sábado, 26 de abril de 2014

No voy a abandonarte.

Todo estaba sumergido en un profundo silencio. La miré mientras dormía. Su pecho ascendía y descendía lentamente. Tenía una mano sobre mi almohada, cómo si estuviera buscándome aún en sus sueños. Sus ojos, tras los párpados, se movían de un lado a otro rápidamente. A veces gemía de dolor, o torcía la boca. Incluso a veces, decía mi nombre entre susurros. Dirigí la mano hasta su cara y le coloqué el pelo tras la oreja, ella volvió a llamarme, casi sin aliento. Cogí su mano y se la apreté 'estoy aquí' susurré. De repente, despertó. Se enderezó repentinamente e inspiro aire profundamente. Como hacen en las películas cuando despiertan de una pesadilla. Se giró, desesperadamente, buscándome con la mirada. Cuando me vio, las fracciones de la cara se le relajaron, suspiró y me abrazó. Ambos nos tumbamos sobre la cama, ella se recostó sobre mi pecho, y yo mientras le acariciaba el pelo y le besaba la frente. Levantó la cabeza y me miró, y empezó a llorar. Le sequé las lágrimas, una tras de otra con los pulgares, con su cara entre mis manos. Ella me seguía observando incluso con los ojos empañados.
- No... no... quiero... - tartamudeó.
- Shhhh - le puse mi dedo índice sobre sus labios.- No te preocupes.
Le cogí la cara entre las manos de nuevo, y la acerqué a mi, le miré fijamente a los ojos.
- Te quiero- susurré.- Y no voy a marcharme, no voy a abandonarte.

domingo, 20 de abril de 2014

Con él me sentía capaz de todo.

Él no sabía como combatir sus demonios, pero intentaba domar los míos. Me abrazaba en silencio, sin decir nada, cuando me levantaba llorando y gritando por las noches. Me secaba las lágrimas a besos. Y me susurraba al oído lo preciosa que era aunque yo no quisiera oírlo y no le creyera. Lo necesitaba, como se necesita el oxígeno en los pulmones. Lo necesitaba para vivir. No podía hacerlo si no era cerca de él. Me moría por dentro cuando no estaba merodeando por su lado. Cuando él no me agarraba la mano sentía que perdía el equilibrio, sentía que andaba en una cuerda floja que era la vida, y que en cualquier momento me caería al vacío. Cuándo él no me abrazaba veía garras surgiendo de la oscuridad que me intentaban atrapar. Cuando él no estaba cerca me sentía indefensa, débil, cómo si en cualquier momento me fuera a romper a pedazos. Pero él siempre estaba ahí, agarrándome en el último momento cuándo iba a caer al vacío, convirtiendo el suelo en algo firme. Él siempre estaba ahí, cuando las garras surgían de la oscuridad él las espantaba con su luz. Cuando él estaba cerca me sentía más valiente, como si tuviera más fuerza. Como si tuviera la fuerza necesaria para vivir.

viernes, 18 de abril de 2014

Luna quiere ser estrella y no piensa con claridad.

Luna, tienes que ver tu belleza reflejada en la marea. Tienes que contemplarte a ti misma, con los ojos de los demás y darte cuenta de que eres preciosa. De que eres mágica. Tan pálida, tan pura, tan bella. Siempre brillando, y no creas que ese brillo te lo da una estrella, ese brillo te rodea. Porque eres increíblemente bella. Y no quieras parecerte a las estrellas, ellas deslumbran, pero no tanto cómo tú. Tú eres única. Luna, sé tu misma. Quierete a ti misma. Eres preciosa. Luna, no quieras ser una estrella. No quieras ser una copia como todas ellas. Tú eres especial, inusual. Aquella que destaca en la oscuridad. Y cuántas veces me he quedado horas y horas contemplando tu belleza, y cuántas veces me has ayudado, me has guiado con tu luz, y cuántas veces he podido ver el camino que tenía que seguir gracias a ti.Luna, sé que te acomplejas cuando ves a las estrellas, pero no quiero que quieras ser lo que no eres. No dejes que tus complejos te superen. Sé que tu sonrisa en realidad no es sincera, que tienes que darle la vuelta para ver la verdad que oculta.
Pero, joder, no quieras ser estrella, Luna, sé tu misma.



domingo, 13 de abril de 2014

Nadie se daba cuenta.

Tengo un dolor en el pecho que me reconcome por dentro. Y aunque diga que estoy bien, no lo estoy. Nunca lo he estado. Siempre me he estado haciendo daño a mi misma, porque mis pensamientos eran como balas que me perforaban el pecho. Y ahora, el dolor permanece ahí, latiendo, haciendo eco con cada latido. Y es que, a veces desearía que mi corazón se detuviese, y que con él,  todo el dolor se desvaneciese. Pero eso es optar por el camino fácil, y a veces, el camino fácil no es el correcto. Lo que pasa, es que aún no sé como nadie ha podido darse cuenta de que estaba muerta. De que me sentía muerta. Nadie se ha dado cuenta nunca de que mis sonrisas eran falsas, de que en esos momentos en los que me quedaba mirando a la nada y la mirada se me volvía vacía, era en esos momentos en los que me dejaba ver sin la máscara. Aquella máscara que todos se creían. Entonces me preguntaban que qué me ocurría y yo volvía a la realidad y les contestaba cualquier estupidez, y me volvía a poner la máscara. Y ellos se lo creían, se lo creían todo. Se lo creían tanto que incluso a veces yo tambien me lo creía, creía que estaba mejorando, que estaba avanzando, continuando, que había dejado atrás todo el dolor, toda la agonía. Pero aunque lo ignorara el dolor permanecía en el pecho, un dolor que se intensificaba con cada latido. Y ese vacío,  ahí, en todo mi ser... me consumía lentamente. Y, ahora, me he dado cuenta de que siempre he estado en el mismo sitio, con los pies pegados al pavimento, de que jamás he avanzado ni un centímetro,  porque ese dolor nunca ha desaparecido y es un dolor que me paraliza, así que, jamás conseguiré reunir la suficiente fuerza como para seguir adelante hasta lograr que el dolor se desvanezca.

martes, 8 de abril de 2014

Muchos pensaran que es de cobardes.

Sinceramente, últimamente no sé sobre qué escribir o qué escribir. Y en realidad, están pasando tantas cosas sin que nadie se de cuenta. Muchos creerán que lo que he hecho significa que soy débil, que soy una cobarde, que estoy perdida, confundida, que estoy loca. Pero en realidad, creo que es de valientes. Porque pocos saben lo que es estallar como una granada, sentarte en una silla y contarlo todo. Contar la verdad, la verdad que tanto duele. Muchos creerían que es una manera de tirarse al vacío, pero en realidad lo que estoy haciendo es luchar, luchar contra la tentación de dejarme caer al vacío, una y otra vez. Estoy luchando contra mantenerlo todo dentro, como siempre he hecho. Me estoy abriendo las heridas con la intención de sacar los pedazos rotos y después, después de ver como sangran, esperar a que las heridas vuelvan a cicatrizar. Estoy volviendo a años atrás, a los años más tristes, y oscuros de mi vida. Estoy volviendo a la soledad, al dolor más intenso que jamás sentí, y lo estoy haciendo sólo por mi. Porque quiero contraatacar el dolor de alguna manera, y sé, o al menos eso espero, que para seguir adelante primero tengo que remontarme a esos años y seguir adelante en ellos. Porque, me he dado cuenta, de que jamás lo hice, de que jamás superé aquel dolor. Y lo he llevado dentro de mí estos 9 años, arrastrándolo por los suelos, como mi autoestima, creyendo que todo el mundo estaba contra mi cuando era yo la que estaba contra el mundo por algo que ni si quiera yo entiendo. Y quiero que sepáis, que a pesar de todo el dolor, de todo ese sentimiento de inferioridad, de culpa, de lástima, hoy... puedo decir que me siento orgullosa de mi misma. Me siento una luchadora, una guerrera, de esas que mueren en el campo de batalla, porque estoy luchando contra todo pronóstico, estoy luchando contra mi misma. Porque esta es una lucha interna que jamás ganare si yo no quiero luchar, y hoy, lo he entendido. Y quiero hacerlo, quiero luchar.





viernes, 4 de abril de 2014

Dolor.

Mi problema es que el dolor no vuelve a mí, soy yo la que vuelve a él. Soy una insaciable, ningún tipo de dolor es suficiente para mí. Sólo quiero más y más dolor. A veces creo que estoy loca. Que no tengo remedio. Pero son mis pensamientos, que están cargados de dolor. Cada uno de ellos es como una bala que me atraviesa el pecho. Y sin dolor no soy capaz de sentirme viva. A veces, en lo más profundo de mi siento que me gusta compararme con los demás, sentirme insignificante, inferior, insultarme a mi misma, porque, a parte de sentir que me lo merezco, todo eso me produce dolor. Un dolor intenso que me acribilla el pecho, un dolor insaciable que descansa en mi garganta. Y sabes, ya ni si quiera soy capaz de llorar cuando siento ese dolor, o, qué sé yo, aunque suene contradictorio, a veces me pongo a llorar sin motivo alguno. Y es que me siento mal conmigo misma, me siento inferior, miserable, imbécil. Siento que soy patética. Buscando dolor hasta el punto de hacerme daño con mis propias palabras. Es una locura. Pero es lo que me mantiene a flote, lo que me mantiene viva. El dolor me hace saber que sigo aquí, luchando por seguir, el dolor es lo único que me impide abandonar. Y sé qué esta mal. Pero es como una droga para mi. Yo no puedo ser feliz. La felicidad me hace daño, me rompe a pedazos, sin embargo el dolor me permite seguir respirando.