jueves, 1 de mayo de 2014

Solo quiero que mis demonios me suelten, me quedaré con ellos para siempre.

Solo les pido que paren, que paren de torturarme. Que paren de abrirme el pecho, que paren de toquetear mi corazón con sus manos llenas de mi propia sangre, que paren de abrirme las entrañas, que paren de rasgar todas mis heridas y observar en silencio como mi sangre se desliza por mi piel. Sé que nada de esto es real, pero lo siento. Está ahí dentro. Y por las noches solo veo demonios, y sangre, mi propia sangre. Y quiero que todo esto pare. No quiero sentirlo. Esta vez es un dolor distinto. Jamás me creí capaz de soportarlo. Y, tampoco me veo capaz ahora. Pensé que era lo suficientemente fuerte como soportar todas sus torturas, pensé que cuando ellos vieran que no me rendía desaparecerían. Pero son ellos los que no se rinden. Siguen partiéndome en pequeños trozos ensangrentados, y yo me vuelvo a unir como si fuera magia, y ellos empiezan de nuevo. Se divierten. Se ríen, he incluso cuentan chistes alzando la voz por encima de mis gritos. Gritos que sé que son en vano, porque jamás nadie me oirá. Y estoy harta. Si de verdad tengo que aguantar todo esto para seguir adelante, no quiero. No puedo. Me rindo. Me rindo aquí mismo. Malditos demonios, ¡soltadme! me quedaré con vosotros para siempre. Lo habéis conseguido. Me quedaré encerrada en mi maldita jaula, escuchando vuestras risas burlonas. Pero soltadme, dejad de torturarme.


             

1 comentario:

  1. Sonreí, no existe cosa mejor que confundir a los demonios. Una gran sonrisa, y ellos no sabrán qué hacer. Es probable que no vayan muy lejos, pero lo suficiente para que tomes impulso, dejes de lado la sangre, y tengas la fuerza suficiente para continuar luchando cuando decidan retornar. Y es probable que allí estés mejor preparada.
    Soy aquella que te abrazo hace un tiempito atrás. Sí, esa misma anónima, esa. Te abrazo, no te conocere, pero sé de demonios y otros seres terribles.

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