sábado, 8 de febrero de 2014

Dos putos locos enamorados.

Entre el amor y el odio hay una fina línea. Línea que cruzamos, tú y yo, repetidas veces. Porque nadie jamás sabrá lo mucho que nos amábamos. Porque era un amor intenso, efímero, como si cada segundo fuese el último. Creábamos universos paralelos cada noche, y nos transportábamos hasta ellos con cada suspiro. Con cada gemido. Y después, cuándo amanecía, cruzábamos la línea. Y no había ni un jodido instante del día en el que te soportase. Porque te odiaba, odiaba como sonreías, como te echabas el pelo hacía atrás, como me volvía loca tus ojos mar. Pero cuándo el sol se volvía a poner, y el cielo se oscurecía nos volvíamos dos putos locos enamorados. Y me gustaba, me gustaba quedarme dormida en tu pecho después de haber destruido media cama. Y me gustaba, me gustaba que me acariciaras la espalda desnuda de arriba a abajo. Y me gustaba, sí, joder, me gustaba descansar mi pierna entre las tuyas, y cómo tu brazo encajaba en mi cintura. Y joder, si cada noche hubiera sido como todas ellas, me habría dado igual odiarte cada día un poco más de lo normal, si cada noche te podía amar un poco más.


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