domingo, 25 de mayo de 2014

Ya nada duele, y que nada duela, duele.

No sé que me pasa.
No sé que hay mal en mi. Y eso me asusta.
Me siento vacía, y ésta vez no tengo razones para sentirme así.
Nunca me había sentido tan vacía y a la vez tan llena. Es una sensación extraña.
Me río, y nunca había tenido tantos motivos para sonreír. Y sin embargo, el nudo de la garganta continua allí, y el vacío en el pecho se intensifica con cada latido.
El vacío me reconcome por dentro. Ya nada duele, y que nada duela, duele.
Quizás me haya acostumbrado, ya sabes, quizás el problema sea yo y no la gente.
Quizás soy como un coche viejo que no se puede reparar.
Quizás nadie me puede arreglar, porque ni si quiera yo sé como hacerlo.
Estoy rota. Y no sé como ser feliz.
Soy la chica triste, y jamás podré cambiar eso.
La gente lo sabe, pero a nadie le importa.
Y, de verdad, lo entiendo, cada uno tiene sus propios demonios.
Y, si la gente no sabe cómo manejar sus propias sombras, cómo van a manejar las mías.
Que, por cierto, son aterradoras.




2 comentarios:

  1. Te abrazo, del mismo modo que aquella primera vez que lo aceptaste. Un abrazo fuerte, bien apretado.
    T.

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