martes, 6 de agosto de 2013

Convertida en mi propia pesadilla.

¿Sabes? Ya no siento nada. Ahora, cuándo me veo reflejada en tus ojos no siento nada. No siento el dolor que antes me producía hacer tal cosa. Ya no siento la necesidad de mirarte a los ojos e intentar, en vano, encontrar sentido a tus actos. Qué ingenua. Me sumergía en el negro de tus ojos creyendo que sería capaz de ver más allá, de ver en ti un rastro de humanidad. De humildad. Pero, al final, me hundía en aquella profundidad tan infinita, y cuándo intentaba salir me ahogaba. Recuerdo perfectamente la sensación. Era como si tus ojos fueran un agujero negro. Algo que se llevaba todo a su paso y no dejaba rastro de nada. A mi siempre me atrapaba, y yo me dejaba arrastrar. Me di cuenta de que eras demasiado inteligente como para dejarme ver dentro de ti. Y tuve miedo, porque el frío de tu mirada me helaba. Porqué el negro de tus pupilas oscurecían mis sueños convirtiéndolos en pesadillas. Entonces comprendí que jamás habías sido tan estúpida como para dejar que alguien entendiera lo que verdaderamente reflejaba tu mirada. Y me asusté, me cabreé. Porque a lo largo de los años habías puesto tantos muros que era imposible derrumbarlos. Jamás nadie sabría lo que pasaba por tu mente. Jamás nadie entendería como eras tu realmente. Porque tu nunca lo permitirías. Si alguien tuviera que morir dirías 'Mejor tu que yo' y no te importaría quién sería aquel que moriría. Te vi cómo a un monstruo, un ser abominable. Pero, ahora, después de tanto tiempo... creo que te comprendo. Sí. Sólo intentabas protegerte a ti misma, te salvarías a ti antes de salvar a cualquier persona. Esa era tu forma de sobrevivir.
¿Y sabes qué? Al final, aprendí de ti. A pesar de que jamás quise ser como tú. De que siempre te odié. Pero creé mis propios muros imposibles de derrumbar. Convertí mi mirada en algo incomprensible que nadie jamás podría descifrar. Y me aislé de todos creyendo que así nadie podría hacerme daño. Pensé en mi antes que en cualquier persona. Fui un monstruo, exactamente de tu tipo. Y quizás aún sigo siéndolo.
Qué irónico, convertida en mi propia pesadilla.


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