viernes, 16 de agosto de 2013

Se acabó.


Se retorcía dentro de mi, como el fuego retorcía al papel. Me gritaba que parase, que no arrancase otra hoja más. Pero yo no podía parar. Arranqué otra y la arrojé al fuego. El fuego creció por un instante. Instante en el que ella gritó y un dolor me atravesó. Podía sentir que la chica que escribía aquello se consumía, el mismo fuego la quemaba y la convertía en cenizas en mi interior. Paró de gritar y yo deslicé mi mano por la siguiente hoja. Ella sollozó, se había cansado de implorarme que no lo hiciera. Había malgastado todas sus fuerzas. Leí la primera frase de aquella hoja '15/03/13 Querido diario: Sigo buscando el sentido a mi vida, pero en realidad siento que siempre ha carecido de sentido.' No lloro, porque todo aquello me resulta ajeno. Porque no siento que lo haya escrito yo, y quizás es que nunca lo he escrito. Pero alguien llora en mi interior. Arranco la página sin pensar y la vuelvo a arrojar al fuego. Es la última. La siguiente página está en blanco. En mi interior vuelve a retorcerse alguien. Me duele, esta vez me duele demasiado. Es como si alguien se estuviera quemando, como si me estuviera quemando. Como si algo en mi interior estuviera muriendo, desapareciendo. Y alguien grita, grita mil veces más alto que antes. Pero sólo yo soy capaz de escuchar aquel grito. Miro como la última hoja se quema, retorciéndose y consumiéndose. Aquella ya no soy yo, tenía que hacerlo. Tenía que deshacerme de todo eso. El fuego se apaga y en mi interior llega la calma. Todas las páginas se han convertido en cenizas. Y aquella chica, la chica que las escribía... también lo ha hecho. Me he dicho a mi misma que está bien, que hacer esto era lo correcto. Y cuanto antes lo admita mejor me sentiré. Pero no creo que esta persona, quién soy ahora, pueda volver a sentir de la misma manera que sentía aquella, pueda volver a abrazar o incluso llorar de la misma forma que solía hacer ella. Ahora todo es tan distinto. Cierro los ojos. Me duele el pecho, cómo si alguien me hubiera roto las costillas y el esternón y me estuviera retorciendo el corazón. Sonrío irónicamente, cansada. Quizás es mi otra yo castigándome una última vez.
Cuándo el dolor se alivia, (porque no creo que alguna vez desaparezca) abro los ojos.
Quizás era mejor así, quizás no. Pero ya no puedo volver hacia atrás.




1 comentario:

  1. Esta entrada marca un nuevo comienzo en la vida de aquella chiquilla que describes. Da la impresión de ser un comienzo frío.

    Ha sido impresionante el leer la entrada. Me he sentido como si el fuego estuviera delante de mí y yo fuera ella. Y sentía su dolor y su frustación. Te expresas genial. Un beso.

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