jueves, 13 de noviembre de 2014

- Eres tan insoportable- dije levantando las palmas de las manos.
Él sonrió de un modo juguetón y por poco me derrito.
- No te atrevas a sonreírme - le grite separando las palabras y señalándole con un dedo acusador.
Su sonrisa se amplió y estalló en carcajadas.
- Me encanta cuando te enfadas. Tus mejillas adquieren un tono tan bonito.
Grité frustrada y le empujé. Él ni si quiera se inmutó, me cogió las manos y las mantuvo pegadas a su pecho. Se acercó a mi y rozo mi mejilla con su nariz mientras se dirigía de un modo provocativo a mi oído. Me mordisqueó el lóbulo de la oreja derecha y yo dejé de oponer resistencia. Mis manos se escaparon de entre las suyas y se deslizaron a su cabello, le acaricié el pelo con las manos y pasé los dedos por su mandíbula con esa barba de tres días. Le besé los labios, los labios más suaves del mundo, los que nunca me hartaría de besar. Él se apartó de mi con la respiración entrecortada y suspiramos apoyando nuestras frentes la una con la otra.
- Te quiero - susurré.
- ¿Aunque sea tan insoportable?
- Aunque seas tan jodidamente insoportable.
Él sonrió y me volvió a besar.

2 comentarios: