viernes, 25 de octubre de 2013

Sus pecas.

A él le gustaba trazar constelaciones con sus pecas. Ver cómo sus ojos se movían sobre sus párpados mientras dormía. Le gustaba observarla cuándo parecía distante, o cuándo se reía dejando echar la cabeza para atrás y su pelo negro le caía por la espalda. Ondulándose y rizándose como él sólo sabía al final de su espalda, como la cascada rompiendo en el agua. Y le gustaba quedarse dormido junto a ella, él siempre a la izquierda y ella siempre a la derecha. Le gustaba rodearla con los brazos y mirar el techo, y sonreír como un jodido infeliz que al final ha encontrado aquello que le ha dado la razón para vivir. Le gustaba despertarse con su pierna por encima, enrollada en su cintura, su brazo sobre el pecho, su cara apoyada en el hombro y su pelo negro cosquilleándole la piel del brazo. Le gustaba cuándo se enfadaba y se negaba a hablar, o lo mucho que odiaba que él imitara la voz chillona que le salía cuándo mentía. Le gustaba mirarse a sus ojos y verse reflejado en ellos. Le gustaba rodearle el cuello con las manos y apoyar los pulgares en sus mejillas rosadas, llenas de constelaciones. Le gustaba verla con el pelo recogido y desordenado, como si intentara darle sentido, como si intentara que su pelo la entendiera. Pero su pelo era libre, tan libre como ella. Se enamoraba cada vez más de ella cuándo aparecía por detrás y le abrazaba por la espalda. O cuando apoyaba las manos en su pecho y la barbilla en el hueco de su cuello. Le gustaba sentirla cerca. Como un aroma del que nunca te consigues desprender. Le gustaba rodearla cuándo por las noches temblaba, llena de sus miedos. Le gustaba secarle las lágrimas que se deslizaban intrépidas queriendo unir esos trazos imaginarios entre sus pecas. Le gustaba poder sentir todo aquello por una persona. Le gustaba que ella le enseñara a sobrevivir cada día, porque ¿cómo no hacerlo con su risa de fondo como melodía? Le gustaba porque sentía que él la protegía (de todo ese miedo que ella escondía en su mirada y que según ella sólo él era capaz de ver) pero, la verdad, es que fue ella quién le protegió a él en todo momento.
La que le dio sentido a su absurda existencia.
¿Y sabéis? Ella decía que odiaba sus pecas y él solo pensaba...
...¡pero cómo odiarlas si con tan solo mirarlas te llevan a otra galaxia!







5 comentarios:

  1. Voy a reventar de amor.
    Es tan... ¿jodidamente precioso? Sí, eso.
    <3

    ResponderEliminar
  2. DIOS. ES. INCREÍBLE. SIN. PALABRAS.

    Tan jodidamente perfecto...

    ResponderEliminar
  3. Es increíble, y tú también, Yis.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé si es muy tarde, pero, ¿te puedo preguntar quién eres? Muy poca gente que me sigue en este blog sabe como me llamo, y parece que tú sí. Aunque supongo que ya no puedo esperar una respuesta.
      La curiosidad me comía por dentro, eso es todo.

      Eliminar
  4. Me encanta :)

    Besitos
    http://corazonesdemazapan.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar