jueves, 15 de agosto de 2013

No puedo, no quiero.

Cierro los ojos y aparto el móvil. Quizás tenga razón, quizás sea el miedo. El qué ocurrirá después, cuándo ya no pueda hacer nada para retroceder. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Tengo miedo porque no sé que sería de mi sin ti. Sin ti. Me resulta inimaginable. Pero es que ya no estás ahí. Ya no te puedo buscar porque no te dejas encontrar. Y realmente, me cansé de buscarte siempre. Porque cuándo miro hacia atrás me doy cuenta de que a veces no estuviste, de que costaba demasiado que me ofrecieras la mano. Sólo lo hacías en el último segundo, cuándo yo estaba apunto de resbalarme y gritaba. Pero a pesar de eso, no puedo olvidar todo así sin más. Es demasiado doloroso. He pasado tantas cosas contigo que no puedo pensar en una vida sin ti. Alejarme totalmente de ti sería... como lanzarme al vacío, y esta vez no gritaría, esta vez tu no estarías ahí para agarrarme. Y tengo miedo a la caída. Al cambio que supondría. A lo que me esperaría ahí abajo. Lejos de ti. Pero lo único que hago manteniendote a mi lado es consumirme. Apartándome de todos solo porque tú te has apartado de mi. Y quizás tenga razón. Quizás me siga aferrando a algo que ya pasó. Mirando el ayer con los ojos del hoy. Quizás hayas cambiado tú. Quizás lo haya echo yo. Pero la cuestión es que esto ya no es lo mismo. Ya no me siento igual estando a tu lado. Siento que me faltas, que no estás aunque estés frente a mi, y eso me esta matando. Sin ti, me siento tan sola. Tan jodidamente sola. Y quiero arreglarlo. Porque merezco una segunda oportunidad. La mereces. La merecemos. No puedo vivir eternamente aferrándome al recuerdo, intentando mantenerte a mi lado aunque duela demasiado, y sin ayuda de tu parte. Recordando como todo solía ser antes. Y quiero hacer frente a todo esto. Ayudarnos y que todo vuelva a ser como era. Aunque no sé si pueda. Porque... ¿de qué sirve el pasado si no puedes mantenerlo vivo en el presente?



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