, en ningún momento fui yo. Todo era un falsa. Veía, sentía, lloraba, gritaba desde un lugar lejano. Un lugar escondido entre mis entrañas. Tan profundo que jamás nadie me hubiese alcanzado a oír si no me hubiera dado cuenta. Me mezcle entre mis más oscuros demonios. Me llamaron a través de gritos agonizantes. Alaridos. Llantos. E inconscientemente yo fui en busca de todos ellos. Puedo jurar y perjurar que nunca me di cuenta del grave error que estaba cometiendo. Simplemente, decir que aquellos gritos me llamaban, me susurraban que fuera tras ellos, noche tras noche, desde las más oscuras de las sombras de mi habitación. Nadie me advirtió jamás que los ignorara. Y resultaban tan atrayentes, que... me fui acercando a ellos sin darme cuenta, como niña pequeña que atraída por el mar se aleja mucho de la orilla. Y entonces, cuando estaban seguros de que no podría escapar, me atraparon. Me atraparon de tal manera que pensé que jamás volvería a sentir que era yo, que jamás volvería a escapar de aquel tormento. Y me obligaron a mentirme a mí misma, torturándome una y otra vez. ¡Mentirme a mi misma! Resultó demasiado fácil y creíble, para mí, y para todos. En pocos segundos me pude ver manejada por mis propios demonios. Pude ver como todos se tragaban la mentira, como nadie me oía gritar desde lo más profundo de mis entrañas. Me hicieron sentir confusa, cansada, harta, me hicieron sentir de una manera extraña. Me hicieron ver las cosas a través de un velo, intentando descifrar continuamente la luz entre las sombras, me hicieron ver cosas que jamás fueron ciertas. Pero lo peor es que pensé que estaba bien. Que, cada día que intentaba seguir hacia adelante, daba un paso más. Pero en realidad era todo lo contrario, cada vez me hundía más y más. Cada día sentía que me ahogaba, que las cuerdas me amordazaban cada vez más fuerte.
Y aún no sé cómo, ni en qué momento conseguí escapar. Pero lo hice.



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