viernes, 24 de octubre de 2014

Duele.

No tengo mucho que contar, he cambiado de canción, creo que eso es bueno.
Me siento bien conmigo misma, a ratos.
La cuestión es que parece que todos se han olvidado de lo mucho que me cuesta, de lo difícil que me es sonreír, ser feliz.
Siento que estoy retrocediendo, que no sigo adelante.
Todo ha vuelto a ser como antes.
La gente parece olvidarme, y yo siento que vuelvo a ir de la mano de mis demonios. Como si ellos fueran los únicos que me proporcionaran cariño, y eso fuera lo único que necesitara.
A veces, cuando nadie mira, vuelvo a ser yo misma, ya sabes, la de antes.
A veces, por las noches, cuando me ducho, me da por llorar a mares. Y grito, y le doy golpes a la pared del baño. Creo que nadie me oye.
Duele mucho ¿sabes?
Duele demasiado.
En el pecho.
En lo más profundo.
Cómo si alguien me estuviera agarrando el corazón con un puño.
A veces tengo noches malas, y me quedo mirando el techo durante horas, y me acurruco en posición fetal en el lado izquierdo de la cama, como si fuera demasiado pequeña para este mundo demasiado grande, y dejo que las lágrimas bañen mis mejillas en silencio, y el sabor salado de éstas me calman, y así, me quedo dormida.
Hay otras veces, que me duermo al instante, pero me despierto a mitad de la noche con un nudo en la garganta y la respiración agitada.
Me duele, y es algo que la gente no entiende.
Ellos solo ven que sonríes, y dan por supuesto que estás bien.
¿Cómo no pueden darse cuenta de lo jodida que estoy?
Necesito a alguien, aquí, a mi lado.
Me he quedado completamente sola.
Y me duele.
Me duele mucho.
Y eso me está consumiendo.


2 comentarios:

  1. Gracias por hacer que consiga encontrarme en tus palabras, leerme a mí misma y mis historias en cada una de estas comas y puntos.
    Un placer leerte!

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