viernes, 6 de junio de 2014

Café.

Le gustaba el olor a café recién hecho. Lo aspiraba, como si se tratase de oxígeno. Él sonreía cuando veía cómo se acercaba a la cafetera por las mañanas y ponía la nariz tan cerca que pensaba que algún día se la quemaría con el café recién hecho.
Mientras él se comía su tostada, la observaba, cogía una taza, echaba un poco de café y siempre siempre siempre una gota resbalaba por la taza, ella, haciendo caso omiso de aquello, le echaba un poco de leche condensada por encima, con la lengua entre los labios y el ceño fruncido, pero no echaba mucha, porque le encantaba que estuviera amargo. Después cogía la taza, y se manchaba los dedos de café, pero a penas se daba cuenta. Se sentaba al lado de él y dejaba la taza de café en la mesa, la cogía con las dos manos y se quedaba mirando por la ventana.
Él nunca supo qué miraba, se quedaba observando las nubes, en silencio, o eso creía él. Observaba el color celeste del cielo. Y el  sol proyectaba sombras en su cara, y reflejos rojos se veían en su pelo.
Entonces, pestañeaba y salía de su ensimismamiento, y levantaba la taza para llevársela a los labios y probaba el café.
- Está un poco frío. - susurraba siempre.
- Dame, yo te lo caliento - él le cogía la taza y la llevaba al microondas mientras pensaba qué había en su mente, ¿por qué pensaba durante tanto tiempo que el café dejaba de ser café de lo frío que estaba?
Y, mientras él estaba vuelto, mirando el café dar vueltas en el microondas, pensando qué habitaba en la cabeza de aquella chica, a ella, se le escapaban un par de lágrimas. Pero se las secaba rápidamente, y juntaba sus pedazos rotos para que él no se cortara con ellos cuando volviese con el café entre las manos.


1 comentario:

  1. Creo que es lo más bonito que he leído en el día de hoy.
    Soy una persona a la que los olores le traen muchísimos recuerdos y sensaciones antiguas, y el café para mí es especial. Como para muchos otros.
    Un beso, S.

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