martes, 4 de noviembre de 2014

Solía verte dormir. Respirabas profundamente y movias los ojos de un lado al otro tras los párpados. A veces fruncias el ceño en sueños y deseaba meterme dentro y saber por qué pasaba aquello. Me gustaba recorrer tus lunares a besos cuando dormías boca abajo, empezaba, primero con el del hombro derecho, después me deslizaba hacia el centro y te besaba el de la décima vértebra y tu abrias los ojos lentamente, pestañeabas y sonreias despacio como si aún siguieras soñando. Te revolvias y te ponías boca arriba, me mirabas a los ojos, y tus pupilas azules se me clavaban en lo más profundo de mis entrañas, tu sonrisa se hacía más intensa. Levantabas la mano izquierda y me acariciabas la mejilla con las yemas de los dedos. Yo cerraba los ojos, y suspiraba. Y así, con los ojos cerrados te oía inclinarte, y sé a ciencia cierta que sonreias de nuevo antes de besarme, no me preguntes cómo. Acariciabas mis labios con los tuyos, tenias los labios más suaves del mundo, los más cálidos. Me acogían. En aquel instante, en el que tus labios estaban sobre los míos... no me importaba nada más. Después te alejabas y volvías a sonreír, yo abría los ojos y te miraba. Y apoyaba la cabeza en tu pecho y escuchaba en silencio como tu corazón palpitaba.

1 comentario:

  1. Grácias por escribir, me haces sentir bien, es justo lo que me pasa cuando duermo al lado de mi chico. Me encanta como escribes. Eres enorme!

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