viernes, 21 de marzo de 2014

¿Cómo?

¿Qué cómo puedo odiarme? ¿No es obvio? No hay nada bueno en mi. No soy lo suficientemente buena en nada. No sé dibujar bien, ni tocar el piano bien, ni la guitarra, ni sé escribir bien. No sé cómo tratar a la gente, no sé qué debo contestar cuando me hablan. Solo abro la boca para demostrar que soy idiota. No sé mantener a la gente que quiero a mi lado. No sé dar abrazos. No sé ayudar a las personas. No sé cuál es el camino correcto cuándo me encuentro dos bifurcaciones en el camino. No sé salir de las sombras. No sé abandonar este túnel, aunque vea la luz al final de él, nada me empuja a seguirla. Y, oye, que seguramente sea la del infierno. Aquel infierno desatado en mi propio mundo. Con mis propios demonios.
No sé ver nada bueno en mi aspecto cuando me miro al espejo. Lo único que veo son defectos. Lo primero que pienso 'Odio mi sonrisa', que viene seguido de un 'odio mis ojos, odio mi boca, odio mi nariz, odio mi pelo, odio mi cuerpo. Me odio'. Y algo dentro de mi me grita 'Empieza a odiarte un poco menos'. Pero es que no puedo, no puedo. No puedo evitar odiarme cuando veo a toda la gente, que parece que siempre va un paso por delante que yo. Más perfectos, más guapos, mejor vestidos, mejores notas, mejores dibujos, mejores textos, mejor guitarrista, mejor pianista. Por Dios, me esfuerzo mil en las cosas más simples, y sea cómo sea siempre hay alguien que lo haga mejor que yo sin esforzarse a penas.
Y después están esas miradas de asco, y afirmo con la cabeza y pienso '¿Si yo me odio como no van a odiarme ellos?'. Lo veo algo lógico. Es fácil odiarme.
Porque no sé hacer nada bien. No sé mantener a las personas a mi lado. Todos huyen, huyen de mi, ninguno se preocupa de si estoy bien o de si estoy mal, hace meses que nadie me pregunta realmente cómo estoy.
Por Dios, si es viernes por la tarde y mi tarde y noche se pueden resumir en 'cama, series, libros', a parte de las constantes miradas desesperadas a mi móvil esperando a que alguien me diga 'Eh, ¿vienes?'.
Y me odio. Soy un desastre. Soy el arquitecto de mi propia demolición. Sólo se pulsar el botón rojo de 'Auto-destruir' una y otra vez, con la esperanza de que de repente oiga un bum y todo desaparezca. Pero sin embargo, sigo aquí. Consumida en mi propio odio.


2 comentarios:

  1. Escribir sabes y sobrada que vas, lo digo con el alma.

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  2. Ay, de verdad, mil gracias, todo el mundo me lo dice pero aún así creo que me sobrevalorais, en realidad no es para tanto, hay mejores JAJAJAJAJA.
    Gracias aún así, que si a personas como tu les gusta como escribo seguiré escribiendo con más motivos.

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