jueves, 4 de septiembre de 2014

Esmeralda.

Me gustaría hablarte de lo bonito que son tus labios, de lo mucho que me pierden, de esa forma tan peculiar que tienen. Me gustaría contarte los miles de sueños que he tenido con tus ojos verdes. Ese esmeralda, tan puro, tan devastador. Ese que me ha mirado en la oscuridad, hablándome, porque sí, tus ojos me hablaban, aunque a veces me cuestionaba que quizá era tu alma. (Ya sabes eso que dicen de que los ojos son el reflejo del alma).
Aquellos ojos tristes, perdidos, náufragos.
Aún los sigo recordando cuando me despierto y siento una presión en el pecho.
Ahí donde tu descansabas, donde te apoyabas mientras me contabas tus temores, tus miedos.
Podría decirte lo mucho que te quise, y lo mucho que te quiero. Porque aún lo sigo haciendo. Y sé que esto no te dirá nada, tan solo son palabras, desvaríos de un alma que no sabe cómo expresarse a través de la mirada.

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