sábado, 9 de agosto de 2014

Me rompió el alma de la intensidad con la que me amaba.


Balanceé las piernas a un lado de la cama, mientras me inclinaba a coger la ropa que descansaba revuelta a los pies de la mesita de noche. Pero entonces me empujaste hacia atrás y me abrazaste desde la espalda. Piel contra piel. Podía sentir tu pecho ascendiendo y descendiendo contra mis vértebras. Me besaste detrás de la oreja y me susurraste 'quédate'. 
Me di la vuelta y te miré a los ojos, tú sonreíste y se me paró el corazón y deje de respirar durante un momento. Y me acariciaste el hombro con tus dedos, y fuiste bajando, por mi antebrazo, por mi cadera, subiste de nuevo, y descansaste la mano en la curva de mi cintura.
'Te quiero' susurraste, y se me rompió el pecho. Porque cuando me mirabas a los ojos y susurrabas aquellas palabras, no sabía cómo pero sentía que jamás podría quererte tanto como tú me querías a mi, y aquello me dolía. Quererte dolía.
Fruncí el ceño y con el pulgar de tu mano derecha apretaste entre mis cejas 'qué pasa, ¿cuál es el problema?' Me di la vuelta y me senté al borde de la cama, toqué el suelo con los pies descalzos y me encogí del frío. 
'No puedo' dije, y miré hacia el lado de la cama en el que descansabas recostado, con tu pecho desnudo, y aquella sábana blanca tapándote el culo. Tenías una línea desordenada de lunares por tu omóplato izquierdo, y tres lunares formando un triángulo en el centro del derecho.
Te apoyaste en un brazo y te giraste para mirarme, un deseo ferviente se apoderó de mi, quería acariciar tu pecho desnudo, besar tus labios, y acariciar tu mandíbula y pasar las manos por aquel pelo despeinado y aferrarme a tu espalda como si fuera el borde del precipicio por el que caería al llegar al orgasmo. 
Pero no hice nada, me quedé mirándote, después te di la espalda y recogí la ropa del suelo. Me puse las bragas y el sujetador, los vaqueros y la camiseta negra bajo tu mirada, y tu no hiciste nada. Y justo cuando iba a cruzar la habitación para llegar hasta la puerta susurraste 'no lo entiendo'. 
Me di media vuelta y te dije 'no tienes por qué entenderlo'.
'Pero quiero hacerlo, quiero entender porque haces esto, te quiero, y no quiero dejarte ir, pero sé que lo harás aunque intente impedírtelo'
'Lo haré'
'¿Por qué?'
'Porque yo no sirvo para esto, porque yo no estoy hecha para amar, ni para ser amada. Quererte duele, y cada vez que me dices 'te quiero' se me rompe el pecho, y no quiero hacerte daño, y si me quedo lo haré, y no te mereces eso, te mereces a alguien que sepa devolverte los 'te quiero' con la
misma intensidad, y esa no soy yo. No puedo hacer esto, lo siento'
Y me marché, me marché pero dejé el corazón en aquella habitación del octavo, con aquel tío desnudo entre sábanas blancas que me rompió el alma de la intensidad con la que me amaba.






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