sábado, 27 de julio de 2013

¿Intentarlo o dejarlo? ¿Hundirme o permanecer en la superficie?

Odio estos bajones que me dan de vez en cuándo. Me recuerdan que aún me sigo odiando. Que soy un continuo fracaso. Que haga lo que haga siempre me equivocaré. Que no soy perfecta por mucho que me esfuerce en serlo. Y es cierto, lo estoy intentando. Estoy intentando seguir adelante. Pero que lo esté intentando no significa que vaya a lograrlo. Y duele, intentarlo duele. ¿Ser fuerte? A veces creo que no quiero. A veces creo que sería más fácil hundirme en aquella oscuridad qué, irónicamente, me ha mantenido a flote todo este tiempo atrás. Y sé que sería mil veces más sencillo que intentar permanecer en la superficie. Porque dicen que después de la tormenta llega el sol. ¿Pero y si yo no quiero ver ese maldito sol? ¿Y si quiero que esa tormenta sea eterna? A veces pienso que eso es lo que quiero. Pero es que ya no sé ni que es lo que quiero.  Y sé que está mal, que no debería rendirme a ratos y después continuar. Pero lo estoy intentando, y es muy complicado. Cuesta tomar decisiones. ¿Mantenerme a flote o hundirme? ¿Intentarlo o dejarlo? Y estoy harta de que todo el peso caiga sobre mi cuándo tomo la decisión equivocada. Porque mis decisiones nunca son acertadas. Y la gente no lo ve, pero estoy cansada. Cansada de sonreír, de luchar, de intentarlo. Estoy cansada de ser yo la jodida culpable de todo. Porque miré hacia atrás y me di cuenta de que la única culpable era yo. De que todo fue por mi culpa. Y estoy harta de seguir intentándolo sabiendo que tengo que arrastrar todo ese peso sobre mi espalda. Y es difícil no pensar en ese pozo sin fondo como lo que ha sido para mi todos estos meses, mi refugio y el único lugar al que huir. Es complicado sonreír con los ojos cuando siento tanto odio hacia mi misma. Y sé que no debería abandonarme a las lágrimas, a la rabia, al dolor. Pero es inevitable. Me quedo ausente, como si no estuviera ahí. Y realmente quiero pensar que no estoy, quiero olvidar que existo. Y es que en ocasiones, me despisto y muestro como realmente estoy por dentro. Muestro cuán difícil es esto. Cuán difícil es mantenerme en la superficie. Porque esa parte de mi, esa que me empuja a la oscuridad, se ha hecho tan fuerte que a veces pienso que no quiero intentarlo realmente.





miércoles, 17 de julio de 2013

Primera carta.

Querido (des)conocido:
Sé que no debería estar haciendo esto. Sé que escribirte sólo empeorara las cosas. Sé que me sentiré mal cuando ponga el punto y final de esta carta. Pero necesitaba hacerlo, ya sabes, por los buenos tiempos. Por los recuerdos que me quedan de ti. Puede que la gente no me crea. Pero he mirado hacia atrás, y todo lo que recuerdo junto a ti es bueno. A tu lado todo era más fácil, más sencillo. Sí, sin duda cuándo estaba contigo todo era más sencillo. Cómo si abriera las ventanas de par en par y respirara hondo. Cómo ese aroma tan suave que deja la lluvia en la hierba después de una larga tormenta. Tú hacías que sintiera todo eso, sólo con tu presencia. Ahora todo se ha complicado. Y tu te has alejado. En realidad lo hiciste durante mucho tiempo, pero yo no me di cuenta y, simplemente, deje pasarlo. Te dejé pasar. En parte yo también tengo la culpa y no sabes lo mucho que eso duele. Ahora que no estás me doy cuenta de que... fuiste una persona muy importante para mi. Alguien con quien no tenía que fingir. Con quién podía ser yo misma. Por eso quizás me sentía tan bien a tu lado. Jamás supe si yo te hacía sentir igual. Pero espero que así fuera. Eramos dos personas bastante extrañas. Yo no quería confiar en nadie pero me sentía segura confiando en ti y a ti no te importaba hacer lo que sea con tal de hacerme feliz. Y eso me resultaba extraño, ¿como un chico tan feliz y vivo podía estar cerca de una persona tan fría y consumida como yo? Quizás por eso siempre te quise tanto, porque por más que lo pensará no había un motivo para que estuvieras a mi lado. Me hacías sentir viva. Me hacías reír cuándo no tenía ganas, y contigo sonreía casi sin ser consciente de que lo hacía.
No sabes lo mucho que me duele tener que hablar en pasado. No sabes lo mucho que desearía escribir en presente.
Pero aquí ya no hay nadie como tú. Tan vivo y lleno de alegría. Aquí no hay nadie que me haga sentir viva como sólo tú hacías. Con quién confiar mis secretos más tristes sin ni si quiera darme cuenta de que lo estaba haciendo. Con quién ponerme la cam y hablar durante horas y horas sin cansarme. Aquí no hay nadie que me haga reír con chistes malos o que me haga sonreír con tan solo mirarle a los ojos.
Te quise como a un hermano. Fuiste una de las personas más importantes para mi, alguien en el que apoyarme cuándo me sentía débil. Y a ti nunca te importó, siempre estuviste ahí. Jamás me di cuenta de la gran persona que tuve a mi lado. Si pudiera retroceder en el tiempo, haría lo imposible para que no te hubieras marchado.
Supongo que mi tristeza y mi frialdad te fue consumiendo, supongo que estuve demasiado ausente. Que cuándo estuviste mal yo estaba demasiado ocupada conmigo misma como para ayudarte. Quizás por eso te marchaste y, la verdad,  no te lo echaría en cara.
Al fin y al cabo, sólo quería decirte que te echo de menos. Muchísimo de menos. Fuiste mi mejor amigo, y siempre serás recordado como esa gran persona que estuvo a mi lado. Te quise, te quise desde lo mas hondo, cómo a pocas personas soy capaz de querer. Y si volvieras, lo seguiría haciendo. Aunque espero que no vuelvas, que seas feliz sin mi, no merezco a alguien tan lleno de vida como tú, lo único que conseguiría sería dejarte vacío, tan vacío como yo. Quiero que sepas, que me he dado cuenta de que sin ti me siento incompleta. Insegura, ya sabes, como antes de que tú aparecieras. Que siento que me falta algo. Que la chica de la que huíamos ha vuelto, la chica tan cerrada en si misma y débil, la que sólo finge que es feliz. Y es que, las sonrisas que tu me sacabas ya no me las saca nadie. Que echo en falta esas risas que me provocabas a tu manera. Esa manera, tan única, tan tuya y tan especial. Quiero que sepas que me he dado cuenta de lo mucho que significabas para mi y, ahora que caigo, jamás te lo dije. Pero ahora que te has ido... si volvieras te lo diría mil veces y jamás me cansaría de hacerlo. Quiero que sepas que me he dado cuenta de lo imbécil que fui, que he sido siempre. Que nunca fui capaz de demostrarte todo lo que eras para mi. De agradecerte que me hicieras sonreír día tras día. Y es que, fueron muy pocas veces las que te di un abrazo. Y ahora no dudaría en correr a tus brazos. Y no sabes lo mucho que me duele, porque ahora... cuándo te miro a los ojos ya no queda nada de lo que eras, de lo que yo era para ti, de lo que era junto a ti, de lo que eramos juntos.
Y eso me esta matando poco a poco.



Tenía muchas ganas de hacer esta entrada, pero nunca me animaba. Estoy intentando salir un poco de la rutina, de lo que siempre escribía. Ah, y no sé si continuare el "¿Es real?", aunque lo intentaré ya que varios de vosotros me lo habéis pedido. Aunque yo os pido que tengáis un poco de paciencia porque para eso tengo que estar bastante inspirada e imaginativa. Un beso enorme y gracias por leerme.


sábado, 13 de julio de 2013

¿Es real?


Acerqué mis labios a la taza de café y le di un sorbo a mi descafeinado mientras suspiraba al sentir que me quemaba los labios. Estaba sentada en la barra, en uno de esos bares típicos en la zona. Con sus guitarras eléctricas y sus fotos de bajistas en las paredes. Me gustaba aquel lugar. Un lugar perfecto a donde huir o donde esconderte. Y a esa hora no había mucha gente por ahí. Oí como la puerta se abrió. No me giré, estaba pensando en todo lo que estaba sucediendo. En lo que me estaba sucediendo. O mejor dicho, en quién me estaba sucediendo. Porque todo esto era por él. Porque estos sentimientos...
Corté el hilo de mis pensamientos en cuanto noté su presencia al lado de mi, en el taburete continuo. Respiré profundamente y me giré decidida a plantarle cara.
- ¿Qué quieres ahora? ¿Me estás siguiendo o qué?
El chico me sonrió travieso, esa sonrisa torcida, tan suya y tan perfecta. Esa sonrisa que me estaba trastornando poco a poco.
- Es que... ¿sabes? - susurró con la sonrisa en los labios y acercando su rostro al mío -. No me lo creo.
- ¿Él qué no te crees ahora? - dije, con los ojos en blanco.
- Que no me quieras.
Volví la cabeza al café y suspiré por enésima vez.
- El mundo no gira a tu alrededor ¿sabes? No eres el ombligo del mundo, y quizás creas que tienes a todas las tías detrás de ti babeando pero yo no soy una de esas.
- Ah, ¿no? - sonrió irónicamente.
- No - sentencié e hice ademán de levantarme y acabar con esa conversación-.
Él me agarró del brazo cuándo estaba bajándome del taburete, así que me resigne y me volví acomodar con la única intención de terminar el descafeinado. No iba a seguir aquel juego de imbéciles.
- ¿Pero por qué no me quieres?
Podía sentir sus ojos a través de la cortina de pelo que había puesto entre nosotros cuándo me había vuelto a sentar. Me giré, dispuesta a poner fin a la conversación y a soltar todo lo que tenía que haberle dicho desde el primer momento.
- Porque yo no creo en el amor. Es una simple ilusión. Me niego a pensar que todo mi mundo depende de una persona con sólo mirarle a los ojos, porque eso significaría que mi mundo se rompería cuándo esa persona se largara de mi vida. Y lo haría. Toda esta mierda no es como en las películas, donde el chico siempre vuelve a la chica, o viceversa. Aquí, en la vida real, las personas te marcan y después, se largan. Sin volver la vista atrás. Y de todas formas, yo no quiero vivir un amor de pelicul...
No pude terminar la frase porque él me estaba besando. Sí. Me besó. Así de simple. Me calló con un beso. Era un beso dulce. No supe como reaccionar. ¿Lo empujaba para atrás? No, no podía hacer eso. ¿Por qué no? Era tan simple cómo.... echarme yo hacia atrás. Pero es que... ¿no quería? No, no quería que ese beso terminase. Dios, me iba a volver loca. Yo no era así. Nadie había derrumbado tan fácilmente todos los muros que ponía.
Se separó de mi, y me miró a tan solo unos escasos centímetros de mi.
- Ahora, dime que no has sentido nada. Dime que, si has sentido algo estás completamente segura de que ha sido una ilusión. Dime que esto que siento yo - bajó la vista y se dio un golpe con el dedo índice en el pecho- y lo que sientes tú - dijo, levantando la vista y mirándome de nuevo- no es real. Y te juro por Dios que me largaré de aquí, que jamás me volverás a ver, que me olvidaré. Que me iré sin mirar hacia atrás.
Contuve el aliento. No podía decirle eso. Joder, si incluso con esa sonrisa torcida tan perfecta suya ya me podía haber rendido a sus pies hace mucho tiempo. Inspiré hondo y susurré:
- No puedes venir aquí y romper mis esquemas de esta forma.
Se echó hacia atrás, desconcertado. Y entonces, supe que me había vuelto loca porqué deseé que volviera a estar tan cerca de mi cómo hacía unos segundos.
Levantó una mano y se la pasó por el pelo con cierto aire dubitativo.
- Eso es bueno ¿no?
Reí. ¿Cómo era posible que aquel chico hiciera que dejara de huir de ese sentimiento del que siempre he estado huyendo?
- Sí. Eso creo.- sonreí.


Me apetecía escribir algo distinto a lo de siempre, o al final me acabaré consumiendo en mi propias palabras que, por cierto, siempre acaban hablando de lo mismo (si os soy sincera no sé como lograís soportarme después de tanto tiempo).
No sé si seguir escribiendo sobre estos dos desconocidos. El fragmento se me ocurrió el otro día mientras viajaba en el coche. Si os ha gustado y quereís saber que ocurrirá con esta chica y este chico hacedmelo saber con un comentario.
Un beso, y mil gracias por leerme.

jueves, 11 de julio de 2013

Quizás me lo merezca.

Es verdad que prometí seguir hacia adelante. Por mi. Porque no puedo quedarme aquí, en el fondo del pozo mientras observo como mi vida pasa sin querer hacer nada. Pero, no estoy bien. No me siento bien. Y es ahora cuándo más necesito -aunque esto me cueste mucho decirlo- a alguien a mi lado. Es ahora cuándo más necesito un abrazo, un hombro en el que poder llorar. Ahora es cuando necesito gritar realmente. Y sigo sin poder hacerlo. Siento... que durante todos estos meses he estado dentro de mi propio mundo. Sola. En un lugar inalcanzable para todos. Donde nadie me podía hacer daño. Me aislé, y durante cierto tiempo fue bien. Pero, al final, la única persona que estaba ahí me hizo daño. Yo misma me hice daño. Y es ahora, cuándo me he propuesto salir, cuándo he prometido luchar, nadar contra la corriente hasta alcanzar la superficie y librarme de esta sensación de ahogo... es ahora cuándo me he dado cuenta de que me he alejado en mi propia burbuja de aire. Y es ahora cuándo yo misma he decidido explotarla, pero no sabía que al hacerlo todos esos sentimientos que había estado evitando durante todo este tiempo volverían a mi. Y de la peor manera. Antes no sentía nada, porque yo no quería sentir nada. Sólo me engañaba. Pero ahora me he expuesto a esos sentimientos, a esos sentimientos de los que huía. Me he expuesto al dolor, a la ira, al sufrimiento, a la felicidad, a la esperanza, a la melancolía, a la tristeza, a la añoranza. Y todo eso me ha golpeado tan fuerte cuándo he decidido romper mi propio armazón... Que he sentido que agonizaba y a la vez he sentido rabia. He sentido felicidad por ser capaz de volver al mundo real pero me he sentido fatal por abandonar aquel lugar tan mío en el que nadie podía hacerme daño. Siendo yo la única excepción. Ha sido una explosión de emociones, cómo si hubiera despertado de un largo letargo en el que era inalcanzable para todos. Cómo si me hubiese expuesto en plena tormenta.
Y creo que jamás me había sentido tan rota. Creo que jamás había llorado durante tanto tiempo encerrada en el baño, luchando contra mi misma. Porque sentí que me rompía en miles de pedazos. Me sentí como una completa imbécil, una egocéntrica que sólo piensa en sí misma. Me sentí egoísta porque sentía rabia de que nadie estuviera a mi lado cuándo más lo necesitaba ¿pero en qué momento estuve yo al lado de los demás cuándo me necesitaron? Nunca estuve al lado de nadie, porque quise creer que no necesitaría a nadie y que ellos sólo me harían daño. Pero me he equivocado, los necesito, necesito a una puta persona que me diga que todo estará bien y aquí no hay nadie. Pero no puedo reprochárselo a nadie, porque yo soy la única culpable. Y me lo merezco. Me olvidé de todos, me alejé de todos, pensando que eso era lo mejor para mi, y los demás aprendieron a vivir sin mi, a dejar de necesitarme. Jamás había sentido tanta rabia, jamás me había sentido tan asqueada por mi misma. Siento que todo es por mi culpa. Que todos se han alejado, y todo lo que ha sucedido ha sido por mi culpa. Porque tomé decisiones pensando sólo en mi y sin querer hacerme responsable de las consecuencias. Y es ahora cuando las estoy viviendo. Quise hacerme la chica fuerte, la chica que carece de corazón, pero, en realidad, yo si tengo corazón y pasado demasiado tiempo fingiendo ser alguien que no era. Quizás no tenga sentido continuar si no tengo a nadie a mi lado. Y, en el fondo, sé que me lo merezco. Que me porté como una imbécil cuándo todos querían ayudarme y ahora no puedo reprocharle nada a nadie. Y entre lágrimas y ahogos, siento como un agujero negro se abre paso en mi pecho, tragándose todo lo que hay en mi y cómo el nudo de la garganta aprieta con más fuerza. Siento que en mi intento de alejarme de todos, todos se alejaron de mi. Y ahora son ellos los inalcanzables y yo soy la única culpable. Y me odio, odio todo esto, odio todo lo que ha ocurrido. Porque podría haberlo evitado, estaba a tiempo de haberlo evitado, pero en ese momento sólo pensaba en mi misma y, ahora, ya no puedo hacer nada para cambiar todo esto, a pesar de lo mucho que me arrepiento.



martes, 9 de julio de 2013

Ahora sólo me queda seguir.

Me he dado cuenta de que me estaba metiendo en un lugar del que difícilmente iba a poder salir. Y puede que ya me hubiese adentrado demasiado. Pero aún así quiero salir, y voy a salir. Quizás ya no volveré a ser la misma de antes. Nadie más que yo sabrá lo que me ha ocurrido, y jamás nadie lo sabrá. Porque soy incapaz de contar lo que me ocurrió. Aunque realmente, ni yo misma lo comprendí. Sólo sé que, ahora, tengo cicatrices con historias que nadie sabrá nunca y que yo no contaré jamás. Ahora soy más fuerte. Y me he dado cuenta de donde estaban mis errores, después de recorrer mil veces el mismo camino en el que me había quedado atrapada.
Me había acostumbrado a la oscuridad. A la incertidumbre. Al desconcierto. Me había rendido ante la desesperación de que jamás iba a salir de esto. Y no puedo engañaros, ya no quiero engañaros. Aún no sé si podré salir de esto, y aquella sensación de ahogo sigue en mi pecho. Todavía no sé si realmente quiero ver la luz, si quiero salir de esta oscuridad. 
Y quizás, como ya he dicho antes, no volveré a ser la misma. Porque ahora sé que existen dos partes dentro de mi, la una completamente diferente a la otra, pero que a la vez se complementan. Mi oscuridad no podría existir sin mi luz. Y sé que ahora estoy de lado de mis demonios. Aunque quién sabe, quizás algún día pueda alejarme de ellos. Sé que jamás me desharé del monstruo que llevo dentro, porque ahora está invitado a entrar cuándo quiera. Pero intentaré controlarlo con más frecuencia. 
Sé que la gente se ha alejado de mi mientras yo intentaba alejarme de todos. Y sé que habrá personas irreconocibles, o personas que ya no me reconozcan. Y lo siento. Lo siento porque soy una completa imbécil. Porque eran personas que habían permanecido a mi lado en todo momento. Pero cuándo escogí este camino, era consciente de que escogía perderles. Y lo siento. Realmente, lo siento.
Sé que he perdido aquel equilibrio perfecto. Que me perdí a mi misma y me quedé en blanco, que no supe como continuar. Sé que cometí errores, uno tras otro. Que hace varios meses que no sé quién soy. Que he hecho cosas de las que, sinceramente, me arrepiento. Que me he desahogado haciéndome daño a mi misma. Y en momentos he dicho y actuado sin querer hacerme responsable de las consecuencias. Pero ya no puedo cambiar lo que he hecho, ni voy a intentar hacerlo. Sólo voy a intentar continuar hacia adelante, porque ahora eso es lo único que me queda. 




domingo, 7 de julio de 2013

Te quiero.

Y es que, tú eres el único que ha traspasado todos mis muros, que ha llegado a conocerme realmente. Una de las personas más importantes, por no decir él más importante. El único capaz de sacarme una sonrisa cuándo mis emociones están colapsando y a punto de estallar. Tú eres él único que sabe a ciencia cierta como abrazarme para hacerme sentir bien, él que sin darse cuenta, elige las palabras correctas para permitirme respirar al menos durante unos segundos. Porque no quiero que nadie más me abrace si no eres tú. Eres él único que se atreve a tenderme una mano y sacarme de este pozo, o al menos, ayudarme a llegar arriba y ver el sol. Porque si es contigo si quiero ver la luz. Porque... si me aferro a tu sonrisa saco fuerzas de donde antes creía que ya no tenía. Y me obligo a seguir, a continuar... por ti. Sólo por ti. Porque por las noches, tu eres el único al que puedo abrazar. Y es entonces, sólo entonces, cuándo siento que puedo volver a ser feliz. Que aún hay esperanza. Que a pesar de todas las sombras, de toda la oscuridad, si te abrazo, puedo hallar la luz. Que puedo salir de ésta. Que la salida no es tan inalcanzable. Y entonces, siento como me aprietas la mano, asegurándote de que aún estoy contigo, cómo si te fuera imposible seguir sin mi. ¿Y sabes? Quizás seas tú por quién aún sigo aquí. Por quién, sin darme cuenta, me obligaba a seguir. Porque me necesitas, y te necesito. Porque tu eres el único que me ayuda a conciliar el sueño. De tu mano, sé que jamás podré rendirme. Porque, sé que tu 'te quiero' es el más sincero del mundo, y por eso, haría cualquier cosa para mantener tu sonrisa. Mataría y moriría mil veces si fuera por ti. Por eso seguiré luchando, porque no quiero fallarte más de lo que ya me he fallado a mi. Y porque, pequeñajo, yo también te quiero.


jueves, 4 de julio de 2013

Ya no sé que me ocurre.

Sólo quiero que esto pare. Me siento tan vacía que duele. Y estoy cansada. Pero no es el típico cansancio. Estoy cansada de seguir. De continuar. Y aunque me obligue a avanzar... no quiero hacerlo. Porque tengo que admitirlo, me he rendido. Pero es que el dolor es insoportable. Y ya no puedo. No puedo hacer nada más. No dejo de luchar contra aquel monstruo que vive dentro de mi. Pero sé que en cualquier momento me negaré a seguir intentándolo. Dejaré de luchar. Y es que, me he dado cuenta de que cada vez que me caía y creía que me levantaba, en realidad, jamás me volvía a levantar. Sólo me hundía. Cada vez más. Y es ahora, cuándo miro hacia arriba y veo que mi única salida en este pozo sin fondo es aquel agujero por el que apenas entran rayos de luz. Simplemente... sé que la salida está ahí, pero sé que es inalcanzable y que no tengo fuerzas para intentar llegar a ella. Ahora puedo ver como la gente se asoma y me mira desde arriba. Se han dado cuenta de que estoy atrapada y no saben cómo ayudarme. Y lo que mas me jode es que no me importa. No me importa si jamás vuelvo a ver brillar el sol. Y eso me hace sentir peor conmigo misma. Pensé que era más fuerte que esto, pensé que jamás me rendiría, pero lo he hecho. Ahora, cada vez que salgo y veo que el sol brillar echo de menos el frío y la lluvia. Ahora, cada vez que mi pecho palpita duele tanto que desearía que no lo hiciera. Estoy harta de llorar sin motivos. De estallar a solas en mi habitación y sentir que puedo morir en ese mismo instante y no me importaría. De querer gritar y no poder. De sentir como si un agujero negro se estuviera abriendo dentro de mi pecho. Y, en realidad, os he mentido. En ocasiones, no me esfuerzo en poner resistencia a aquel monstruo. A entrado y salido tantas veces a su antojo que ya no sé distinguir cuando es él o cuándo soy yo quién está actuando. ¿Y sabes qué? Que no me importa. Nada de eso me importa. Y no lo entiendo. No entiendo que me está ocurriendo. Sólo pido que este vacío y este dolor cesen. Pero nadie puede ayudarme. Porque nadie sabe cómo ayudarme. Ni si quiera yo y estoy cansada de intentarlo.



lunes, 1 de julio de 2013

No necesitas agua para sentir que te estás ahogando.

Allí estoy, retrocediendo mientras observo mis pisadas. Marcadas a fuego en el camino. Evitando que jamás sean borradas. 
Ahí están representadas todas mis decisiones, las buenas y las malas. Pero realmente, no sé distinguirlas.
Y necesito hacerlo. Porque me estoy ahogando, me estoy rompiendo. Quizás me esté volviendo paranoica. No lo sé. Ahora, cuando cierro los ojos mi realidad se convierte en una pesadilla constante. Y cuando los abro, me doy cuenta de que sigo viviéndola. Y es que nadie me dijo que una herida antes de sanar, sangra. Me duele. Me duele todo lo que esta ocurriéndome. Me duele ser así. Me siento extraña conmigo misma. Como si me mantuviese vacía. Vacía de emociones. Como si me hubiese ahogado hace siglos, pero aún así continuara flotando en la superficie. Una parte de mi me dice que no vale la pena continuar, pero aún así me obligo a hacerlo. Y estoy cansada. Siento que he muerto emocionalmente, pero que sigo viva físicamente. Sólo quiero saber en qué me equivoqué, cuándo me equivoqué. Sé que cualquiera puede ahogarse. A veces lo ves. Otras muchas no, porque el cuerpo protege y la piel esconde. Así que te ahogas sin que lo parezca.
Pero, a veces siento que no puedo respirar. Que realmente me estoy ahogando. Y cuando intento coger aire, respirar hondo, y avanzar, lo único que me encuentro es con una gran cantidad de agua en mis pulmones... que me ahoga. Y me ahoga. Continuamente. Y en ocasiones sólo quisiera gritar. Pero siento que estoy bajo el agua y que soy incapaz de moverme. Entonces, lo único que me rodea es un silencio torturador. Y lo único que siento son lágrimas surcando mi rostro. Lágrimas saladas como el agua del mar, agua que me está ahogando. O que ya lo ha hecho. En realidad, no lo sé. Nunca lo sé.