miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz 2015.

Me paso por aquí 19 min antes de fin de año para desearos un 2015 increíble a todos.
Porque os lo merecéis.
Porque todo el mundo se lo merece.

Y bueno, me despido dejando la sorpresita que he estado preparando estas navidades.
Espero que os guste, y ya sabéis...
Sí queréis saber la verdad

(pincha arriba y quédate)

domingo, 28 de diciembre de 2014

Alguien que me acompañase a casa.

Hacía frío. Ese frío que se te cuela por las costillas directo al pecho, y sentía miles de cuchillas clavándose en las mejillas y en mis manos frías. El móvil se me había apagado y era tarde. Muy tarde. Ni si quiera sabía la hora, pero el pueblo estaba desierto y las luces eran amarillentas y las calles sombrías. Tenía que cruzar el pueblo entero hasta llegar a casa. Así que camine rápido. Me crucé con unos chicos que se zarandeaban de un lado a otro y reían, cuando pasé por al lado de ellos escondí la cara en la espesa bufanda, el chico de atrás pasó muy cerca de mi, creo que lo hizo a propósito, y me dijo 'adiós guapa'. Olía a colonia cara. Ni si quiera lo miré, tenía mucho frío y estaba cansada. Solo quería llegar a casa.
Me puse a pensar en lo bonito que sería tener a alguien que me acompañase a casa. No sé. Alguien que me abrazara para que no tuviera frío. Y que me besara tres casas más abajo de la mía, y sonriera, y me acariciase la mejilla, y me volviera a besar porque sería lo único que le gustaría hacer durante toda la noche. Y que entrecruzara sus manos cálidas con mis manos heladas y las apretara. Alguien que me acariciara el pelo porque sabría perfectamente que es una de las cosas que más me gustan del mundo entero. Y que se mirara el reloj y frunciera el ceño y me volviera a besar y me dijera 'te quiero' y se fuera despacito y cuándo estuviera lejos volviera la vista atrás para verme una vez más.


jueves, 25 de diciembre de 2014

Es bonito cuando dueles tan fuerte.

No sé muy bien qué escribir, tampoco sé muy bien qué es lo que siento. Es... difícil. No encuentro una manera de expresarlo.
Vuelvo a ti sin darme cuenta. De repente, estoy mirando tus fotos, acariciando tu cara y secándome las lágrimas. Y ni si quiera me doy cuenta hasta que me pregunto qué estoy haciendo. Es difícil. Es difícil soportar esa ignorancia, soportar las miradas. Es difícil caminar al lado de una persona que lo significó todo en un momento y que ahora apenas conoces, y ni si quiera eres capaz de mirar. Es difícil, complicado, doloroso.
Y aunque no lo parezca, sigo volviendo a ti. Porque soy así de estúpida. Porque no soy capaz de olvidar a esas personas. Y cuando me siento sola (y ni si quiera me doy cuenta de ello) pienso en ti. Es gracioso, hace nada borré todas las fotos que tenía guardadas, y sin embargo, no me preguntes por qué... pero guarde la tuya. Ya sabes, esa, mi favorita. No sé, es bonito. Sí, dueles. Pero bonito.
No sé cómo explicarlo.
Dueles bonito.
Es como si alguien me estuviera apretando el corazón con un puño, cómo si me quedase sin aire, cómo si algo me aplastase el pecho, y... entonces me empiezan a escocer los ojos y esbozo una sonrisa. Porque es bonito.
Quizás la gente no me llegue a entender nunca.
Pero no sé, yo creo que hay diferentes tipos de dolores; está el dolor que te hace sentir viva. El dolor del frío (cómo cuchillas en la piel), El dolor de una quemadura, del fuego, cuando las mismas llamas te lamen la piel. Está el dolor de la sangre. El dolor de una pérdida. El dolor de una ruptura. El dolor que se causa uno a uno mismo...
Tú eres un dolor distinto, eres ese dolor de una pérdida, pero incluso así eres distinto, eres un dolor bonito. Porque cuándo siento la presión en el pecho y las lágrimas están al borde del abismo lo único que recuerdo son cosas bonitas... cómo tu sonrisa, tus mejillas, tu pelo castaño, tus ojos, tus pestañas, tus abrazos, tu risa, tus tonterías, y sobre todo, me recuerdo a mi, a mi contigo, a mi contigo y... feliz.



lunes, 22 de diciembre de 2014

Aparecen todos mis demonios cogidos de la mano ofreciéndome compañía.

A veces me pregunto si siempre será así.
No me malinterpretéis, creo que estoy bien. Pero no puedo evitar derrumbarme a veces. Y me da miedo. Me da mucho miedo. Porque cada vez que me derrumbo me siento más cerca de toda aquella tristeza, de todo aquel dolor. Y no quiero, me aterra. Porque tras haber pasado por todo eso, sé que la felicidad es algo tan frágil... Y me da miedo tomar malas decisiones, me da miedo. Y vosotros diréis, equivocarse no es malo. Sé que no es malo. Pero no es eso lo que me preocupa, me da miedo porque cada vez que me equivoco retrocedo. Y no quiero volver sobre mis pasos, no quiero volver atrás.
No quiero.
Y me aterra.
Porque a veces, me vuelvo a derrumbar. Y me siento más cerca de todo mis demonios que nunca. Y a veces me pregunto si siempre será así. Si siempre tendré esta lucha en mi interior. Esa lucha entre esa chica a la que le gusta la oscuridad, y esa chica a la que le gusta la luz. Y me da miedo. Porque sé lo fuerte que es esa chica, esa chica que ha llevado ventaja durante toda mi vida. Y ahora, ahora que la otra ha asumido el papel principal, me da miedo que se derrumbe tanto que sea vencida. Y no quiero, no quiero que mi vida dependa de una batalla que ni si quiera la gente es capaz de ver.
Ni si quiera sé si escribir esto es bueno, si me estoy equivocando al escribir cada palabra. Ni si quiera sé si escribir todo esto le dará fuerzas a esa chica.
Y tengo miedo.
Porque... a veces no puedo evitar sentirme sola. Y odio sentirme sola. Lo odio porque, entonces, aparecen todos mis demonios cogidos de la mano ofreciéndome compañía.
Y no quiero.
Pero... es tan tentador.
Y siento a la otra chica, siento su fuerza, que incrementa con cada paso que dan los demonios hacia mi. Y siento que me rompe las costillas, y me destroza el pecho, y me agarra el corazón con un puño, y me lo retuerce.
Y entonces, ahí estoy yo, con el corazón destrozado y sintiendo como las lágrimas caen sin hacer nada.
Y sé que debo luchar.
Pero, a veces me pregunto si será siempre así. Porque no quiero que sea así durante toda mi vida.
Quiero vivir sin esta lucha en mi interior, quiero dejar de tener miedo en todo momento a que la otra chica rompa aquella frágil felicidad que brota de mi pecho.

sábado, 20 de diciembre de 2014

¿Escribir?

- No sé si voy a seguir escribiendo - susurré despacito.
- ¿Después de todo? - preguntó él exasperado.
Recordé aquel poema que decía después de todo, todo ha sido nada.
- Nada me inspira - le contesté.
Él se revolvió el pelo con las manos.
- ¿Por qué? - susurró martirizado.
- Porque solo sé escribir sobre cosas tristes y ahora no encuentro ninguna.
- Maia, no creas que eso no me alegra. Porque lo hace. Pero no puedes dejar de escribir, no puedes dejar de escribir después de todo. Sabes que esas ganas de escribir siempre estuvieron ahí, incluso más que yo, siempre estuvieron a tu lado, en los peores momentos, cuándo nadie estaba. Sería cómo si abandonarás una parte de ti misma y la arrojaras a la nada.
- Quizás ya no quiero ser la misma chica a la que solo le consolaba escribir a solas.
- No puedes ser una nueva persona sin recordar lo que te ha llevado a ser quién eres ahora.
- ¿Y qué pretendes que haga? - le grité mientras levantaba las manos-. Yo tampoco quiero dejar de escribir, escribir es mi vida. Pero ya no sé de donde sacar esas ganas.
- Puede que pienses que la vida es bonita, puede que ahora seas realmente feliz, eso no te lo niego, ni quiero que cambie. Pero incluso en las cosas bonitas hay tristeza, incluso en la felicidad hay malos ratos. Puedes aprovecharlos.
- Pero ¿y si no sé aprovecharlos? ¿Y si ya no siento lo mismo al escribir?
- Oh, vamos, Maia. ¿No recuerdas a toda esa gente que escribía y desaparecía? ¿De verdad quieres convertirte en uno de ellos?
- No... pero - cerré los puños con fuerza- siento que no volveré a ser tan buena cómo antes escribiendo.
- Eso da igual, solo recuerda que eres tú y las palabras surgiendo sin parar. Sin que ni si quiera te pares a pensar. Recuerda ese sentimiento, recuerda que eres libre cuando escribes, y eso no te lo puede quitar nadie, ni nada.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Y hace frío.

Dejé la puerta entre abierta
cuando te marchaste
y creo que ha llegado la hora de cerrarla
porque tú y yo sabemos
que ya no vale la pena tenerla abierta
o entre abierta,
o lo qué sea.
que cerraste de un portazo
fuerte
y no vas a volver ni si quiera para mirar
si está abierta o cerrada
y mírame
voy a cerrarla
porque te habría perdonado todo lo que has tardado
si al menos hubieses vuelto
pero no lo has hecho.
y me he hartado
y estoy cansada
y el frío está entrando por la puerta entre abierta
y se está colando
entre las costillas directo al pecho
y estoy harta
y llevo 4 horas intentando escribir esto
y solo quiero acurrucarme en la cama
y cerrar la puerta
y hacerme la idea
de que no vas a volver
y de que nadie te va a extrañar
como yo te he escrito.


Dejo por aquí que tengo una sorpresa preparada para fin de año, por todos esos años que habéis estado a mi lado. 

Un caos de año.

El año está apunto de acabar y yo llevo casi un mes sin escribir. Y quería contaros por qué.
Pero quiero empezar por el principio.

Este año ha sido un caos.
He hecho cosas que pensé que nunca llegaría a hacer, he llorado más que en toda mi vida (y eso es decir mucho), me ha ganado el orgullo, y he pedido perdón, he llorado más aún, y he reído. He reído mucho.
Este año empezó como el peor año de mi vida, los primeros meses fueron horribles. Solo quería llorar y llorar y llorar y llorar. Y seguir llorando. Me miraba al espejo y me daba asco. Me repugnaba mi propio reflejo. Odiaba todo de mí. Te juro que me insultaba cada cinco minutos. Y lloraba. Y volvía a insultarme, y volvía a pensar que no servía para nada, y lloraba, y me daban ganas de acabar con todo.
Hasta que un día estallé, cómo una granada. Recuerdo que estaba en clases de matemáticas, a solas con la profesora, y empecé a llorar porque no me salía un puto ejercicio. Llore tanto que hasta le pedí un abrazo a la profesora. Después me encontré con mi madre y seguí llorando, y empecé a gritar y conté todo, lo conté todo, en voz alta, y me dolió tanto que estuve llorando durante horas. Mi madre me preparó un baño y se sentó al lado mientras yo lloraba.
Fue un día de locos.
Mi madre se asustó tanto que me llevó al psicólogo, la puta psicóloga (que en mi opinión estaba un poco loca) me hizo más daño que en mi vida, y eso que fueron pocas sesiones.
Me dijo que estaba deprimida.
A todo eso, era pleno Mayo.
Y yo estaba dejando de lado a dos personas que habían sido importantes durante más de 6 años.
Pero seguí adelante. Le dije a mi madre que no quería seguir yendo a ver a esa gilipollas, le prometí que saldría adelante yo sola.
Y lloré mucho. Mucho.
Durante todo el verano.
Pero entonces, llegó Inglaterra, y fue cómo un salvavidas.
Me enamoré de ella, de sus calles, de la gente, de todo.
Y reí, reí muchísimo. Me reí tanto que dejé de llorar, aunque a veces me rompía delante de todos, y ellos se asustaban.
Y cuando volví. Allí estaban ellas. Ese grupo de chicas que me han sacado tantas sonrisas. Hicieron una fiesta de bienvenida y entonces, me di cuenta de que nunca había pertenecido a un sitio tanto cómo a ese.
Y pedí perdón, pedí perdón a esas dos personas, por haberme alejado, mientras lloraba y oía cómo llovía metida en la cama en una casa rural de madera en medio de un bosque del País Vasco.
Y me perdonaron, o eso creí.
Y luego vi a esa personita, que no he hablado de ella en todo este texto, pero que ha estado presente ahí, cada vez que lloraba, cada vez que gritaba.
Y ni si quiera la conocía en persona.
Y, os puedo asegurar que, cuando la vi cruzar esa esquina, buscándome con la mirada, me di cuenta, y cuándo salí corriendo cómo una loca con los brazos abiertos para abrazarla me dije que tenía que salir adelante, por mi, pero también por ella.
Y ahí empezó todo. Ahí, ahí cambié.
A partir de ese día mi 2014 ha ido mejorando.
Y por eso, ahora, en pleno Diciembre, ni si quiera siento la necesidad de escribir.
Porque sólo sé escribir sobre cosas tristes y ahora no encuentro ninguna.
Y creo que lo he conseguido.
A pesar de que a veces hayan días malos, a pesar de que a veces llore hasta quedarme dormida.
Lo he conseguido.
Estoy feliz por estar feliz y esto es un circulo sin fin.
Y bueno, que ahora sí.
Que mi 2015 va a ser genial.
Lo sé, estoy segura, porque todo ha cambiado.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Bonitos días.

Podría acostumbrarme a esto.
A la nueva yo.
Sí, me gusta.
Lo que no entiendo es que esta chica haya aparecido en mi cuándo tú te marchaste.
Me hubiese gustado que me conocieras de nuevo.
Que me dieras una segunda oportunidad de la misma manera en la que yo te la di.
Sí, sigo escribiéndote. Pero no te lo tomes a mal. Ya no lo hago para dejar de llorar, lo hago para recordarme que, por mucho que dolió, también valió la pena.
Bueno, ahora que lo pienso. Tú también eres una nueva persona.
Quizás por eso tuvimos que alejarnos.
Ya ves, cambiamos.
Yo me convertí en una nueva persona, y tu hiciste exactamente lo mismo.
Quizás, nuestros nuevos yo's no eran tan compatibles como los antiguos.
Tampoco es que me importe ya, sí, eso es algo nuevo en mi.
Creo mi nueva yo es más atrevida, más loca, más feliz.
Le gusta reírse, y salir. Le gusta escuchar música alta mientras baila, y le gustan los días soleados.
Sí, raro, lo sé.
Soy todo lo contrario a la de antes.
A esa chica que le gustaba quedarse callada y escuchar, quedarse en casa tapada con una manta. A la que le gustaba escuchar música tranquila y se enamoraba de los días tristes.
Aunque tampoco te creas, aún sigo manteniendo a esa chica, guardada dentro.
Creo que es eso.
Eso es lo que marca la diferencia.
Que tengo a esas dos chicas aquí, dentro, convirtiéndose en una.
En una chica a la que le gusta salir y quedarse en casa. La música alta y la música baja. Los días soleados, y los días nublados.
Disfruta tanto de las lágrimas como de la risa.
Y sigue adelante.
Siempre.
A pesar de que se haya quedado dormida mientras lloraba, se despierta sonriente y le dice al mundo 'bonitos días'.
Y creo que podría acostumbrarme a esto.
Sí, me gusta.

jueves, 13 de noviembre de 2014

- Eres tan insoportable- dije levantando las palmas de las manos.
Él sonrió de un modo juguetón y por poco me derrito.
- No te atrevas a sonreírme - le grite separando las palabras y señalándole con un dedo acusador.
Su sonrisa se amplió y estalló en carcajadas.
- Me encanta cuando te enfadas. Tus mejillas adquieren un tono tan bonito.
Grité frustrada y le empujé. Él ni si quiera se inmutó, me cogió las manos y las mantuvo pegadas a su pecho. Se acercó a mi y rozo mi mejilla con su nariz mientras se dirigía de un modo provocativo a mi oído. Me mordisqueó el lóbulo de la oreja derecha y yo dejé de oponer resistencia. Mis manos se escaparon de entre las suyas y se deslizaron a su cabello, le acaricié el pelo con las manos y pasé los dedos por su mandíbula con esa barba de tres días. Le besé los labios, los labios más suaves del mundo, los que nunca me hartaría de besar. Él se apartó de mi con la respiración entrecortada y suspiramos apoyando nuestras frentes la una con la otra.
- Te quiero - susurré.
- ¿Aunque sea tan insoportable?
- Aunque seas tan jodidamente insoportable.
Él sonrió y me volvió a besar.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Para mí misma.

En primer lugar, sé feliz. Y no le des tanta importancia a las cosas, y más si ni si quiera son cosas importantes. En segundo lugar, sigue intentándolo. Sigue, inténtalo, incluso cuando te rindas, sigue intentándolo. Da igual que tengas que escuchar esa canción tumbada en la cama con los ojos cerrados, da igual que tengas que darte media vuelta, mirar a la pared y contar hasta diez concentrándote en tu respiración, da igual que tengas que encerrarte en el baño en medio de clases y sentarte en el suelo y volver a contar hasta diez para no echarte a llorar, da igual que llores. Si necesitas llorar, llora. Ya sabes lo que decía Bukowski 'no lo ignores, que le den, llora todo lo que puedas, y, entonces, que le den un poco más'. Y oye, que si necesitas releer todos los poemas de Bukowski cuando te sientas mal qué más da. Que si tienes que chillar, chilla, o grita, o cállate, haz lo que debas hacer en el momento.
Pero no te rindas, y aunque lo hagas; sigue intentándolo.
Porque siento que algo ha cambiado, siento que estamos a punto de conseguir aquello que tanto hemos buscado.
Sé que estás sonriendo, y estás sonriendo porque sabes que tengo razón.
A pesar de todo lo que he dicho antes, de todos esos momentos de debilidad en los que te sientes el ser más pequeño del mundo... ya no importa tanto.
Sí, lo he notado.
Ahora te ríes más, te da igual lo que opine la gente. Sales a la calle sin que te tengas que obligar a ti misma, y el otro día te oí, te oí cantar a pleno pulmón en la calle sin importar quién miraba. Y da igual que cantes canciones tan absurdas, porque lo que más destacaba era tu risa al final de cada frase.
Y que da igual.
Quiero que entiendas que me da igual.
Que me da igual que a veces te sientas tan mal que desearías tirarte por ese balcón que sabes que no está lo suficientemente alto pero que, de todas maneras, te haría sentir viva. No importa que te pongas a llorar en la ducha y le des golpes a las paredes, y te arañes para sentir algo cuando no eres capaz de sentir nada.
No importa.
Nada de eso importa.
Simplemente, haz lo que tengas que hacer, y después, sigue intentándolo.
Sé que es duro, que aunque a veces te sientes la persona más feliz del mundo al día siguiente solo quieres dormir y llorar. 
Pero nadie dijo que fuera fácil.
Simplemente, sigue intentándolo.
Y por último, quería decirte que por favor, por favor, disfruta de esos instantes que marcan la diferencia.
Disfruta de ese baile sin venir a cuento, disfruta de esa carcajada en la que apenas tienes tiempo de coger aire, disfruta del dolor de barriga después de reírte, disfruta de esa canción en plena calle, disfruta de ese abrazo, disfruta de ese 'eres increíble', disfruta incluso de las situaciones absurdas que te hacen reír.
No le des tantas vueltas a cosas que no valen la pena, y no le busques por qués a lo que ocurre a tu alrededor, simplemente ocurre.
Disfruta de cada instante.
Y sigue adelante.
Atentamente,
tu yo optimista.
Que si me necesitas, siempre puedes contar conmigo. 
Solamente cuenta hasta diez y que le jodan a todo.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Personas con monstruos interiores.

A veces solo quiero gritar, y arrancarme eso que me aprieta el pecho. Juro que me abriría en canal y rebuscaría entre mis entrañas hasta encontrar aquel monstruo, y lo mataría, lentamente, igual que hace él conmigo cada día. A veces solo quiero llevarme las manos al cuello y arañar aquella manos invisibles que me aprietan la garganta, pero lo único que consigo es arañarme a mi misma.
Y cuando voy caminando por la calle, siento que hay alguien detrás de mi apunto de apretar el gatillo y darme de lleno en el cráneo, y juro por dios que a veces lo he deseado, que he querido que esa sombra traviesa acabara conmigo si así podía acabar con mi monstruo, con mi demonio. Pero cual era mi sorpresa al darme cuenta de que aquella oscuridad que mantenía la pistola en alto era mi propia pesadilla, aquel que me apretaba el cuello y me abría las entrañas con sus zarpas. El muy cabrón lo único que quería era que me volviera loca imaginando mi propia muerte en medio del barullo que hacía la gente. Aquella multitud tan apaciblemente tranquila que me ponía histérica, nadie se percataba de que tenía aquel monstruo dentro de mí, rugiendo. Y cada vez que quería gritar para que alguien me ayudase se me hacía un nudo en la garganta y apenas podía decir palabra.
Maldito hijo de puta, me quiere volver loca. Se mete en mis pensamientos haciéndome sentir asquerosamente infeliz. Me enumera los defectos, me señala los complejos, me hace desconfiar de todos, me obliga a sentirme inferior, miserable, sucia, asquerosa. Me manipula, joder, soy su maldito títere. Me maneja como le da la gana, me obliga a sonreír cuando no tengo ganas, y me suelta todas las noches, en plena oscuridad, cuando no veo nada y nadie me puede ayudar, y lo único que hago es llorar, y suplicar que me deje en paz.
Y ya no sé, creo que ya no estoy tan cuerda como antes, creo que lo está consiguiendo. Se metió en mi hace años y ha crecido junto a mi, conociendo mis debilidades, todos mis puntos débiles. Y los toquetea, disfruta viéndome sufrir.
Ha estado ahí tanto tiempo que ya no sé distinguir cuando soy yo misma y cuando es él.
Y bueno, lo jodido de todo esto es que cuando me miro al espejo no me veo a mi, lo veo a él.
Así que decidme, ¿como se puede huir de ti misma?







martes, 4 de noviembre de 2014

Solía verte dormir. Respirabas profundamente y movias los ojos de un lado al otro tras los párpados. A veces fruncias el ceño en sueños y deseaba meterme dentro y saber por qué pasaba aquello. Me gustaba recorrer tus lunares a besos cuando dormías boca abajo, empezaba, primero con el del hombro derecho, después me deslizaba hacia el centro y te besaba el de la décima vértebra y tu abrias los ojos lentamente, pestañeabas y sonreias despacio como si aún siguieras soñando. Te revolvias y te ponías boca arriba, me mirabas a los ojos, y tus pupilas azules se me clavaban en lo más profundo de mis entrañas, tu sonrisa se hacía más intensa. Levantabas la mano izquierda y me acariciabas la mejilla con las yemas de los dedos. Yo cerraba los ojos, y suspiraba. Y así, con los ojos cerrados te oía inclinarte, y sé a ciencia cierta que sonreias de nuevo antes de besarme, no me preguntes cómo. Acariciabas mis labios con los tuyos, tenias los labios más suaves del mundo, los más cálidos. Me acogían. En aquel instante, en el que tus labios estaban sobre los míos... no me importaba nada más. Después te alejabas y volvías a sonreír, yo abría los ojos y te miraba. Y apoyaba la cabeza en tu pecho y escuchaba en silencio como tu corazón palpitaba.

domingo, 26 de octubre de 2014

Pegué un puñetazo a la pared y me sequé las lágrimas.
- Es que me da mucha rabia - le grité.
- ¿Pero por qué? ¿Por qué te sigue importando?
- Porque no puedo evitarlo, Edgar.
Me senté en el suelo y me abracé las rodillas, las lágrimas caían por mis mejillas dejando surcos tras ellas. Edgar se sentó a mi lado y apoyó la cabeza en mi hombro.
- No sé porque sigue importándote, Jenna.
- Yo tampoco lo sé.
- Tienes que seguir adelante. Mandarlos a todos a la mierda. Dejar de llorar por gente que no merece tus lágrimas.
Se enderezó y me cogió la cara entre las manos, y con los pulgares me secó las lágrimas, que aún así siguieron cayendo.
- Me duele, Edgar, aquí - me señale el pecho, y me lo aplasté con las manos abiertas intentando en vano que no doliera tanto.
- Mírame - musitó.
Levanté los ojos hasta sus pupilas azules.
- Tu ya has hecho suficiente, has hecho todo lo que has podido. Deja de torturarte. Deja de sentir que no ha sido suficiente. Eso es lo que quieren, que te sientas así.
- Me da rabia, me da mucha rabia.
Me deshice de su abrazo y crucé los brazos.
- Piensan que no me importan, cuando han sido lo más importante para mi durante todos estos meses. He llorado tantas veces, me ha dolido tanto, y por una puta vez en la que me siento feliz, tienen que joderlo. Me da tanta rabia. Porque no se merecen ni una de mis lágrimas, y aún así, aquí estoy, llorando como una jodida inútil. Quiero que deje de dolerme, quiero mandarlos a todos a la mierda. Quiero que dejen de importarme. Odio sentirme así por gente que no merece la pena. Porque me importan, y no sé lo merecen. Y me da tanta rabia.
- Eh, Jenna. Si hay una edad para ser egoísta es esta. Coge el timón, cambia de rumbo, y tíralos a todos por la borda.




viernes, 24 de octubre de 2014

Aún te importa.

Él le mira con una sonrisa tensa, y apoya su mano sobre la suya. Ella pestañea, y posa la mirada en la del chico.
- Quiero que lo admitas- dice él.
Ella mira al exterior, donde está lloviendo y la gente corre tapándose con lo que puede. Aprieta los labios.
- ¿El qué? ¿Qué es un capullo integral?- musita con voz cortante.
- Que te duele- susurra él despacio.
- No me duele.
- Sí.
- No.
Él se pasa una mano por el pelo y suspira exasperado.
- ¿Quieres admitirlo de una vez? Te duele.
Ella lo ignora, coge la taza de café y le da un sorbo. Se mira las uñas, mordidas. Y mira hacia otro lado, disgustada, ella nunca se había mordido las uñas.
- No. me. duele - dice, separando las palabras.
- Joder, Jenna. ¿No te duele? Ah, entonces no entiendo porque escuchas la misma canción una y otra vez, por qué te muerdes las uñas, y tienes todas esas fotografías escondidas en el cuarto cajón de tu mesita de noche, y siempre que me llamas para hablar nos encontramos en el mismo lugar y nos sentamos frente a la misma ventana de siempre, siempre pides lo mismo, y miras a los demás buscando a alguien. Yo no soy él, Jenna, deja de engañarte, y admítelo.
Se inclina hacia ella, le mira a los ojos, y articula con los labios 'te duele'.
- Joder, Edgar, no me duele, simplemente lo estoy superando.
Él levanta una ceja y la mira impasible.
Ella levanta las palmas de las manos, y pone los ojos en blanco.
- Vale, me duele ¿y qué?
- Significa que aún te importa.
- Y una mierda, Edgar, ese tio era un capullo integral, ya no me importa.
- ¿Entonces por qué te duele?
Ella vuelve a apretar los labios, le mira disgustada, toma un sorbo de su café y mira a la calle mientras se muerde las uñas, y entonces, se da cuenta de que le está buscando entre la gente.
Claro que le importa.
Le importa, aún le importa.
Y por eso le duele.
Vuelve a mirar a su amigo y frunce el ceño.
- Eres insoportable, que lo sepas, Edgar.
- Por eso me quieres.
Le sonríe, y ella le devuelve la sonrisa.
Pero ambos saben que ella no sonríe de verdad.
Que le duele demasiado como para hacerlo.


Duele.

No tengo mucho que contar, he cambiado de canción, creo que eso es bueno.
Me siento bien conmigo misma, a ratos.
La cuestión es que parece que todos se han olvidado de lo mucho que me cuesta, de lo difícil que me es sonreír, ser feliz.
Siento que estoy retrocediendo, que no sigo adelante.
Todo ha vuelto a ser como antes.
La gente parece olvidarme, y yo siento que vuelvo a ir de la mano de mis demonios. Como si ellos fueran los únicos que me proporcionaran cariño, y eso fuera lo único que necesitara.
A veces, cuando nadie mira, vuelvo a ser yo misma, ya sabes, la de antes.
A veces, por las noches, cuando me ducho, me da por llorar a mares. Y grito, y le doy golpes a la pared del baño. Creo que nadie me oye.
Duele mucho ¿sabes?
Duele demasiado.
En el pecho.
En lo más profundo.
Cómo si alguien me estuviera agarrando el corazón con un puño.
A veces tengo noches malas, y me quedo mirando el techo durante horas, y me acurruco en posición fetal en el lado izquierdo de la cama, como si fuera demasiado pequeña para este mundo demasiado grande, y dejo que las lágrimas bañen mis mejillas en silencio, y el sabor salado de éstas me calman, y así, me quedo dormida.
Hay otras veces, que me duermo al instante, pero me despierto a mitad de la noche con un nudo en la garganta y la respiración agitada.
Me duele, y es algo que la gente no entiende.
Ellos solo ven que sonríes, y dan por supuesto que estás bien.
¿Cómo no pueden darse cuenta de lo jodida que estoy?
Necesito a alguien, aquí, a mi lado.
Me he quedado completamente sola.
Y me duele.
Me duele mucho.
Y eso me está consumiendo.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Ha llegado.

Me tiemblan las manos, las escondo sobre la mesa. Miro a mi alrededor, es una salita un tanto fría, demasiado blanca, demasiado uniforme. El doctor llama mi atención carraspeando, lo miro y saca dos fotos. Desvío la mirada hacia ellas, son fotos mías, de hace unos meses.
Me sudan las manos, y me las seco sobre los vaqueros.
- No sé cómo voy ha hacerlo - me dice, mirándome a los ojos.
Yo no quiero mirarle, así que miro a mi madre, que entrecruza los dedos sobre la mesa mientras frunce el ceño y mira las fotos.
- ¿Por qué lo dice, Doctor? - susurra ella.
Deslizo la mirada sobre el doctor. Más que doctor podría considerarlo como alguien más de la familia. Ha envejecido, me digo, le han salido entrantes, y canas a los lados, pero sigue teniendo esa sonrisa que irradia esperanza. Una sonrisa muy bonita, me digo.
Ojala yo también la tuviera así.
- Sé que quieres empezar el tratamiento de los brackets, pero verás, no sé como hacer esto contigo - me mantiene la mirada seriamente.- Tengo miedo, porque tus dientes son demasiados delicados, por la insuficiencia de esmalte y todas las capas que llevas en ellos estéticamente, no sé, tengo miedo de que al ponerte los brackets me pueda llevar tus dientes. He visto una mejora en ti, de verdad, sé que te estás esforzando. Pero entiéndelo, a pesar de todo, esa enfermedad sigue ahí, en tu boca. Y la hace tan delicada. He consultado al extranjero, y te voy a hacer los brackets a medida. Además, quiero que pongas de tu...
Dejo de escucharle. Recuerdo cómo tuvimos que venir a Murcia porque en el pueblo ningún dentista sabía lo que me pasaba. Recuerdo la primera vez que busqué el nombre de mi enfermedad en internet... me sentí tan mal. Tan horrible conmigo misma. Recuerdo que me metí al aseo a llorar hasta que se hizo de noche. Recuerdo como los niños se burlaban de mi en el colegio. Tengo una carpeta en el portátil con el nombre de la enfermedad y con todos los casos que he conseguido recopilar desde que tenía 9 años, que la verdad, no son muchos. Y todos acaban tan catastróficamente mal.
Trago saliva, y pestañeo para evitar las lágrimas.
El doctor está esperando una respuesta, le miró, no sé lo que ha dicho, así que sonrío y asiento.
- Sé que esto solo son más que problemas, problemas que nos vamos a ir encontrando poco a poco, pero, eh, - sonríe, con esa sonrisa esperanzadora tan característica de él, supongo que los doctores aprenden con la práctica a infundir esperanza- no nos vamos a rendir. Piensa que llevas viniendo aquí desde hace más de 10 años, y cada vez que has venido, nos hemos encontrado con un problema, y siempre lo hemos superado. Y vamos a superar esto ¿vale? Voy ha hacer todo lo posible para que tengas una sonrisa preciosa y superes esta batalla, ya sabes que eres mi paciente favorita.
Le sonrío, lleva diciéndome eso más de 10 años. Recuerdo lo mucho que lo odié la primera vez que lo vi, tenía 4 años, y él tenía unas manos muy fuertes que me hacían daño, recuerdo que lo odiaba porque hacía llorar a mi madre.
¿Cómo pude odiar a este hombre? Él siempre hizo todo lo posible por mejorar mi sonrisa, por mejorar mi autoestima, él siempre me dijo que era una de las niñas más valientes que había conocido, y que por eso, era su paciente favorita.

Sí, ha llegado, ha llegado el día que llevo esperando toda mi vida, mañana me van a poner los brackets, deseadme mucha suerte, y ojala llegué el día en el que, realmente, supere esta batalla.


domingo, 19 de octubre de 2014

It's sad when people you know become people you knew
when you walk right past someone like they were never a big part of you life
how to used to be able to talk for hours, and now can barely look at them
it's sad how time changes

Me senté en el banco en el que tú y yo solíamos sentarnos. Suspiré y miré a ambos lados. Descansé mi mirada en ojos ajenos, buscando los tuyos aunque sabía que no iba a encontrarte hasta dentro de unos minutos.
Justo cuando las campanas sonaron en la iglesia de al lado, tú saliste por aquella puerta.
Ibas sonriendo, empujaste a un chico y te burlaste, él sonrió y se despidió con la mano. Te giraste y seguiste andando. Tu pelo se mecía con el viento, esa melena cobriza que tantas veces había acariciado, incluso recuerdo ese olor que desprendía. Te cogiste las solapas de la chaqueta e intentaste abrigarte, y sonreíste al hacerlo. Cruzaste la calle después de mirar a ambas direcciones. Vi como posabas la mirada en la pareja de enfrente, y en sus manos entrelazadas. Frunciste el ceño, y suspiraste. Y casi en un acto reflejo tu mirada se desvío hacia el banco en el que estaba sentado. Nuestras miradas se encontraron, y entonces tú... miraste a otra parte.
Pestañeé para evitar las lágrimas.
Y me dije que ese sería el último día que te esperaría (tal y como había hecho todos los demás días).


miércoles, 15 de octubre de 2014

Despacito.

Hace ya varios meses que te escribí con la misma canción sonando de fondo despacito lento bajito.
Te dije que me gustaría encerrar todos los recuerdos en una caja y poner distancia.
Y, aún sigo queriendo hacer aquello.
Tengo tantos recuerdos que a veces tengo que cerrar los ojos y respirar hondo y huir huir de todos ellos.
Recuerdo tu pecho ascendiendo y descendiendo lentamente.
Te recuerdo boca abajo, con tu espalda pálida totalmente desnuda entre las sábanas blancas.
Recuerdo cómo te besaba primero el lunar de tu hombro derecho y después el lunar en la cuarta vértebra.
Tu temblabas, y abrías los ojitos despacito cómo si se te fuera la vida cómo si se te fuera el sueño y tú quisieras agarrarlo con los párpados.
Y te sonreía las comisuras de tus labios eran un reflejo de las mías y te dabas media vuelta y me mirabas.
Y despacito te besaba tu contenías la respiración y soltabas el aliento cuando me apartaba como queriendo no decir un quédate aquí.
Acariciaba tu nariz con la mía y después descansaba la mejilla en tu pecho mientras oía como tu corazón latía.
Los rayos del sol entraban por la ventana abierta junto con el olor a lluvia de la tormenta que habíamos desatado aquella noche en esa cama.
Te quería
joder
que si te quería.
Ahora por las mañanas cuándo los rayos del sol entran a trompicones por la persiana echada echo de menos el olor de la lluvia de nuestras tormentas desatadas.
Y te echo de menos.
Echo de menos aquel lunar en tu hombro izquierdo echo de menos darte aquel beso que te hacía temblar justo en la columna vertebral en la cuarta vértebra para ser exactos.
Sí, es verdad, conté tantas veces las vértebras de tu espalda mientras tú dormías, que perdí la cuenta.
Y te echo de menos,
echo de menos aquel beso
de
buenos días.
Echo de menos tu pecho
donde me acomodaba y era
la persona
más feliz.

Y que sí
de verdad
nadie va
a quererte
como yo te quise.

Nadie va a besarte
como yo lo hice.

Nadie te extrañará
como yo te escribo.


viernes, 10 de octubre de 2014

Vacía.

Voy a ser sincera.
Me siento como una mierda, cómo una jodida imbécil. Estoy llena de rabia y tristeza, es cómo una mezcla que me oprime la garganta y me aprieta el pecho.
Huyo a mi habitación, cierro la puerta, y me derrumbo, cómo si no hubiera nadie en este jodido mundo que me pudiera sacar de esta mierda.
Lloro, y me aprieto el pecho, y me aprieto el estómago, siento un  vacío en mi interior que es asfixiante, tan doloroso que hace que todas mis entrañas tiemblen, y las lágrimas se deslizan por mis mejillas mientras me doblo por la mitad a causa del dolor que me invade y grito y me muerdo para callar mis aullidos.
Después, cuándo la tristeza se desvanece, aparece la rabia, una rabia hacía mi misma, tan fuerte, tan increíblemente devastadora que siento que voy a morir. Y doy patadas, puñetazos, me araño a mi misma intentando en vano acabar con todo esto.
Pero no acaba, no para. Y estoy harta. Estoy harta de sentirme así.
Tan jodidamente mal.
Tan jodidamente rota.
Y he intentado abrirme, explicar cómo me siento, pero la gente no me toma en serio. Y a los que sé que me van a tomar en serio no se los he dicho porque siento que diciéndoselo el dolor va a ser más real.
Pero aún así, aunque me explique nadie me va a llegar a comprender.
Nadie comprenderá este vacío que hay en mi, esta rabia que me mata por dentro, que duele tanto que parece que unas garras me estén arañando desde dentro, y nadie entenderá la tristeza, tan dura, tan pura que me consume, hace que me caiga a pedazos, que me desmorone.
Y estoy harta.
Sólo... quiero salir ya de toda esta mierda.

domingo, 5 de octubre de 2014

Tenía la tristeza triste.

Esa mujer se sentó
y dijo
¿de verdad eres Charles Bukowski?
y yo dije
olvídalo 
no me encuentro bien,
tengo la tristeza triste.

Tenía la sonrisa triste, ¿sabéis? No sé muy bien cómo explicarlo con palabras, y eso ya es decir mucho. Simplemente, tenía la sonrisa triste. La felicidad no le llegaba a los ojos. Y dolía verle así.
Por las noches, en sueños, susurraba cosas horribles, cosas demasiado tristes como para escribirlas. Y mientras lo escuchaba hablar, él me buscaba con las manos, dormido, y cuándo me encontraba, me abrazaba, fuerte, muy fuerte. 
No te vayas susurraba.
Hubiese hecho cualquier cosa para meterme ahí, en sus sueños y decirle jamás lo haré.
Me gustaba besarle todos los lunares de la espalda, y escribirle poemas que al fin y al cabo no decían mucho más que te quiero. 
Se los recitaba despacito, y él siempre me callaba entre verso y verso con un beso. Recuerdo que me enfadaba muchísimo cuándo hacía eso. Nunca llegaba a terminar de recitar poesía, porque acabábamos diciéndonos te quiero. Que al fin y al cabo, era lo que querían decir todos esos versos. 
Él me entendía hasta cuándo estaba en silencio. Me besaba la punta de la nariz cuándo tenía frío y se reía porque fruncía el ceño y temblaba. 
Siempre temblaba con sus besos.
Cuándo llegaba la noche. Él volvía a susurrar todas esas cosas, y gritaba. Y yo le abrazaba, y le decía siempre estaré a tu lado.
Él se calmaba, y yo le besaba los párpados.
Susurraba, y le besaba los labios. 
Y así, me dí cuenta de que tenía la tristeza triste. Cómo aquel poema de Bukowski.
Pero aún así yo le quería.
Y hubiese hecho cualquier cosa para meterme en sus pesadillas y matar a todos sus monstruos.

martes, 30 de septiembre de 2014

Última carta.

Te miraría a los ojos y te preguntaría.
¿Por qué lo has hecho?

Por qué te has rendido conmigo, por qué lo has lanzado todo a aquel precipicio. Absolutamente todo.

¿Por qué lo has hecho?

Por qué has decidido esto. Recuerdo que un amigo, al que le faltan unos cuantos veranos, me dijo, no puedo pensar en ti sin pensar en ella. Y yo eché la cabeza para atrás y me reí. Me reí porque yo tampoco me imaginaba un yo sin ti.

¿Tú te lo imaginaste?

Me gustaría saber si te lo imaginaste ese mismo instante en el que te escribí por última vez, y tú... no respondiste. Tú nunca respondes, y yo siempre soy la que dice la última palabra. Cuando quiero que seas tú quién me diga lo que piensa, lo que piensa de todo esto, quién me diga por qué lo has hecho. 
Creí que una amistad cómo la nuestra iba a ser eterna. Pero yo soy la que siempre decía todo en la vida se acaba, antes o después, pero se acaba.

¿Cómo has seguido adelante a pesar de todo?

Es lo que más me cuesta entender. Cómo sigues adelante cuando dicen mi nombre, cómo sigues adelante cuándo pasas por aquella cafetería que hace esquina. Cómo sigues adelante cuando ves todas las fotografías que nos hicimos, cómo sigues adelante cuando lees todo lo que te escribo.

¿Cómo lo haces?

Porque yo no puedo. Y te he dicho adiós tantas veces que se ha convertido en una forma de no irme nunca. Y no sé como despedirme, cómo decirte adiós, de verdad, ya sabes, y seguir, continuar. Mirar a otro lado al pasar por aquella esquina, hacer de oídos sordos cuándo escucho tu nombre, quemar todas las fotografías en las que salimos, y dejar de escribirte.
Creo que, cuando deje de escribirte... será ese el momento en el que realmente haya seguido adelante.
Y después de haberte dicho adiós miles de veces, de haber escrito que me iba en tantas ocasiones que perdí la cuenta.
Demasiadas veces de las que soportaba.
He llegado a la conclusión de que para que sea realmente una despedida,
no me tengo que dirigir a tu corazón,
sino al mío.
Así que,
adiós a mi,
adiós a mi contigo.

Adiós.

Te echará de menos,
tu mejor amiga.

Inspirado en Adiós - Sara Bueno.

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿No te duele?

Has jugado a no echarme de menos, a olvidarme.
Despacito.
Sin que yo me diera cuenta.

Y hoy en día,
a penas parece que me recuerdes.

Y duele.
Joder.
Cómo
duele.

Te veo,
tu a mi no,
pero
te veo.

Y se me rompe el pecho,
te echo de menos.

Creo que no puedo,
que no puedo seguir con todo esto.

Solo necesito que me digas cómo hacerlo.
¿Cómo lo has hecho?

Cómo has salido a delante,
a pesar de los recuerdos,
cómo has seguido adelante,
a pesar de todo lo que vivimos.

Me duele.
Yo no soy como tu.
No sé como hacerlo.
No sé cómo no echarte de menos.
No sé como seguir adelante,
a pesar de los recuerdos.

¿No te duele?
Cuando pasas delante de la cafetería
que hace esquina.
Cuando miras tus libros
de la estantería.
Cuando tocas el piano
susurrando la melodía.
Cuando sales ha hacer
fotografías.
Cuando escuchas nuestras canciones
compartidas.
Cuando oyes a la gente hablar
de lo que nos unía.
¿No te duele?

A mi me mata.
Me duele tanto
que
me
mata.

Sólo necesito que me digas como lo has hecho.
Sólo quiero que me cuentes,
cómo hacerlo,
para no echarte de menos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Seguir adelante.

No quiero verte. No quiero buscarte.
No quiero recordarte.
Pero eso no cambia nada.
Porque te sigo viendo, te sigo buscando.
Y te sigo recordando.
No sé cómo salir de esto. ¿Por qué? ¿Por qué es tan jodidamente difícil todo contigo?
¿Por qué no puedo olvidarte y seguir adelante?
La duda me está matando.
Me estás matando.
Solo... quiero olvidarme de olvidarte y empezar a hacerlo realmente.
Porque no puedo.
No puedo.
No.
Todo me recuerda a ti. Todo.
Los libros, la música, el piano, la cafetería de la esquina, los columpios de aquel parque.
Fuiste demasiado importante para mi, y, joder, no sabes cuánto me duele hablar en pasado.
Y ¿sabes? Solo quiero seguir adelante.
De la misma manera en que tú lo has hecho.
¿Por qué tu puedes continuar y yo me tengo que quedar estancada en ese preciso instante en el que todo cambió?
¿Por qué?
Sólo... quiero poder ser un poco egoísta, ya sabes, dejar de pensar en ti y empezar a pensar en mi.
¿Por qué tengo que ayudar a todo el mundo?
¿Por qué tengo que arreglar a todo el mundo?
¿Por qué?
Si nadie hace nada por mi ¿por qué tengo que darlo todo yo por los demás?
No lo entiendo, no entiendo por qué soy así.
Y ¿sabes? solo me gustaría ser un poco más conmigo misma como soy con los demás.
Seguir adelante, y olvidarte.


martes, 16 de septiembre de 2014

Me voy.

Si estás leyendo esta carta, significa que me he ido, así que... léela despacito.

Me voy,
y esta vez no es para buscarte.

No puedo seguir torturándome,
porque tu recuerdo me está matando, poco a poco, cada noche, cada madrugada.

Porque te veo cuando no veo nada,
cuando mantengo los ojos cerrados.
Cuando salgo a la calle,
en esa cafetería que hace esquina,
en mis libros, en la estantería.
Te veo frente a mi piano,
tocando, despacito, cada tecla y susurrando entre tus labios la melodía.
Te veo en las fotografías que he quitado de mi vista,
porque aunque ya no estén ahí,
siento me pertenecen, que te pertenecen, que nos pertenecen.
Y siguen abriéndome la piel a cuchillazos.

Tú, agarrándome de la mano,
sonriéndome de lado.
Tú, abrazándome con los labios,
secándome las lágrimas despacio.
Tú.
      Tú
             Tú.

Estás en todas partes,
y esto me está volviendo loca.
A veces creo que te veo y tengo que pestañear y volver a mirar.
Y, entonces... no estás, y no sé que me mata más.

Me tengo que marchar,
por mucho que me duela el pecho al mirar atrás.

Me voy, para no buscarte,
para encontrarme.
Me voy, para olvidarme de olvidarte.

Porque yo también puedo seguir adelante ¿sabes?
O al menos, eso es lo que pienso hacer.

Me voy,
y esta vez no es para buscarte.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las palabras no son nada si tú no haces nada.

A veces, me siento tan sola. Tan jodidamente sola.
Lo he intentado, lo he intentado de mil maneras. Pero no hay ninguna forma. Me sigo sintiendo sola. Es como si, sintiera que no le importo a nadie. Como si realmente no le importara a nadie. Quizás es verdad, quizás a todos les doy igual. Pero, lo que me jode, es que dicen que siempre estarán ahí.
'Para lo que necesites aquí estaré'.
Sí, ya, entonces... ¿dónde estás? ¿Por qué no me preguntas 'cómo estas'? ¿Por que no te preocupas lo más mínimo por cómo me siento?
Estoy harta. La gente solo sabe hablar, pero ninguno da un paso más. No actúan. Todo se queda ahí, reflejado en simples palabras.
Y yo sé mucho sobre palabras, y sé que las palabras no son nada si tú no haces nada.
Y estoy harta.
Solo... quiero importarle a alguien. Que alguien se preocupe lo más mínimo por mi para preguntarme cómo estoy, y que, realmente le importe saberlo.
Solo quiero, pasión, no sé. Que alguien me demuestre que realmente está ahí. Que me haga reír, que me saque a dar una vuelta, y me cuente alguna gilipollez.
Y que me diga que todo va estar bien.
Porque sí, soy una persona, tengo sentimientos, aunque no lo creáis.
Porque pensáis que yo soy distinta, que soy fuerte, que soy valiente, que siempre salgo adelante.
Vosotros no sabéis una mierda sobre mi.
No sabéis nada.
Y no os importa nada.
Os creéis que lo sabéis todo, y no sabéis ni la mínima parte.
Ni si quiera sabéis diferenciar cuando estoy bien a cuando estoy mal.
Y estoy harta.
Solo... quiero que alguien vea cómo soy, como estoy realmente, y que me ayude a seguir adelante.
¿Es demasiado?

jueves, 4 de septiembre de 2014

Siempre he pensado que los psicólogos están locos.

Hace 6 meses atrás.
Estoy gritando en una silla, está acolchada, es de tercio pelo negro. Hay una mujer delante, ni si quiera recuerdo su nombre, me mira y me dice que no puedo seguir adelante, y que si no puedo, es porque no quiero.
Esa tía está jodidamente loca. ¿Cómo no voy a querer salir de este pozo sin fondo?
Pero la miro. Y las lágrimas se me escapan, y grito. Pero nadie escucha el sonido que sale de mi garganta. Y la mujer pestañea y me da unos pañuelos.
No quiero tus sucios pañuelos.
Le sonrío y cojo los pañuelos, me seco los ojos y le sonrío de nuevo. Lo hago porque ella no deja de sonreír ni un instante. A lo mejor así cree que soy normal.
Tengo que salir de aquí.
La mujer da un golpe en la mesa con los papeles que ha sacado de la impresora, me mira, sonríe, y me los ofrece.
Sonríe tanto que da miedo. Ella es la que está loca, joder. 
Siempre he pensado que los psicólogos están locos.
Los cojo.
- Esto es para que lo hagas, nos veremos la próxima semana, tenemos cita el miércoles, no lo olvides, e intenta ser positiva - me grita mientras cierro la puerta.
Suspiro. Estoy en el pasillo. Por fin he salido de ese infierno.
No entiendo por qué estoy aquí. 
Cojo el ascensor, me miro al espejo mientras el numero rojo desciende.
Planta 3.
Que cara más horrible tienes. Nadie va a quererte jamás.
Planta 2.
Por Dios, estás sola. Malditamente sola. Nadie te quiere a su lado. ¿No te das cuenta?
Planta 1.
Deja de mirarme, estúpida. Que eres una gilipollas, inútil.
Planta baja.
'Intenta ser positiva' pongo los ojos en blanco como si fuera tan difícil.
Cruzo el pasillo y abro la puerta. En la calle todo sigue exactamente igual que hace una hora.
'Nos veremos la próxima semana' pienso con sorna Ni en sueños, loca.
Miro el fajo de papel, hay letreros 'Test de depresión', 'Test de Autoestima', 'Test de expresión social'.
Sonrío, me acerco a la basura y tiro todos los papeles.
Esa tía está loca.  
Y encima me trataba como si fuera yo la que tenía problemas, será estúpida.

Esmeralda.

Me gustaría hablarte de lo bonito que son tus labios, de lo mucho que me pierden, de esa forma tan peculiar que tienen. Me gustaría contarte los miles de sueños que he tenido con tus ojos verdes. Ese esmeralda, tan puro, tan devastador. Ese que me ha mirado en la oscuridad, hablándome, porque sí, tus ojos me hablaban, aunque a veces me cuestionaba que quizá era tu alma. (Ya sabes eso que dicen de que los ojos son el reflejo del alma).
Aquellos ojos tristes, perdidos, náufragos.
Aún los sigo recordando cuando me despierto y siento una presión en el pecho.
Ahí donde tu descansabas, donde te apoyabas mientras me contabas tus temores, tus miedos.
Podría decirte lo mucho que te quise, y lo mucho que te quiero. Porque aún lo sigo haciendo. Y sé que esto no te dirá nada, tan solo son palabras, desvaríos de un alma que no sabe cómo expresarse a través de la mirada.

viernes, 22 de agosto de 2014

Porque estás triste y no quieres hablar de ello.

Estaba sentada en las escaleras de aquel parque, donde siempre solíamos encontrarnos. Mirando a ambas direcciones, intentando verlo venir desde lejos, esperando encontrarme con una de sus sonrisas. 
Me tocó el hombro, y le miré. Allí estaba él, con su sonrisa, aquella que me hacía feliz nada más verla y sus ojos esmeralda. Pero había algo en él que no cuadraba. Últimamente había algo en él, parecía distinto.
Se sentó a mi lado, le dediqué una sonrisa y ambos miramos el parque lleno de niños. En silencio. Estuvimos así durante unos minutos, hasta que me decidí a romper aquel silencio.
- Quiero que me lo cuentes.
- ¿Qué te cuente el qué?
- Lo sabes de sobra, Edgar.
- No, no lo sé.
Le miré a los ojos. Y respiré hondo.
- Joder, Edgar, suéltalo ya de una vez. Me estás matando.
Él miró el suelo, y después giró la cabeza hacía otra dirección. Me levanté frustrada.
- ¿Sabes lo difícil qué es ser tu amiga?
Me miró a los ojos, y se encogió de hombros, molesto.
- ¿Por qué? ¿Por qué no le cuento mis problemas a nadie?
- No - dije cansada. Me senté de nuevo a su lado y me miré las manos-. Porque estás triste y no quieres hablar de ello.
Hubo un silencio. Edgar se inclinó hacia adelante y se pasó la mano por el pelo, aquel pelo cobrizo que tantas veces le había alborotado.
- No puedo.
Suspiré. Este chico era idiota.
- Mira, Edgar, yo solo quiero que estés bien. Quiero que vuelvas a ser el mismo de antes. Aquel que se reía, y que sonreía, que sonreía de verdad. Y solo quiero ayudarte. Pero no me dejas. Y no voy a ver cómo te hundes sin poder hacer nada al respecto.
- Pues márchate.
- Eres un egoísta de mierda- le solté-. ¿Te crees que yo no lo he pasado mal?
- Claro que lo has pasado mal. 
- Sí, y tu no hiciste nada. No hiciste nada porque pensaste que me iba a molestar. Ese es el problema, que te quedaste ahí, sentado, viendo cómo me hundía día tras día. Joder, lo que hubiera deseado que mi mejor amigo hubiera estado ahí. Te necesitaba a mi lado, Edgar. Y tú solo pensabas en ti mismo y en tus problemas. Y yo te necesitaba, pero seguí adelante. Sola. Y no veas lo mucho que dolió. Me sentía malditamente sola, cómo si no hubiera nadie en este mundo a quién yo le importara. Y tu hacías cómo si nada, como si todo siguiera igual, cómo si no hubiera cambiado nada. Te necesitaba y no te pedí ayuda. Porque pensé que no te importaba, que no te importaba una mierda. ¿Y sabes qué? Me da igual que seas un egoísta. Soy tu amiga, tu mejor amiga, y aunque tu no estuviste cuándo más te necesité...yo no voy ha hacerte eso, no me voy a quedar aquí sentada viendo cómo te hundes, así que, me vas a tener que contar qué te está pasando.
Edgar hundió sus ojos en los míos.
- Lo siento. Lo siento muchísimo.
- Está superado, Edgar.
- Tendría que haberte ayudado, tendría que haber estado ahí. Y no estuve, jamás me lo perdonaré.
Se echó las manos a la cara y empezó a llorar. Joder. Le abracé hasta que dejó de sollozar.
- Suéltalo ya, Edgar. Lo hará menos doloroso.
Se secó las lágrimas con el puño de la manga y empezó a contarlo.



martes, 19 de agosto de 2014

Magia.

A Tessa le gustaba sentarse en aquella piedra, donde veía toda la ciudad, y las montañas a lo lejos confundiéndose con el azul del cielo.
Le gustaba sentir el sol en la piel, y aquel viento intenso y juguetón que le revolvía el pelo. Le gustaba quedarse callada y oír el canto de las golondrinas que surcaban el cielo al atardecer.
Cerraba los ojos y contaba hasta diez.
Ella sabía que la vida era bonita a pesar de ser jodida. Era mágica, sí, había magia en la vida.
Ella decía que había diferentes tipos de magia.
La magia del amor, del primer beso, de los abrazos, de las palabras, de la naturaleza, de la poesía, y un largo etcétera que nunca acabaría.
Y después estábamos nosotros.
Eramos magia.
Y hacíamos que la vida fuera mágica.
Si había algo que hiciera la vida bonita era la magia.
Y Tessa lo sabía, por eso cerraba los ojos, contaba hasta diez, respiraba hondo y seguía adelante a pesar de todo.

lunes, 18 de agosto de 2014

Estoy feliz.

Ayer mi madre me miró, levantó las cejas y dijo, sorprendida, 'estás feliz' y yo le sonreí.
Sí, estoy feliz. No sé cuanto va a durar esto, pero espero que sea lo suficiente.
Me he dado cuenta de que hay abrazos que te llenan de felicidad y que te juntan todos los pedazitos rotos por un momento haciendo que todos encajen.
Que hay personas que siempre estarán ahí, en todo momento, tanto en lo malo como en lo bueno.
Y que a veces tenemos que respirar, y contar hasta diez.
Creo que ha sido el mejor verano de mi vida, lo sé, no lo parecía.
Pero me he dado cuenta de algo, en este preciso instante, sentada en mi cama pasando calor, me he dado cuenta de que tengo todo lo que quería, todo lo que me había pasado queriendo durante todo el verano.
Lo he intentado un poco más con personas con las que me había rendido, porque hay que intentarlo un poco más, y no rendirse.
Y ayer conocí por primera vez a una de las personas más importantes de mi vida, que ha estado ahí en todo momento, en lo malo y en lo bueno, hace ya más de un año.
Además, he pasado tres semanas increíbles con personas increíbles en un país increíble cómo es Inglaterra.
Y me he dado cuenta de algo, son las pequeñas cosas las que dan felicidad, como ese instante en el que echas a correr con los brazos abiertos lista para ese abrazo tan deseado desde hace más de un año, o ese mensaje que aparece en tu pantalla diciendo 'yo también te echo de menos', o esa sonrisa pícara que te lanza ese chico que a penas conoces de dos semanas, o ese 'preciosa, guapisima, cubanita de mi amoh' que te sueltan a modo juguetón, o ese instante en el que tienes que coger aire después de haberlo soltado todo en una carcajada, son pequeños detalles que tienes que saber aprovechar, y tienes que conformarte con ellos.
No tienes porque buscar algo que no existe aún, ya llegará cuando sea su momento.
Todo llegará en su momento, hasta entonces, solo nos quedará disfrutar de lo que tenemos.
Y si nos lo proponemos, saldremos de todo, de todo, porque cómo decía Bukowski 'hasta la muerte tiene salidas'.

Mi amiga y yo, conociéndonos por primera vez después de más de un año. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Todo es por mi culpa.

Soy una persona horrible. Y me merezco esto. Si todos se alejan de mi es por mi culpa. Todo es por mi culpa. Siempre pude haber dado más, pero nunca lo hice. Podría haberlo intentado una vez más, pero no lo hice. Y soy una persona horrible. Solo sé romper todo lo que toco, es cómo si todo lo arrastrase conmigo a ese pozo sin fondo. Me dan la mano y yo lo único que hago es dar la espalda. Porque hay algo aquí dentro que me obliga a salir corriendo a la más mínima muestra de afecto.
Y he hecho mucho daño.
Y siento que se me va a romper el pecho de lo mucho que duele todo esto.
Y de verdad que he intentado salir de este agujero, pero siento que no me lo merezco.
Y ni si quiera tengo fuerzas para intentarlo una vez más.
Lo siento, yo nunca he querido esto.
Y no sabes lo mucho que duele, y rompe, y destroza.
Y estoy tan rota que ya no sé cómo arreglar todo lo que rompí.
Y lo siento.
Lo siento.
          Lo siento.
                    Lo siento.


sábado, 9 de agosto de 2014

Me rompió el alma de la intensidad con la que me amaba.


Balanceé las piernas a un lado de la cama, mientras me inclinaba a coger la ropa que descansaba revuelta a los pies de la mesita de noche. Pero entonces me empujaste hacia atrás y me abrazaste desde la espalda. Piel contra piel. Podía sentir tu pecho ascendiendo y descendiendo contra mis vértebras. Me besaste detrás de la oreja y me susurraste 'quédate'. 
Me di la vuelta y te miré a los ojos, tú sonreíste y se me paró el corazón y deje de respirar durante un momento. Y me acariciaste el hombro con tus dedos, y fuiste bajando, por mi antebrazo, por mi cadera, subiste de nuevo, y descansaste la mano en la curva de mi cintura.
'Te quiero' susurraste, y se me rompió el pecho. Porque cuando me mirabas a los ojos y susurrabas aquellas palabras, no sabía cómo pero sentía que jamás podría quererte tanto como tú me querías a mi, y aquello me dolía. Quererte dolía.
Fruncí el ceño y con el pulgar de tu mano derecha apretaste entre mis cejas 'qué pasa, ¿cuál es el problema?' Me di la vuelta y me senté al borde de la cama, toqué el suelo con los pies descalzos y me encogí del frío. 
'No puedo' dije, y miré hacia el lado de la cama en el que descansabas recostado, con tu pecho desnudo, y aquella sábana blanca tapándote el culo. Tenías una línea desordenada de lunares por tu omóplato izquierdo, y tres lunares formando un triángulo en el centro del derecho.
Te apoyaste en un brazo y te giraste para mirarme, un deseo ferviente se apoderó de mi, quería acariciar tu pecho desnudo, besar tus labios, y acariciar tu mandíbula y pasar las manos por aquel pelo despeinado y aferrarme a tu espalda como si fuera el borde del precipicio por el que caería al llegar al orgasmo. 
Pero no hice nada, me quedé mirándote, después te di la espalda y recogí la ropa del suelo. Me puse las bragas y el sujetador, los vaqueros y la camiseta negra bajo tu mirada, y tu no hiciste nada. Y justo cuando iba a cruzar la habitación para llegar hasta la puerta susurraste 'no lo entiendo'. 
Me di media vuelta y te dije 'no tienes por qué entenderlo'.
'Pero quiero hacerlo, quiero entender porque haces esto, te quiero, y no quiero dejarte ir, pero sé que lo harás aunque intente impedírtelo'
'Lo haré'
'¿Por qué?'
'Porque yo no sirvo para esto, porque yo no estoy hecha para amar, ni para ser amada. Quererte duele, y cada vez que me dices 'te quiero' se me rompe el pecho, y no quiero hacerte daño, y si me quedo lo haré, y no te mereces eso, te mereces a alguien que sepa devolverte los 'te quiero' con la
misma intensidad, y esa no soy yo. No puedo hacer esto, lo siento'
Y me marché, me marché pero dejé el corazón en aquella habitación del octavo, con aquel tío desnudo entre sábanas blancas que me rompió el alma de la intensidad con la que me amaba.






jueves, 7 de agosto de 2014

A nadie le interesa la gente que esta sola.

Que no te engañen.
A nadie le interesa la gente que esta sola.
Aquellas personas que desprenden melancolía, 
que huelen a tristeza pura.
Aquellas que se abrazan a sí mismas,
para que sus pedazos no caigan al frío suelo.
A nadie le interesa la gente que abraza la almohada a oscuras,
sin encender la luz por miedo a aceptar que no hay nadie al que aferrarse.
Y esas noches, llenas de precipicios, se hacen tan dolorosas cuando estás sola.
Quieres gritar, pero tienes un nudo en la garganta que te lo impide.
Quieres llorar, porque al fin y al cabo, llorar es bueno, 
tenemos que vaciar nuestro océano interno,
pero sientes que ya no hay suficientes lágrimas, que el dolor es demasiado intenso.
Que está ahí latiendo y haciendo eco allí en tu pecho.
Porque, a veces, te sientes tan rota, pero tan jodidamente rota,
que no te extrañaría que por un momento el mundo entero estallara,
y todos los pedazos te acabaran cayendo. 
Nadie nos entiende.
Y no nos engañemos.
A nadie le interesa la gente... que esta sola.





domingo, 3 de agosto de 2014

Lo siento.

Bukowski decía "si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas. A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas. Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador o clavado en tu máquina de escribir, buscando las palabras, no lo hagas."
Quizás yo no debería hacerlo.
Porque busco y busco las palabras y nada es lo suficientemente bueno.
No sé cómo explicar este vacío. No sé cómo explicar lo sola que me siento. No sé cómo explicar este dolor en el pecho. No sé cómo explicar nada de esto.
Y necesito sacarlo de mi, de aquí dentro. 
Pero es cómo si no quisiera salir.
Y, lo siento.

martes, 29 de julio de 2014

Sad people.

Las personas tristes aman de otra manera. Por eso te dije que te marcharas.
No lo entenderías ni aunque te lo explicara.
Simplemente, no quería hacerte daño.
Yo no estoy hecha para amar, solo sé vivir doliendo.
Y es algo que no quiero que veas.
No quiero que vivas rodeado de mi dolor, de ese aire a tristeza y soledad.
Porque no te lo mereces.
Nadie se lo merece.
Por eso las personas tristes vivimos rodeados de soledad.
Porque no estamos tristes, somos tristes.
Y querer a alguien que es triste no puede ser una manera de vivir.
Con eso solo consigues sufrir.
Lo siento.
De verdad que lo siento.
Y créeme cuando digo que me hubiera gustado saber quererte como lo necesitabas.
Pero es mejor así.
Márchate. Y por favor, no mires atrás.
Aquello me destrozaría el alma, más de lo que está.
Y no creo que fueras capaz de arreglar todo este desorden.
Además, no necesitas hacer eso.
Quiero que seas feliz, y estando conmigo nunca lo conseguirías.
Sé que creías que podías arreglarme.
Pero estoy demasiado rota.
Solo márchate, y no te pares a pensar por qué.
Sé que serás feliz de la misma manera que sé que yo seguiré siendo así.
Las personas tristes viven rodeadas de soledad.
Nosotros no sabemos amar, no de la misma manera que los demás.
No lo entenderías jamás.
Tu simplemente márchate, y por favor, por favor, no mires atrás.

sábado, 21 de junio de 2014

Y ahora, me he dado cuenta de que he perdido lo poco que me quedaba.

No sé para qué coño me abro de par en par, si después se me cierran todas las salidas. Al menos, respiro mejor desde que nos odiamos. Desde que ya no somos nadie, solos desconocidos. Vale, lo sé, estoy mintiendo. Estoy destrozada. Bueno, quizás no es para tanto. No sé, es extraño, te echo de menos pero a la vez no te extraño. Quiero que estés a mi lado, y a la vez no quiero. Te necesito, pero a la vez me eres indiferente. Te odio, pero a la vez te quiero. Es confuso. Y no paro de darle vueltas mientras veo que ya no hay salidas. Mientras veo, que lo mande todo a la mierda, pensando que valía la pena, y en realidad, no lo valía. Pensaba que no iba a estar sola, que todo iba a ser distinto. Pensaba que podría llenar ese vacío en mi pecho, pensaba que mis heridas podrían cicatrizar con esos pedazos rotos en su interior, pero no hacen más que sangrar. Pensaba que habría gente que me necesitaría, pero ahora solo me siento un estorbo. No le importo a nadie. Y el vacío sigue en mi pecho, igual que el nudo de mi garganta. Y, ahora, me he mirado las manos y me he dado cuenta que he perdido lo poco que me quedaba, que a pesar de aferrarme a él con las uñas, lo solté. Lo solté pensando que todo iba a estar bien, y creo que esa es la peor mentira que podría haberme dicho a mi misma. Porque pensaba que todo iba a estar bien, y nada de esto se acerca a estarlo. Todo va de peor a peor, y la oscuridad me llama, y aunque no quiero volver a ella, me llama, y sé que en algún momento sucumbiré a su llamada si no hago nada para callarla. Y en el fondo, tengo ganas, tengo ganas de encontrarme con mis demonios, con mis monstruos, porque aquí nadie me necesita, y, aunque suene ridículo, ellos son los únicos que están ahí cuando los necesito, que me dan cobijo y una mano a la que agarrarme mientras me dejo llevar hacia la negrura.










jueves, 19 de junio de 2014

La niña que se odiaba a sí misma.

La niña se abraza a su madre, y le dice 'Mamá, ¿tú me quieres?' su madre la levanta y la abraza, 'pues claro que te quiero'. La niña se queda en silencio y cuando esta apunto de susurrar 'mentira' mira a su madre a los ojos y le hace una seña para que la deje en el suelo. La niña le da un beso en la mejilla y corre al aseo. Allí en el aseo, abre el grifo del agua y mira como su reflejo llora en silencio. Lágrimas saladas caen por sus mejillas, y días tristes se ven en su mirada. La niña se lava la cara, abre mucho los ojos y se echa gotas de agua, había descubierto que si se echaba gotitas de agua que caían de la punta de sus dedos al ojo no se le quedaban rojos, y nadie se fijaba en que había llorado.
'Nadie te quiere' le susurra al espejo. Y cierra de un portazo el aseo, su madre baja, asustada y cuando ella la ve le dice 'Mamá, no quiero quedarme sola' su madre la mira, preocupada y se dice a sí misma 'qué le pasará a mi hija'. La niña niega con la cabeza y dice 'Mamá, no quiero ser quién soy'. Su madre la vuelve a mirar con el ceño fruncido '¿por qué dices eso?' La niña corre hacia su habitación y pega otro portazo, su madre toca al rato la puerta pero ella se hace la dormida y su madre se marcha. Ella le da golpes a la almohada y ahoga sus gritos en ella. Ahora no sabrá cómo explicarle todo lo que ha dicho a su madre, no quería preocuparla, pero ni si quiera sirve para eso. No sirve para nada, todo le sale mal. La niña apaga la luz y se mete debajo de la cama, había encontrado el único lugar en el que se sentía a salvo, y era allí, junto a los monstruos. Ella también era una especie de monstruo, o al menos así se veía a sí misma. Se metía debajo de la cama cuando sentía que se hacía pequeña y el mundo era tan grande que asfixiaba, o cuando discutía con su madre, eso siempre funcionaba, se quedaba una hora metida debajo de la cama con la mejilla apoyada en el frío suelo, oyendo como su madre hablaba sola por toda la casa enfadada, y cuando se callaba salía y era como si nunca hubiera pasado nada. Ojala meterse debajo de la cama siempre solucionara las cosas. Pero no era así.
No quería salir de ahí, no quería volver al colegio donde todos los niños se burlaban de ella y nadie la aceptaba, no quería sentarse todos los recreos en el mismo banco mientras veía cómo todos los niños jugaban, y menos ahora, que hace unos días atrás un niño que jugaba cerca al fútbol le tiró el balón a la cabeza mientras ella estaba acostada en el banco mirando las nubes, ¡y ni si quiera se disculpó! No quería volver a oír esos apodos que le habían puesto los chicos de su clase, y menos aún quería ver a la chica que le había dicho 'si no cambias no puedes estar con nosotras, no nos gusta como eres'. A nadie le gustaba como ella era, ni si quiera a ella, pero ella era así. 'No puedo cambiar' se decía una y otra vez cerrando los ojos muy fuerte, deseando que cuándo fuera a abrirlos fuera otra persona diferente.
Su madre siempre decía 'los niños son crueles', la niña miraba a su madre y después bajaba la vista al suelo, dándole la razón con una mirada cansada. Demasiado cansada para su edad.


miércoles, 18 de junio de 2014

Te llenan el corazón de promesas, y después se marchan.

Sé poco sobre amar, pero mucho sobre doler. También sé bastante sobre perder a personas, puesto que llevo toda mi vida perdiéndolas, sé cómo se siente uno y cómo se siente de intensa la nostalgia que llega después. Y sé cómo saben todos esos momentos amargos, amargos porque por muy bonitos que fueron, se perdieron. Y, claro, empezaste a odiarlos. Odiaste todo de ellos, los odiaste más que a la propia persona que había en ellos y que se había marchado, los odiaste por no odiarte a ti mismo. Ya que dejaste que esa persona se marchara. También sé mucho sobre el odio, y cómo decía Robert Frost con aquel poema que me enamoró 'si por dos veces el mundo pareciera, creo que conozco lo bastante el odio, para decir que, en cuanto a destrucción, también el hielo es grande y suficiente'. El odio es un sentimiento muy intenso, y doloroso. Lo peor de todo es que empiezas a odiar al mundo entero, porque nadie permanece a tu lado. Y empiezas a odiarlos, a ellos, por no estar ahí cuando los necesitas, y empiezas a odiarte, a ti misma, por no ser lo que ellos esperaban, por ser tú el problema. Porque el problema no está en ellos, el problema reside dentro de ti, en tus entrañas, donde más duele. También sé mucho sobre el paso del tiempo, se hace doloroso, increíblemente doloroso, y se te queda la boca con un sabor agridulce, porque aún recuerdas todos aquellos momentos felices, pero no puedes volver a sentir aquella felicidad. Y eso jode, joder, no sabéis bien cuánto jode. Aunque, lo que más jode, es saber que esa persona ha seguido adelante mientras tu te has quedado estancada ahí, en el preciso instante en que te diste cuenta de que había pasado página y tú, con la esquina cogida y la mano temblorosa, tenías las letras emborronadas de tantas lágrimas. Y cómo os decía, sé poco sobre amar, Bukowski decía 'si tienes capacidad de amar, ámate a ti mismo primero', pero, claro, yo sé poco sobre amar, y ya ni os digo sobre amarte a ti mismo, porque el odio hacia uno mismo es más intenso, y aunque parezca extraño, es más fácil de llevar. Y claro, lo poco que sé, lo pierdo una y otra vez, cuando me llenan el corazón de promesas y tequieros, yo me esfuerzo en querer a esa persona aún sabiendo lo poco que sé sobre amar, y claro, quizás por eso nunca aprendo lo suficiente, porque, lo doy todo, y después se marchan, y me quedo sin nada.

Perdonadme éste lío de palabras, es que hoy mi mente no está muy clara.

martes, 17 de junio de 2014

Nuestro final.

No sé que es lo que más me sorprende de ti, si tu orgullo, tu egoísmo y o tu indiferencia. Actúas cómo si yo hubiera querido esto desde el principio, y sin embargo, yo estoy destrozada porque todo haya acabado así. Y nos espera un largo verano, y no sé que será de ti y de mi cuándo volvamos a vernos las caras. Quizás nunca te importé. Quizás nunca signifiqué pare ti lo que creía que significaba. Y no me intentes dejar a mi como la mala, porque yo hice todo porque te quedaras. Lo intenté una y mil veces contigo, y jamás me rendí, te busqué cuándo te encontrabas mal, y me quedé, en silencio, pero estuve ahí. Sin embargo, tú nunca estuviste ahí, y es ahora cuando me doy cuenta de todo eso. De que nunca te importé, y si lo hice, lo siento, pero nunca me lo demostraste. No sé en que momento se perdió la magia, no sé en que momento dejé atrás todo lo que eramos, todo lo que fuimos, no sé en qué momento los abrazos carecieron de sentido, y las sonrisas no fueron lo suficientemente verdaderas. Y lo siento, joder, lo siento. Pero ahora sé que yo nunca tuve la culpa de nada de esto, que estuve intentándolo hasta que me quedé sin fuerzas y se convirtió en algo imposible. Y si se convirtió en algo imposible fue porque tu no hiciste nada. Y en esto, ambas partes tienen que poner algo, tienen que esforzarse por el otro, tienen que confiar en el otro, tienen que preocuparse por el otro. Y tú nunca hiciste nada de eso, y si lo hiciste, no lo demostraste. Lo que ahora sé, es quién eres realmente. Y me duele. Me duele mucho, muchísimo. No sé en qué momento cambiamos, no sé en que momento nos convertimos en lo que ahora somos. Pero esto no es culpa mía, y no hagas como si lo fuera. Porque no, porque estoy harta de ser siempre yo la culpable. Estoy harta de que siempre haya tenido yo la culpa de que todos se hayan alejado de mi, estoy harta de echarme la culpa por estar sola. Joder, yo no tengo la culpa de nada. Soy así, y no puedo cambiarlo. Y sé que a la gente no le importa las personas cómo yo, sé que la gente cómo yo no vale la pena. Pero ésta vez, no me echaré la culpa a mi misma, esta vez no me sentiré la mala de la película, porque no lo soy. Porque yo no tengo la culpa de que todos se acaben marchando, y si la tengo, no me lo merezco. No he hecho nada para que todo esto acabara así, siempre fui yo la que más lo intentó. Y me jode darle tantas vueltas, simplemente, la vida es así. Y no puedo hacer nada para cambiar todo ésto. Las cosas suceden por un motivo. Quizás ya era la hora de separar nuestros caminos. Las personas no son eternas, nada es para siempre, nada. Y ésto, tu y yo, ha llegado a su final.
Pero, para mi esto no es el final, es solo el final de un capítulo de mi vida, ahora es la hora de otro capítulo, del comienzo de algo que aún desconozco.
Y, espero que tú también sigas adelante.


domingo, 15 de junio de 2014

Lo has perdido todo.

Le gustaba protegerse del mundo. Bajo esas mantas que espantaban sus peores demonios. Le gustaba olvidarse de todo. De todos. Le daba miedo depender de la gente, confiar en la gente. Le daba miedo la gente. Ya no se fiaba ni de su propia sombra, aquella que aparecía y desaparecía cuándo quería. Cómo todas aquellas personas que dijeron que estarían ahí y no estuvieron. En ningún momento. Las personas que realmente nos quieren nunca nos abandonan. A ella le habían abandonado todos. Había mirado hacía atrás cuándo sólo le quedaban centímetros para saltar y un poco de voluntad, y los había visto a todos retroceder, de brazos cruzados, y se había dejado caer. Se había dejado caer con el pensamiento de que no le importaba a nadie. De que nunca le había importado a nadie. Y decidió dejarlo así. Decidió no darle más vueltas. Decidió dejarse caer al vacío vacía. Sin sentimientos, sin recuerdos, sin dolor. Simplemente se abalanzó a su propia ruina. Como si eso fuera a hacer algo de todo eso más soportable. Cómo si alguien se fuera a tirar junto a ella, o a salvarla en el último momento agarrando su muñeca. Pero sólo caía y caía en ese inmenso vacío. Y, mientras caía, se preguntó, se preguntó por todas aquellas promesas, por esas lágrimas, por esas risas, esas sonrisas, y se dio cuenta de que todo carecía de sentido. Que las personas se rompen antes o después y todo deja de tener sentido. Porque, simplemente, eres tú contra el vacío. Eres tú, sin nadie a tu lado. Sin nadie que te agarre de la mano en el último segundo. Y mantienes la esperanza de que lo hagan, de significar algo para alguien. Porque, ya sabes, la esperanza es lo último que se pierde. Y cuándo te ves arrojada al vacío ya no te queda nada, ya lo has perdido todo.


viernes, 6 de junio de 2014

Café.

Le gustaba el olor a café recién hecho. Lo aspiraba, como si se tratase de oxígeno. Él sonreía cuando veía cómo se acercaba a la cafetera por las mañanas y ponía la nariz tan cerca que pensaba que algún día se la quemaría con el café recién hecho.
Mientras él se comía su tostada, la observaba, cogía una taza, echaba un poco de café y siempre siempre siempre una gota resbalaba por la taza, ella, haciendo caso omiso de aquello, le echaba un poco de leche condensada por encima, con la lengua entre los labios y el ceño fruncido, pero no echaba mucha, porque le encantaba que estuviera amargo. Después cogía la taza, y se manchaba los dedos de café, pero a penas se daba cuenta. Se sentaba al lado de él y dejaba la taza de café en la mesa, la cogía con las dos manos y se quedaba mirando por la ventana.
Él nunca supo qué miraba, se quedaba observando las nubes, en silencio, o eso creía él. Observaba el color celeste del cielo. Y el  sol proyectaba sombras en su cara, y reflejos rojos se veían en su pelo.
Entonces, pestañeaba y salía de su ensimismamiento, y levantaba la taza para llevársela a los labios y probaba el café.
- Está un poco frío. - susurraba siempre.
- Dame, yo te lo caliento - él le cogía la taza y la llevaba al microondas mientras pensaba qué había en su mente, ¿por qué pensaba durante tanto tiempo que el café dejaba de ser café de lo frío que estaba?
Y, mientras él estaba vuelto, mirando el café dar vueltas en el microondas, pensando qué habitaba en la cabeza de aquella chica, a ella, se le escapaban un par de lágrimas. Pero se las secaba rápidamente, y juntaba sus pedazos rotos para que él no se cortara con ellos cuando volviese con el café entre las manos.


El tiempo pasa, y las personas con él.

La vida pasa muy deprisa, a veces pienso, que me he saltado varias señales de stop, pero, me detengo mientras veo cómo el tiempo pasa sin pausa y me doy cuenta de que nunca hubo una. De que el mundo no se para por nadie, ni por nada.
Y he dejado atrás a personas que necesitaba, y ahora no puedo volver a por ellas. Y las he abandonado con orgullo, sin mirar hacia atrás, sin una despedida, sin un adiós, sin tan si quiera un 'hasta luego'. Y ahora, todo ese peso cae sobre mi, sobre mis hombros, cansados y desgastados. Sobre mi espalda, que ha soportado tanto dolor que ya no sabe como mantenerse derecha.
Lo cierto, es que, a veces, me paro a pensar en cómo aquellas personas me alegraban los días, me hacían reír, me soportaban, me secaban las lágrimas. Y ahora, ahora somos dos desconocidos.
He dejado a mucha gente atrás por el camino, y odio hacerlo, pero es algo que todos debemos hacer, para vivir, para seguir adelante.
Porque, el paso del tiempo no se detiene. Y, cuando tomas la decisión de dejar atrás a alguien, tienes que aceptar que solo quedaran recuerdos.
Recuerdos de sus ojos, de su sonrisa, de sus chistes malos, de sus tonterías.
Pero, ese pasado jamás volverá a ser presente, y si vuelve a serlo, no lo será igual que antes, no lo será con la misma intensidad.
Y, aunque creas que todo el peso recae sobre ti, no es cierto. Y eso es lo que me mantiene viviendo. El creer, y, aunque no estoy segura, decidme a mi misma 'tú no tienes toda la culpa'.
Porque si esa persona hubiera querido seguir en tu vida, seguiría.
Porque sí, el tiempo pasa, pero abandonarse el uno al otro, depende de ambos.
Puede que yo te dejará marchar, sin mirar hacia atrás, pero también sabes que te tendí la mano mientras caminaba hacia adelante en tantas ocasiones que perdí la cuenta, y tu nunca la cogiste.
Yo hice todo lo que pude, por no olvidarnos, por no convertirnos en desconocidos después de todo lo vivido, pero tú no hiciste nada, te quedaste con los brazos cruzados mientras veías como me alejaba, como miraba hacia atrás una y otra vez hasta que dejé de hacerlo. Y eso, saber que yo hice todo lo que pude para que tu siguieras a mi lado, es lo que evita que me caiga a pedazos.

martes, 3 de junio de 2014

Porque solo sé ser doliendo.

Hay momentos en la vida que te marcan. Que te hacen decir basta.
Quizás no tenga que luchar contra mis demonios, quizás ellos tienen que ser mis amigos, quizás solo es cuestión de hacerles creer que me tienen entre sus garras, y que jamás podré escaparme de ellos. Hacerles creer que soy feliz en las sombras. Que soy feliz con ellos a mi lado. Quizás así bajen la guardia, y dejen de apretarme el pecho con esa maldita cuerda que me tiene atada, quizás así dejen de toquetear mi corazón, y de meterse en mi cabeza para hacerme creer que he dejado de estar cuerda. Porque, sé, que en el fondo, soy lo suficientemente fuerte para combatir contra ellos. Solo tengo que ser más lista, más audaz.
Pero claro, esa es la parte fácil. Lo más arduo de todo será la tentación. Porque el fuego del infierno me puede hacer caer, porque puedo sucumbir a la oscuridad y convertirme en nada. Porque, quizás, no soy lo suficientemente fuerte, y me haga realmente amiga de mis demonios. Quizás, en el fondo, me gusta que me toqueteen el corazón, y que me presionen la garganta, convirtiendo mi mundo en un nudo imposible de desatar, quizás, en realidad, no esté totalmente cuerda, y quizás me guste el dolor que me producen sus garras, agarrándome fuertemente, hundiéndome sus zarpas, mientras gotitas escarlata se deslizan por mi piel. Porque a fin y al cabo, es el dolor el que me hace seguir respirando, el que me da fuerzas para seguir avanzando.
Entonces, la cuestión reside ahí, porque no sé cual es la opción correcta, porque ninguna de las dos es fácil, porque puedo sucumbir y dejarme llevar, o puedo luchar. Pero si lucho, ¿quién me asegura que será fácil vivir sin dolor?
Porque, la cosa está en que yo, sólo sé ser doliendo.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Efecto colateral.

Fragmento de 'Bajo la misma estrella' desde el punto de vista de Augustus.

Ambos estábamos rotos. Ambos teníamos los días contados.
Pero eso no nos importaba. No me importaba. Porque me encantaba la forma en que su pelo castaño acariciaba sus orejas, y me encantaba la forma en la que se lo echaba para atrás como si le molestara, a pesar de llevarlo corto. Me encantaban las arruguitas que se formaban en sus ojos cuando sonreía, y, estaba enamorado de sus ojos verdes. Sus ojos esmeralda me volvían loco. De pies a cabeza, bueno, más bien de un pie a la cabeza. Pero aquella pierna ortopédica a ella le daba igual, y la verdad, es que han habido muchas chicas que se han echado para atrás al verla. Pero ella era especial. Ella me entendía. Y, a mi me daba igual aquella bombona de oxigeno que arrastraba a sus espaldas, Philip, la habría llevado millones de veces si ella me hubiera dejado hacerlo.
Me apetecía darle la mano, pero mantuve las manos quietas y la mirada en la película. La verdad, es que me asustaba un poco aquello de volar, pero a la vez me parecía emocionante. Aunque tenerla a mi lado superaba todas las emociones.
Levantó la cabeza de mi hombro y me miró en silencio.
Seguí mirando la película, los buenos habían perdido, pero mantuve la sonrisa, porque ella se volvió a acomodar a mi lado, con los ojos cerrados.
Fue entonces, cuando aparte la mirada de la película y la miré.
Debería estar prohibido que gente tan preciosa como ella existiera. Todo en ella era perfecto. La forma de sus labios, sus pestañas, largas y espesas, su pelo liso. Era un chica extraña, y eso era lo que más me gustaba. No era como el resto, era ella, siempre era ella misma. Y eso es algo difícil de ser. Y sé que estaba rota, ambos estábamos rotos, pero a pesar de eso, ella habría hecho lo que fuera necesario para no hacerme daño. Aunque eso significará alejarse de mi, pero yo no la quería lejos de mi. No, desde que la conocí aquel día en el grupo de apoyo, la había necesitado para vivir, para respirar.
Abrió los ojos y yo volví a fijarlos en la pantalla. Vi cómo movía la boca, y me quite los auriculares.
- Perdona, estaba totalmente metido en el noble sacrificio. ¿Qué me decías? - le pregunté.
Levantó la mirada y me miró, pestañeo varias veces y se volvió a acomodar en mi hombro, sonriendo.
- ¿Cuánta gente crees que ha muerto? - pregunto con un hilo de voz.
- ¿Preguntas cuánta gente ficticia muere en esta película de ficción? - sonreí-. No la suficiente.
- No. Quiero decir desde siempre. ¿Cuánta gente crees que ha muerto en total?
Estaba pensando en la muerte, pensar en la muerte era un efecto colateral de tener cáncer y estar muriéndose.
- Pues resulta que puedo responderte- le dije-. Hay siete mil millones de personas vivas, y alrededor de noventa y ocho mil millones muertas.
- Vaya - contestó, asombrada.- Hay unos catorce muertos por cada vivo.
Asentí.
Recuerdo que mi miedo al olvido me hizo buscar información sobre el tema.
- Investigué un poco este tema hace un par de años. Me preguntaba si era posible recordar a todo el mundo. Si nos organizáramos y asignáramos determinada cantidad de cadáveres a cada persona, ¿habría suficientes personas vivas para recordar a todos los muertos?
- ¿Las habría?
- Claro. Todo el mundo puede recordar a catorce muertos. Pero somos plañideras desorganizadas, así que muchos acaban recordando a Shakespeare, pero nadie recuerda a la persona sobre la que escribió el soneto 55.
No hablamos mucho más, ella se puso a leer poesía y yo cogí el libro de Un dolor imperial para releerlo.
Después de un rato, le pedí que me recitará algún poema que se supiera de memoria, ella empezó, indecisa.
Y mientras hablaba, mientras su boca recitaba esos versos, que a penas escuchaba, ya que la forma en que sus labios se movían me hipnotizaban... me di cuenta de hasta que punto estaba enamorado de ella. De todo lo que ella conllevaba. Estaba enamorado de sus pedazos rotos. Y hasta de los días contados que nos quedaban a los dos. Y quería vivir, quería vivir aquel pequeño infinito, amándola, y sabiendo que ella me amaba. Así que no pude contenerme, apreté los puños, y en cuanto terminó el último verso, le dije:
- Estoy enamorado de ti.
- Augustus - dijo ella, con voz ahogada.
- Lo estoy. Estoy enamorado de ti, y no me apetece privarme del sencillo placer de decir la verdad. Estoy enamorado de ti y sé que el amor es solo un grito en el vacío, que es inevitable el olvido, que estamos todos condenados y que llegará el día en que todos nuestro esfuerzos volverán al polvo. Y sé que el sol engullirá la única tierra que vamos a tener, y - hice una pausa, y cogí aire para continuar- estoy enamorado de ti.
- Augustus - repitió, esta vez al borde de las lágrimas.
Lágrimas de emoción, supuse. Yo también tenía ganas de llorar. Porque era tal sentimiento el que me embriagaba que no lo podía soportar. Nunca había sentido el corazón tan lleno, no me extrañaría que en cualquier momento explotara de felicidad.
La miré, la miré en silencio, y ella me devolvió la mirada. Sacudí la cabeza, y miré por la ventana, porque si seguía mirando esos ojos esmeralda, moriría de amor.


Mi única intención con ésto ha sido daros a conocer este maravilloso libro, que todo aquel que se precie debería leer. Y bueno, cómo no hacerlo con uno de mis fragmentos favoritos.