miércoles, 18 de junio de 2014

Te llenan el corazón de promesas, y después se marchan.

Sé poco sobre amar, pero mucho sobre doler. También sé bastante sobre perder a personas, puesto que llevo toda mi vida perdiéndolas, sé cómo se siente uno y cómo se siente de intensa la nostalgia que llega después. Y sé cómo saben todos esos momentos amargos, amargos porque por muy bonitos que fueron, se perdieron. Y, claro, empezaste a odiarlos. Odiaste todo de ellos, los odiaste más que a la propia persona que había en ellos y que se había marchado, los odiaste por no odiarte a ti mismo. Ya que dejaste que esa persona se marchara. También sé mucho sobre el odio, y cómo decía Robert Frost con aquel poema que me enamoró 'si por dos veces el mundo pareciera, creo que conozco lo bastante el odio, para decir que, en cuanto a destrucción, también el hielo es grande y suficiente'. El odio es un sentimiento muy intenso, y doloroso. Lo peor de todo es que empiezas a odiar al mundo entero, porque nadie permanece a tu lado. Y empiezas a odiarlos, a ellos, por no estar ahí cuando los necesitas, y empiezas a odiarte, a ti misma, por no ser lo que ellos esperaban, por ser tú el problema. Porque el problema no está en ellos, el problema reside dentro de ti, en tus entrañas, donde más duele. También sé mucho sobre el paso del tiempo, se hace doloroso, increíblemente doloroso, y se te queda la boca con un sabor agridulce, porque aún recuerdas todos aquellos momentos felices, pero no puedes volver a sentir aquella felicidad. Y eso jode, joder, no sabéis bien cuánto jode. Aunque, lo que más jode, es saber que esa persona ha seguido adelante mientras tu te has quedado estancada ahí, en el preciso instante en que te diste cuenta de que había pasado página y tú, con la esquina cogida y la mano temblorosa, tenías las letras emborronadas de tantas lágrimas. Y cómo os decía, sé poco sobre amar, Bukowski decía 'si tienes capacidad de amar, ámate a ti mismo primero', pero, claro, yo sé poco sobre amar, y ya ni os digo sobre amarte a ti mismo, porque el odio hacia uno mismo es más intenso, y aunque parezca extraño, es más fácil de llevar. Y claro, lo poco que sé, lo pierdo una y otra vez, cuando me llenan el corazón de promesas y tequieros, yo me esfuerzo en querer a esa persona aún sabiendo lo poco que sé sobre amar, y claro, quizás por eso nunca aprendo lo suficiente, porque, lo doy todo, y después se marchan, y me quedo sin nada.

Perdonadme éste lío de palabras, es que hoy mi mente no está muy clara.

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