sábado, 18 de enero de 2014

Ya no sabe como resistirse.

Tal vez la chica de la sonrisa misteriosa, de la mirada profunda, aquella que tenía una tormenta en sus ojos, en sus ojeras, tal vez esa chica se ha cansado. La tormenta de sus ojos se ha calmado para dejar paso a un a un mar tranquilo. Pero ¿para qué? Si todo sigue igual. Las ojeras le siguen haciendo daño y se sigue despertando por las noches rodeada de mantas, buscando una mano a la que aferrarse en la oscuridad. Luchando por no abrir los ojos y ver aquellas sombras desplazándose de un lugar a otro por su habitación, susurrándole desde lo más profundo de sus entrañas lo que teme oír. Y qué más da todo. Si sigue acurrucándose en la esquina más oscura de su habitación con las lágrimas deslizándose por sus ojos. Qué más da todo, si sigue sintiéndose igual de sola. Y lo peor, es que ahora, tiene miedo de morir consumida en el odio. En aquel odio hacia ella misma. Tiene miedo de convertirse en piedra, y no volver a amar, de no volver a saber lo qué es amar. Si es que alguna vez lo supo.
Y sus demonios siguen aferrándose a ella, como si se la quisieran llevar consigo, a rastras, y ella ya no sabe como resistirse a ellos.


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