sábado, 21 de diciembre de 2013

Sola.

Hay un pensamiento que me quita el sueño. Y por eso me veo hoy escribiendo, cuando las luces están encendidas y la ciudad calla. Duerme. Cuando la ciudad está silenciada. Cuando no hay nadie por las calles, solo un par de borrachos y algún que otro desconocido. Cuando la oscuridad lo embulle todo como la boca de un lobo. Cuando me da miedo mirar debajo de la cama. Porque están los monstruos, los mismos que discuten en mi mente sin descansar, sin dejar un atisbo de paz. Y mi corazón está tan desnudo como las calles de la ciudad bajo la luz de la luna. Tan vacío. La soledad se hace eco de sus latidos. Por más que lo intente. Por más que me esfuerce. Vaya a donde vaya, diga lo que diga, y haga lo que haga me siento sola. Me siento una extraña. Fuera de lugar. Como un judío en Alemania. Como si no perteneciera a ningún sitio. Como si ningún sitio fuera el mío. Y qué más da la gente que haya, la gente que este a mi lado, sea como sea, me siento sola. Como si no hubiera nadie. Como si nunca lo fuera a haber.


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