miércoles, 11 de diciembre de 2013

Y callo.

Miro, y callo. Escucho, y callo. Abro la boca para decir algo... y callo. Y nadie nota nada. Nadie nota como mi sonrisa se desvanece y los ojos se entristecen. Como me hecho hacia atrás y encojo los hombros como si quisiera protegerme. Como miro a otro lado y lucho contra mis pensamientos. Aquellos que dicen que no importa lo que fuera a decir, que no importo. Que no soy nadie. Que soy inferior a todos ellos. Me muerdo el labio y pestañeo intentando desvanecer las lágrimas que surgen en mis ojos. Me hecho más para atrás y salgo de la conversación sin decir nada, sin que nadie note nada. Me llevo los puños del jersey a las mejillas y borro el rastro de esas lágrimas silenciosas e invisibles. Los observo a todos. Observo como gritan y como sonríen. Como hablan entre ellos, como ríen. Como vuelven a insultarse entre risas, y como suenan sus carcajadas. Los observo y callo. Y miro hacia el suelo mientras dejo que esas voces interiores me pisoteen con fuerza. Y suspiro, y callo, y mis labios sonríen irónicos mientras otra lagrima cae silenciosa y nadie se da cuenta. Y a nadie le importa. Y a nadie le importo.


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