viernes, 22 de noviembre de 2013

Que ya no siento nada.

Es como un constante sabor de boca, de estos amargos. Es como si intentase gritar, cada vez más fuerte y nadie fuera capaz de escucharme. Es como si fuera una colilla consumiéndome en los labios de un desconocido. Siento que me estoy desvaneciendo. Que cada día que pasa soy menos yo. Porque ya no sonrío, ni lloro. No hay más sonrisas verdaderas, ni lágrimas que cubran mis ojos. Simplemente, no siento nada. Y, en ocasiones, existen momentos de profundo dolor. De ese dolor que cala en el pecho, ese con el que no puedes respirar, y quisieras que tu corazón parase de latir para dejar de sentir. Pero son instantes fugaces, después dejo de sentirlo, después vuelvo a no sentir nada. Y sinceramente, no sé que es peor. Sólo sé que me estoy convirtiendo en piedra. Que me estoy congelando poco a poco, lentamente. Que el frío me está llevando consigo como lo hizo el año pasado, y el anterior, y el anterior. Siento que soy demasiado débil para tanto frío. Y no hay nada que me mantenga viva. Siento que ya no existo para nadie. Ni quiero existir para nadie. Que ya no me importa nada. Que ya no siento nada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario