viernes, 4 de abril de 2014

Dolor.

Mi problema es que el dolor no vuelve a mí, soy yo la que vuelve a él. Soy una insaciable, ningún tipo de dolor es suficiente para mí. Sólo quiero más y más dolor. A veces creo que estoy loca. Que no tengo remedio. Pero son mis pensamientos, que están cargados de dolor. Cada uno de ellos es como una bala que me atraviesa el pecho. Y sin dolor no soy capaz de sentirme viva. A veces, en lo más profundo de mi siento que me gusta compararme con los demás, sentirme insignificante, inferior, insultarme a mi misma, porque, a parte de sentir que me lo merezco, todo eso me produce dolor. Un dolor intenso que me acribilla el pecho, un dolor insaciable que descansa en mi garganta. Y sabes, ya ni si quiera soy capaz de llorar cuando siento ese dolor, o, qué sé yo, aunque suene contradictorio, a veces me pongo a llorar sin motivo alguno. Y es que me siento mal conmigo misma, me siento inferior, miserable, imbécil. Siento que soy patética. Buscando dolor hasta el punto de hacerme daño con mis propias palabras. Es una locura. Pero es lo que me mantiene a flote, lo que me mantiene viva. El dolor me hace saber que sigo aquí, luchando por seguir, el dolor es lo único que me impide abandonar. Y sé qué esta mal. Pero es como una droga para mi. Yo no puedo ser feliz. La felicidad me hace daño, me rompe a pedazos, sin embargo el dolor me permite seguir respirando.


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