viernes, 30 de agosto de 2013

Ya no puede.

Está rota. Y no quiere que nadie se dé cuenta. Cuándo le sonríes finge que todo esta bien. Aprieta los labios, formando una delgada línea, frunce el entrecejo y mira hacía el vacío. Se pierde entre sus pensamientos. Cómo si estuviera manteniendo una conversación en su interior, cómo si estuviera librando una de sus batallas interiores. Después, entreabre los labios y da la sensación de que quiere decir algo. Pero en el último momento retrocede y sus labios vuelven a contraerse. Aunque, en esta ocasión sus ojos son distintos. Piden ayuda. Pero se niega a aceptarla. Se le cristaliza la mirada y pestañea rápidamente para que nadie se percate de que está reprimiendo las lágrimas. Pero la gente sigue sin detenerse en sus ojos, y cuándo miras en ellos te da la sensación de que algo en su interior se está rompiendo. Y realmente lo está haciendo. Algunas personas son capaces de ver el abismo por el que ella esta cayendo constantemente. Pero nadie se atreve a ayudarla. Duele demasiado sólo con mirarla. Y ella no pide ayuda porque piensa que no la necesita.
Aunque, esta vez es distinto. Esta vez es demasiado débil. Y está asustada, porque nunca fue tan frágil y vulnerable. Tiene miedo. Y por primera vez, no es capaz de retener las lágrimas. Porque está cansada. Está cansada de fingir. Y esta cabreada consigo misma. Porque esta vez sus conversaciones interiores ya no son iguales, esta vez sus batallas no las gana ella. Esta vez sus demonios son más fuertes. Y tiene miedo. Porque no sabe cuales son las consecuencias de las decisiones que esta tomando. Y esta vez, esta vez no es capaz de engañar a nadie. Esta vez necesita ayuda realmente. Pero nadie es capaz de ofrecérsela y ella no es capaz de pedirla. Se está consumiendo. Esta vez ella misma se está rindiendo. Quiere que el mundo se detenga. Que alguien derrumbe los muros que un día interpuso para evitar que nadie la viera como realmente era. Aunque sólo sea una milésima de segundo, necesita detener todo esto. Todo lo que está sintiendo. Pero eso nunca ocurre. Y sus silencios son los gritos más fuertes. Está cansada de perderse continuamente. Esta cansada porque sabe que esta vez va a ser realmente difícil volver a ser quién era. Porque todo lo que le hacía ser ella ha desaparecido de repente sin motivo alguno. Porque ha dejado de luchar contra sus demonios y ahora está del lado de ellos. Y esta esperando que alguien la traiga de vuelta. Demasiado orgullosa para admitir que ya no puede hacerlo por sí sola. Y esta asustada, porque no quiere dejar que nadie le ayude aunque sabe que esta vez no puede contra ella misma.

lunes, 26 de agosto de 2013

Mar.

Intenté concentrarme en no pensar en nada. Es difícil cuándo has perdido el control de tus propios pensamientos. Respiré hondo y el olor a sal me rasgó la garganta. Abrí los ojos, lo único que llegaba a ver era el horizonte. El mar confundiéndose con el cielo crepuscular. Deslicé mi mano sobre el agua, las pequeñas olas chocaban contra ella. Intenté ponerme en pie sin tambalearme y me deslicé hasta un lado, doblé las rodillas, cogí impulso y me lancé al agua. Durante unos segundos la sensación de vacío se hizo constante, pero no dolía. Sentía que podía seguir bajando por la fuerza de la caída, y jamás tocaría fondo. Porque estaba demasiado profundo. Fue como si en a penas unos segundos todo hubiera desaparecido, como si en ese instante yo hubiera desaparecido. Y eso era lo que más quería. Pero a mi pesar, no me podía quedar allí sin más, necesitaba respirar. Levante los brazos y me impulsé con ellos en el agua. En el mar. Respiré hondo cuándo llegué a la superficie y miré a mi alrededor. Nadar a mar abierto es una de las mejores sensaciones que existen en esta vida. Sólo eres tu, rodeada de agua. Lejos de la orilla más cercana. Lejos de los problemas que te rodeaban en la tierra. Intenté no pensar en nada. Respiré hondo otra vez... y me zambullí en el agua. Desaparecí, arrastrada por la oscuridad del agua.





miércoles, 21 de agosto de 2013

Frío.

Las paredes del color verde desgastado del aseo me acorralan. Respiro hondo y cierro los ojos. Oigo el grifo de mi derecha gotear silenciosamente. Abro los ojos. La luz que entra por la ventana disminuye. Me apoyo sobre el lavabo. Miro al espejo e intento encontrar sentido a lo que veo. Tengo la cara húmeda, pálida. Los labios resecos. El pelo castaño me cae descontrolado por los lados. Las ojeras contrastan en mi cara y reflejan todos mis miedos.
Me siento vacía por dentro. Asustada. Siento como si por el mínimo detalle me fuera a romper. Y nadie me podrá ayudar.
 La chica que antes era desapareció.
Me tapo la cara antes de ver como las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Doy un traspié y caigo al suelo, frío, casi sin sentirlo. Dejo que las lágrimas se deslicen por mi cara hasta que el timbre suena. Salgo fuera como si no hubiese pasado nada.  Ni si quiera recuerdo que la profesora me espera en clase para saber si estoy mejor. El pasillo se llena de gente. Mochilas pesadas, caras cansadas. Deseosas de llegar a sus casas. Siento claustrofobia entre tanta gente. Porque a pesar de todo, me siento sola. Como si fuera la única persona del mundo. Como si acabase de aterrizar de un mundo lejano. Como si fuera una desconocida, una extraña. Salgo fuera. El viento desordena mi pelo. Y el frío invernal hace que por un momento mi corazón se insensibilice y no pueda sentir dolor. Solo frío. Siento hielo en mis venas. Y mis ojos se llenan de lágrima una vez mas. Pestañeo para evitarlas. Algunas personas me saludan, y yo les devuelvo el saludo. Monótono. Casi sin vida. Nadie nota nada. Nadie me siente nada extraño. Intento hablar de cualquier tontería. Evito el contacto visual, porque sé que si mis ojos se empañan no podré volver a evitar las lágrimas. Dejo atrás a todo el mundo y comienzo a caminar. Camino deprisa. La capucha casi me tapa la mitad de los ojos, y mi pelo, alborotado, no me deja ver mas allá del suelo que tengo debajo. Pero da igual. No necesito ver nada más. Porque en aquel momento las lágrimas corren por mis mejillas descontroladas. Oigo gritos lejanos. Alguien me llama. Pero yo no me giro, sigo andando hasta que son silenciados por el silbido del aire en mis oídos.
El frío glacial se clava en mis mejillas como miles de agujas diminutas. Mis manos se descoloran, pálidas. No siento los dedos. Y los surcos de las lágrimas se secan dejando el recorrido del agua salada por mi cara. El corazón ya no lo siento. Siento un vacío. Un frío que lo remplaza todo.




PD: Esta entrada es de Diciembre, la dejé como un borrador pero la leí hace unos días y he decido publicarla ahora.


domingo, 18 de agosto de 2013

Sin mi.

Quizás solo sea hoy. Quizás haya sido por culpa de esta semana gris. Donde el sol nunca ha aparecido. Pero sé que por muchas excusas que ponga no puedo excusarme de todos estos meses. Porque no ha sido solo hoy, llevo más de un año sin volver a sonreír como antes solía. Y ya lo he olvidado, he olvidado esa sensación de despertarme con ganas de comerme el mundo y no de que sea el mundo quién me coma. De ser feliz. Aquel maldito verano, hace más de un año, me quito todo y no lo he vuelto a recuperar. Y me he acostumbrado tanto al dolor, a la oscuridad, a la falta de felicidad... que ya no sé que era de mi antes de que todo esto se me echara encima. Vivo encerrada. Lejos. La gente me habla pero yo he dejado de escucharles desde hace tiempo. Lo veo todo en gris y negro. Y sinceramente; quiero gritar constantemente, incluso cuándo sonrío. Y ya no puedo sentir el dolor como antes, ahora duele más. Es como si estuviera lejos, y solamente observara en silencio lo que me va ocurriendo. Pero la sensación de no poder hacer nada, de no poder llamar la atención, hacerles saber a todos que no estoy bien... es peor. Y ya no sé como volver. Sin darme cuenta, he quemado todo lo que había de mi antes de aquel verano, y he dado palos de ciego intentando encontrarlo. Pero ya no está. Y yo tampoco. No he vuelto. Me quedé atrapada en aquel momento. Me quedé atrapada. Intenté parar, recuperarme. Lo detuve todo. Y después, creí que podría volver a la vida de siempre y continuar a partir de ese momento.
Pero el problema es ese, que nada se detuvo.
Todo había seguido adelante, pero sin mí.




viernes, 16 de agosto de 2013

Se acabó.


Se retorcía dentro de mi, como el fuego retorcía al papel. Me gritaba que parase, que no arrancase otra hoja más. Pero yo no podía parar. Arranqué otra y la arrojé al fuego. El fuego creció por un instante. Instante en el que ella gritó y un dolor me atravesó. Podía sentir que la chica que escribía aquello se consumía, el mismo fuego la quemaba y la convertía en cenizas en mi interior. Paró de gritar y yo deslicé mi mano por la siguiente hoja. Ella sollozó, se había cansado de implorarme que no lo hiciera. Había malgastado todas sus fuerzas. Leí la primera frase de aquella hoja '15/03/13 Querido diario: Sigo buscando el sentido a mi vida, pero en realidad siento que siempre ha carecido de sentido.' No lloro, porque todo aquello me resulta ajeno. Porque no siento que lo haya escrito yo, y quizás es que nunca lo he escrito. Pero alguien llora en mi interior. Arranco la página sin pensar y la vuelvo a arrojar al fuego. Es la última. La siguiente página está en blanco. En mi interior vuelve a retorcerse alguien. Me duele, esta vez me duele demasiado. Es como si alguien se estuviera quemando, como si me estuviera quemando. Como si algo en mi interior estuviera muriendo, desapareciendo. Y alguien grita, grita mil veces más alto que antes. Pero sólo yo soy capaz de escuchar aquel grito. Miro como la última hoja se quema, retorciéndose y consumiéndose. Aquella ya no soy yo, tenía que hacerlo. Tenía que deshacerme de todo eso. El fuego se apaga y en mi interior llega la calma. Todas las páginas se han convertido en cenizas. Y aquella chica, la chica que las escribía... también lo ha hecho. Me he dicho a mi misma que está bien, que hacer esto era lo correcto. Y cuanto antes lo admita mejor me sentiré. Pero no creo que esta persona, quién soy ahora, pueda volver a sentir de la misma manera que sentía aquella, pueda volver a abrazar o incluso llorar de la misma forma que solía hacer ella. Ahora todo es tan distinto. Cierro los ojos. Me duele el pecho, cómo si alguien me hubiera roto las costillas y el esternón y me estuviera retorciendo el corazón. Sonrío irónicamente, cansada. Quizás es mi otra yo castigándome una última vez.
Cuándo el dolor se alivia, (porque no creo que alguna vez desaparezca) abro los ojos.
Quizás era mejor así, quizás no. Pero ya no puedo volver hacia atrás.




jueves, 15 de agosto de 2013

No puedo, no quiero.

Cierro los ojos y aparto el móvil. Quizás tenga razón, quizás sea el miedo. El qué ocurrirá después, cuándo ya no pueda hacer nada para retroceder. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Tengo miedo porque no sé que sería de mi sin ti. Sin ti. Me resulta inimaginable. Pero es que ya no estás ahí. Ya no te puedo buscar porque no te dejas encontrar. Y realmente, me cansé de buscarte siempre. Porque cuándo miro hacia atrás me doy cuenta de que a veces no estuviste, de que costaba demasiado que me ofrecieras la mano. Sólo lo hacías en el último segundo, cuándo yo estaba apunto de resbalarme y gritaba. Pero a pesar de eso, no puedo olvidar todo así sin más. Es demasiado doloroso. He pasado tantas cosas contigo que no puedo pensar en una vida sin ti. Alejarme totalmente de ti sería... como lanzarme al vacío, y esta vez no gritaría, esta vez tu no estarías ahí para agarrarme. Y tengo miedo a la caída. Al cambio que supondría. A lo que me esperaría ahí abajo. Lejos de ti. Pero lo único que hago manteniendote a mi lado es consumirme. Apartándome de todos solo porque tú te has apartado de mi. Y quizás tenga razón. Quizás me siga aferrando a algo que ya pasó. Mirando el ayer con los ojos del hoy. Quizás hayas cambiado tú. Quizás lo haya echo yo. Pero la cuestión es que esto ya no es lo mismo. Ya no me siento igual estando a tu lado. Siento que me faltas, que no estás aunque estés frente a mi, y eso me esta matando. Sin ti, me siento tan sola. Tan jodidamente sola. Y quiero arreglarlo. Porque merezco una segunda oportunidad. La mereces. La merecemos. No puedo vivir eternamente aferrándome al recuerdo, intentando mantenerte a mi lado aunque duela demasiado, y sin ayuda de tu parte. Recordando como todo solía ser antes. Y quiero hacer frente a todo esto. Ayudarnos y que todo vuelva a ser como era. Aunque no sé si pueda. Porque... ¿de qué sirve el pasado si no puedes mantenerlo vivo en el presente?



lunes, 12 de agosto de 2013

¿Qué importa?

Me duele el pecho y no entiendo el por qué. Tampoco necesito buscarlo porque ya no quiero encontrarlo. Me he cansado. Ya no sé lo que significan mis actos. No se a donde voy ni a donde quiero ir. Tampoco sé que veré si vuelvo a mirar hacia atrás. Y por eso, tengo miedo de regresar. Así que no lo haré, seguiré avanzando, todo lo que podía salir mal ha salido mal y sé que he tocado fondo. Así que sé que ahí fuera no me espera nada peor. O quizás si pero ¿a quién coño le importa? Siento que alguien intenta romperme el pecho con el puño y arrancarme el corazón. Tampoco me importaría demasiado que alguien hiciera tal cosa. Quizás incluso lo agradecería. Me siento mal conmigo misma, y ya no quiero ni imaginarme cual es el motivo, porque se esconde ahí, tras este odio hacia todo lo que toco. Y es que, todo lo que toco se rompe. Y estoy harta de ver cómo nada funciona conmigo. Es verdad, estoy hecha pedazos. Aunque con eso tampoco quería decir que haré algo para recogerlos. Porque no lo haré. Esos pedazos jamás volverán a encajar. Y no es que me vaya alterar, soy como un coche viejo que jamás volverá a funcionar. Soy consciente de ello. Algunas cosas se resuelven con el tiempo. A lo mejor ese coche, a lo largo del tiempo, será remplazado por otro. ¿Y qué más da que no vuelva a ser igual? Al menos funcionará. Quizás eso es lo que deba hacer yo, esperar. Respirar. Dejar de pensar. Quedarme quieta hasta que las cosas se resuelvan solas, y si no lo hacen, ¿qué importa?


domingo, 11 de agosto de 2013

¿Cómo pude estar tan ciega?

En cierto modo, lo añoro. Añoro todo lo que un día tuve y no supe valorar. Por más que lo intento evitar es obvio que lo tuve todo y seguí pensando que no tenía nada. Seguí creyendo que estaba sola cuándo en realidad todos estaban intentando ayudarme. Seguí creyendo que el día seguía gris cuándo era un sol resplandeciente el que me dejaba deslumbrada. Seguí llorando en aquel pozo sin fondo cuándo en realidad podía respirar aire puro, aire libre. Lo vi todo negro cuándo sólo era cuestión de ver los motivos de luz. Y seguí, seguí hasta que todo empeoró. Aunque para mi nada cambió, porque ni si quiera me di cuenta del cambio. Pero en realidad todos se cansaron de intentar ayudarme en vano y se marcharon. El sol se escondió, esta vez, entre nubes reales. El aire me ahogó y volví a respirar aquel hedor que se palpaba en aquel túnel. Las luces se fueron apagando hasta que todo se volvió negro. Y yo seguí en mi propio mundo, inmune a todos excepto a mi misma. Porque crees que si te alejas de todos nadie puede hacerte daño. Pero eso es mentira. Y ahora vi las huellas de los que se marcharon, vislumbré los rayos del sol desapareciendo entre las nubes. Ahora me levanté y con muchas dificultades pude respirar aquel aire que ya no estaba a mi alcance, ahora vi el rastro que dejó la luz en la noche negra y me pregunto por qué. ¿Por qué estuve tan ciega? ¿Por qué me creí tan vacía cuándo en realidad lo tenía todo? ¿Por qué no supe valorar lo que me rodeaba? ¿Por qué no noté el cambio? ¿Por qué todo cambió? Las personas cambiaron, ahora son inalcanzables, lejanas. Las nubes cambiaron su tono gris por uno más oscuro y aquel pozo sin fondo se convirtió en un túnel oscuro que te hace creer que eres capaz de salir pero, en realidad, seguía siendo igual de imposible. Hasta yo cambié. Dejé de preferir el mar y preferí la montaña. Me sentí más segura abrazándome al frío que respirando hondo al contacto del sol en la cara. Cambié y cambié sin darme cuenta hasta convertirme en una persona que a penas conozco. Y ahora todo me resulta ajeno, como si en ningún momento me hubiera pertenecido nada de aquello. Y sólo puedo arrepentirme, quedarme quieta y pensar, consumida, porque por más que quiera retroceder no puedo. Sólo puedo recordar el pasado, todo lo que, en realidad, un día fue mío y he perdido.


Siento todo este embrollo de palabras, cuándo he terminado de escribirlo ni si quiera yo les encontraba significado.

martes, 6 de agosto de 2013

Convertida en mi propia pesadilla.

¿Sabes? Ya no siento nada. Ahora, cuándo me veo reflejada en tus ojos no siento nada. No siento el dolor que antes me producía hacer tal cosa. Ya no siento la necesidad de mirarte a los ojos e intentar, en vano, encontrar sentido a tus actos. Qué ingenua. Me sumergía en el negro de tus ojos creyendo que sería capaz de ver más allá, de ver en ti un rastro de humanidad. De humildad. Pero, al final, me hundía en aquella profundidad tan infinita, y cuándo intentaba salir me ahogaba. Recuerdo perfectamente la sensación. Era como si tus ojos fueran un agujero negro. Algo que se llevaba todo a su paso y no dejaba rastro de nada. A mi siempre me atrapaba, y yo me dejaba arrastrar. Me di cuenta de que eras demasiado inteligente como para dejarme ver dentro de ti. Y tuve miedo, porque el frío de tu mirada me helaba. Porqué el negro de tus pupilas oscurecían mis sueños convirtiéndolos en pesadillas. Entonces comprendí que jamás habías sido tan estúpida como para dejar que alguien entendiera lo que verdaderamente reflejaba tu mirada. Y me asusté, me cabreé. Porque a lo largo de los años habías puesto tantos muros que era imposible derrumbarlos. Jamás nadie sabría lo que pasaba por tu mente. Jamás nadie entendería como eras tu realmente. Porque tu nunca lo permitirías. Si alguien tuviera que morir dirías 'Mejor tu que yo' y no te importaría quién sería aquel que moriría. Te vi cómo a un monstruo, un ser abominable. Pero, ahora, después de tanto tiempo... creo que te comprendo. Sí. Sólo intentabas protegerte a ti misma, te salvarías a ti antes de salvar a cualquier persona. Esa era tu forma de sobrevivir.
¿Y sabes qué? Al final, aprendí de ti. A pesar de que jamás quise ser como tú. De que siempre te odié. Pero creé mis propios muros imposibles de derrumbar. Convertí mi mirada en algo incomprensible que nadie jamás podría descifrar. Y me aislé de todos creyendo que así nadie podría hacerme daño. Pensé en mi antes que en cualquier persona. Fui un monstruo, exactamente de tu tipo. Y quizás aún sigo siéndolo.
Qué irónico, convertida en mi propia pesadilla.


domingo, 4 de agosto de 2013

Música.

Abro los ojos. La música me invade, viene de todas partes. El collar que se apoya en mi pecho rebota al compás de las palabras, de la melodía. Y cierro los ojos, aunque puedo sentir las luces a través de tus párpados. La gente canta. Tú también lo estás haciendo. Palabra por palabra, ni si quiera hace falta pensar en nada. Sí, eso es lo mejor, que solo siento la canción. Abro los ojos y por una vez no me siento sola rodeada de tanta gente. Por una vez, me siento bien, normal, cómo si perteneciera a ese lugar. Y eso es lo que tiene la música, que une a todas las personas. Que mientras todos cantan no existe ningún mal.
Porque en ese momento no existe nada más. Sólo mi garganta esforzándose en sonar alto, cada vez más. Y mis brazos, levantados al aire meciéndose al compás de los demás. En ese instante no pienso si te volveré a ver, si él se fue por mi culpa, no pienso en aquel vacío. En ese momento el dolor es invisible. En ese instante todo es posible.





Pues nada, que ayer estuve de concierto y me motivé así que... quería hacer la entrada, jajaja.
Un beso gigante.

jueves, 1 de agosto de 2013

Quiero estar junto a ti.

El tiempo transcurre demasiado rápido. Se me escapa entre los dedos incapaz de detenerlo. A penas soy capaz de recordar la última vez que te vi. Y eso me da miedo. Me asusta, y mucho. Porque no soy capaz de recordar tus ojos negros, aquellos por los que mirabas y sentías que eras capaz de caerte dentro. Y tengo miedo porque ya ni si quiera recuerdo el último abrazo. Y no sé cuándo volveré a verte. No sé si podré caer otra vez por el precipicio de tus ojos oscuros, porque créeme que me daba igual la caída o el daño que eéta supondría. Yo sólo quiero tenerte otra vez entre mis brazos. Poder dejar que descanses tu cabeza en mi pecho y no aferrarme a esta inútil foto, intentando sentirte cerca... en vano. Porque ese recuerdo inmortalizado me está matando. Y créeme que las lágrimas que han sido derramadas en tu ausencia pesan más a cada segundo. Porque a veces recuerdo tu risa y me traslado con recuerdos al pasado. Pero no sabes como duele hacerlo. Porque duele. Duele como si te estuvieran arrancando de mis brazos de nuevo, y, créeme, que prefiero sentir que me están arrancando el corazón del pecho antes que sentir eso. Porque los recuerdos son como cuchillas. Y por cada recuerdo son mil lágrimas ahogadas en mi almohada. Miles de gritos y escalofríos. Miles de momentos encerrada en el baño abrazándome las piernas en el suelo frío. Porque siento realmente que me estoy muriendo. Y siento que un agujero negro se abre dentro de mi y se traga todo por lo que un día fui capaz de seguir. Porque siento que me lo están quitando todo. Absolutamente todo. Y es entonces cuándo realmente sé que por mucho que intente arreglarlo... estoy rota, y me faltas tú. Eres esa pieza perdida del puzzle que hará que éste jamás se complete. Y yo jamás podré estar entera sin ti, siempre permaneceré rota. Y créeme, que intento respirar y es cómo si me lo estuviesen impidiendo. Pero a veces ya ni si quiera quiero, no quiero respirar tu ausencia, porque en ese momento es lo único que siento. Y es que me duele. Y no sabes cuánto me duele. Porque lo peor de todo es la incertidumbre, el no saber si te llegaré a ver algún día, si te encontraré o me encontrarás, el no saber si aquel último recuerdo será lo último que me quede de ti. Y realmente, si es así querré morir... porque ya no soy capaz de recordar ese último instante. Y tengo miedo a que ya no tenga nada más a lo que aferrarme.