jueves, 13 de junio de 2013

Ya no existió ningún punto de luz por el que luchar.

A veces, en momentos cómo este, dejo de intentarlo. Dejo de intentar vivir, dejo de intentar sobrevivir. Y lo único que hago es respirar. Respirar. Hacía tiempo que no lo hacía. Pero sigo sin sentir ningún alivio. Me gustaría volver a mirar al cielo y ver una noche estrellada. Pero lo único que veo ahora mismo es una oscuridad infinita, sin estrellas, sin luna. Mi vida es exactamente igual. Cómo una noche sin luna, sin estrellas. Sin ningún punto de luz por el que luchar. Bajo la vista hacia la ciudad que descansa a mis pies. Se esta bien aquí. Recuerdo que antes solía venir a menudo. Venía porque lo necesitaba. Porque era el único lugar en el que podía respirar. Porque me gustaba contemplar en silencio las luces de la ciudad. Pero una noche vine, respiré y no sentí nada. Esa noche era como esta. Las luces de las estrellas eran demasiado débiles para que yo las viera. Y era una noche de luna nueva. Después de esa noche, todas las demás fueron iguales. Jamás volví a ver las estrellas, e, incluso, cuándo había luna llena aquel nudo en la garganta y aquella sensación de añoranza permanecían en mi. Veía como mi vida pasaba frente a mi sin que yo hiciera nada, sin que yo quisiera hacer nada para detenerla. Ya no sentía nada, y cuándo miraba a la ciudad ya no veía nada, ya no veía las luces, ya no pensaba en nada. Simplemente dejé que el silencio se adueñara de mi. Que aquel vacío me consumiera sin poner resistencia. Jamás supe porque ocurrió esto. Simplemente, había luchado y luchado porque el dolor que me oprimía el pecho desapareciera, y lo hizo. Aquella noche el dolor desapareció. Pero se llevó todo lo demás con él.
Se llevó las ganas de luchar, las ganas de vivir, las ganas de seguir.





1 comentario:

  1. Es triste pero muy real, todos nos emos sentido asi en algun momento =)
    http://tequieroentrealgodones.blogspot.com.es

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