domingo, 11 de agosto de 2013

¿Cómo pude estar tan ciega?

En cierto modo, lo añoro. Añoro todo lo que un día tuve y no supe valorar. Por más que lo intento evitar es obvio que lo tuve todo y seguí pensando que no tenía nada. Seguí creyendo que estaba sola cuándo en realidad todos estaban intentando ayudarme. Seguí creyendo que el día seguía gris cuándo era un sol resplandeciente el que me dejaba deslumbrada. Seguí llorando en aquel pozo sin fondo cuándo en realidad podía respirar aire puro, aire libre. Lo vi todo negro cuándo sólo era cuestión de ver los motivos de luz. Y seguí, seguí hasta que todo empeoró. Aunque para mi nada cambió, porque ni si quiera me di cuenta del cambio. Pero en realidad todos se cansaron de intentar ayudarme en vano y se marcharon. El sol se escondió, esta vez, entre nubes reales. El aire me ahogó y volví a respirar aquel hedor que se palpaba en aquel túnel. Las luces se fueron apagando hasta que todo se volvió negro. Y yo seguí en mi propio mundo, inmune a todos excepto a mi misma. Porque crees que si te alejas de todos nadie puede hacerte daño. Pero eso es mentira. Y ahora vi las huellas de los que se marcharon, vislumbré los rayos del sol desapareciendo entre las nubes. Ahora me levanté y con muchas dificultades pude respirar aquel aire que ya no estaba a mi alcance, ahora vi el rastro que dejó la luz en la noche negra y me pregunto por qué. ¿Por qué estuve tan ciega? ¿Por qué me creí tan vacía cuándo en realidad lo tenía todo? ¿Por qué no supe valorar lo que me rodeaba? ¿Por qué no noté el cambio? ¿Por qué todo cambió? Las personas cambiaron, ahora son inalcanzables, lejanas. Las nubes cambiaron su tono gris por uno más oscuro y aquel pozo sin fondo se convirtió en un túnel oscuro que te hace creer que eres capaz de salir pero, en realidad, seguía siendo igual de imposible. Hasta yo cambié. Dejé de preferir el mar y preferí la montaña. Me sentí más segura abrazándome al frío que respirando hondo al contacto del sol en la cara. Cambié y cambié sin darme cuenta hasta convertirme en una persona que a penas conozco. Y ahora todo me resulta ajeno, como si en ningún momento me hubiera pertenecido nada de aquello. Y sólo puedo arrepentirme, quedarme quieta y pensar, consumida, porque por más que quiera retroceder no puedo. Sólo puedo recordar el pasado, todo lo que, en realidad, un día fue mío y he perdido.


Siento todo este embrollo de palabras, cuándo he terminado de escribirlo ni si quiera yo les encontraba significado.

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