lunes, 4 de noviembre de 2013

Solo tú sabes cómo destruirme.

Deslicé los dedos por la hierba de mi alrededor, rozándolos con las ramas de los árboles más cercanos mientras caminaba. Caminaba agarrada a su mano fría. Siempre fría. Los árboles silbaban y sus copas eran mecidas por el viento. Y las nubes avecinaban tormenta. Tormentas de truenos y rayos. Como a él le gustaban. La verdad es que aún no sé que hacíamos en ese bosque tan espeso. Con tanta maleza de por medio. Se paró en seco en un lugar donde los árboles hacían hueco. Tan escondido que era incapaz de encontrarse, a no ser que supieras cómo. Y él sabía como encontrarlo. A pesar de todos esos árboles que a mi me parecían iguales, él había memorizado cada detalle.
- ¿Qué estamos haciendo aquí? - susurré, más para mi que para él.
- Querías ver quién era realmente. Querías ver detrás de todas mis máscaras.
- Sí. - Aún recuerdo como me acerqué a él por detrás y le susurré que estaba harta de quitarle miles de máscaras y nunca saber quién era él realmente, y como sus fríos labios, y a la vez cálidos, apretaron los míos y susurraron sobre ellos que le siguiera- Pero aún no entiendo que estamos haciendo aquí.
- Es el único lugar en el que puedo ser quien realmente yo. Sin miedo. Sin...
- ¿Sin ninguna máscara?
- Sin ninguna- me aseguró, asintiendo.
Miré a mi alrededor más detalladamente. No se distinguía en casi nada a todo lo demás, pero tenía algo especial. Si respiraba hondo podía sentir cómo la humedad y el aroma a lluvia, entremezclados, se apoderaban de mi. Podía sentir como el frío se colaba entre mis costillas, congelándome poco a poco por dentro. Y podía oír ese silbido espeluznante de los árboles contra el viento.
Él me apretó la mano. Y un escalofrío me recorrió la espalda. 
- ¿Por qué te gusta tanto este lugar?
- Porque nadie puede encontrarlo, cuándo lo intentan sólo ven un montón de árboles verdes, por lo tanto, nadie puede destruirlo.
- A ti nadie puede encontrarte - puntualicé y me quedé mirando la hoja de un árbol hasta que todo cobró sentido-. Ni destruirte - susurré.
Él se quedó callado, a la espera de que siguiera atando los cabos.
- Por eso nunca te muestras como realmente eres. Tienes miedo. Tienes miedo a que la gente pueda llegar a destruirte, ha hacerte daño.
Me abrazó por la espalda y apoyó su barbilla en mi hombro.
- Sí, ya lo has descubierto.
Me apretó más fuerte.
- Y ahora, solo tú sabes cómo destruirme. - susurró en mi oído.



6 comentarios:

  1. Me ha encantado <3

    Besitos !

    http://corazonesdemazapan.blogspot.com.es/

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  2. Demasiado bonito, ¿sabes?
    Y a veces triste, que alguien sepa romperte.
    (Y que tú le des permiso para hacerlo.)

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    1. Sí, porque confiar en la gente supone darle la oportunidad de destruirte.
      Un beso enorme, y gracias.

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  3. Darle a alguien el poder de autodestruírte es una de las cosas más valiosas.

    Un abrazo.

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    1. Es de las cosas más valiosas, sí.
      Un beso gigante.

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