domingo, 22 de septiembre de 2013

Sacadme de aquí, o sacadme de mi.

El problema es que ella era el problema. Y el problema viene cuándo no queremos ver el problema, y ella no quiso verlo durante mucho tiempo. Se pasó las tardes aislada en esas cuatro paredes, repitiéndose a ella misma que eso era lo que quería. Pero jamás quiso aquello. Dejo de aceptar los halagos y se escabullía de entre todos los brazos que la intentaban abrazar en vano. Empezó a pensar que quizás ella no estaba echa para vivir. Se acostumbró a aquel bloqueo interno. A querer llorar pero no encontrar ninguna lágrima. Dejó de confiar en ella misma.  El problema era que no sabía como hablar con la gente sin sentir que le temblaba la voz, y quedarse callada frente a todos nunca resolvía nada. Pero ella prefería aquello. El problema era que se sentía culpable por todo. Incluso sentía que al mínimo movimiento molestaría a alguien. Cuando salía a la calle agachaba la cabeza e intentaba en vano ignorar a todos. Porque tan solo una sonrisa maliciosa, una risa burlona y pensaba que iba dirigida a ella. Que la juzgaban por no ser como ellos. Y es que ella quería ser perfecta, joder. ¿Y qué si la gente pensaba que la perfección no existía? ella sabía que existía y que jamás lo sería. Y eso dolía. No podía dejar de pensar que era diferente. Sentía desprecio a si misma. Se sentía malditamente sola, a pesar de estar rodeada de gente. Se preguntaba constantemente por qué no podía ser cómo los demás. Y lo peor es que sus demonios alimentaban ese miedo, ese horror hacia ella misma. Se sentía vulnerable, indefensa, débil, pequeña. No sabía donde había quedado quién antes era. El problema es que ya no era ella contra el mundo, si no el mundo contra ella. Y aquellos malditos pensamientos la mataban en silencio. No paraba de gritar Sacadme de aquí, o sacadme de mí. 







6 comentarios:

  1. Te ha quedado un texto hermosamente triste y profundo. Comprendo a esa pobre chiquilla asustada. ¿Quién decide lo que es bueno y lo que no? El miedo es algo con lo que debemos aprender a vivir, pero eso no quiere decir que tengamos que dejarle entrar siempre que llame a la puerta.

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    1. Sí, tienes razón respecto a lo del miedo, pero hay veces que no sabemos bloquearle la entrada y aunque no queremos... entra.
      Un beso enorme :).

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  2. Una pequeña idea es suficiente para cambiar si se aferra a ella

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    1. Sí, pero a veces es difícil aferrarse a ella.

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  3. Parece que hables de mi en la entrada.
    Genial.

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    1. Jo, tampoco quiero que os sintáis identificadas con entradas como estás, porque sentirse así día a día es muy duro, lo sé.
      Esperemos que algún día confiemos en nosotras mismas.
      Gracias, nos leemos.

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