martes, 16 de septiembre de 2014

Me voy.

Si estás leyendo esta carta, significa que me he ido, así que... léela despacito.

Me voy,
y esta vez no es para buscarte.

No puedo seguir torturándome,
porque tu recuerdo me está matando, poco a poco, cada noche, cada madrugada.

Porque te veo cuando no veo nada,
cuando mantengo los ojos cerrados.
Cuando salgo a la calle,
en esa cafetería que hace esquina,
en mis libros, en la estantería.
Te veo frente a mi piano,
tocando, despacito, cada tecla y susurrando entre tus labios la melodía.
Te veo en las fotografías que he quitado de mi vista,
porque aunque ya no estén ahí,
siento me pertenecen, que te pertenecen, que nos pertenecen.
Y siguen abriéndome la piel a cuchillazos.

Tú, agarrándome de la mano,
sonriéndome de lado.
Tú, abrazándome con los labios,
secándome las lágrimas despacio.
Tú.
      Tú
             Tú.

Estás en todas partes,
y esto me está volviendo loca.
A veces creo que te veo y tengo que pestañear y volver a mirar.
Y, entonces... no estás, y no sé que me mata más.

Me tengo que marchar,
por mucho que me duela el pecho al mirar atrás.

Me voy, para no buscarte,
para encontrarme.
Me voy, para olvidarme de olvidarte.

Porque yo también puedo seguir adelante ¿sabes?
O al menos, eso es lo que pienso hacer.

Me voy,
y esta vez no es para buscarte.


2 comentarios:

  1. No sé si es la canción de piano de fondo, la forma en la que escribes o conocer tan bien ese maldito sentimiento, pero estoy llorando como una imbécil. ¿abes? Realmente duele muchísimo, y te entiendo, creo que no hay persona lo suficientemente fuerte como para poder afrontar que alguien que besó todas y cada una de tus cicatrices, literalmente, se vaya. Es demasiado insoportable.

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