miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz 2015.

Me paso por aquí 19 min antes de fin de año para desearos un 2015 increíble a todos.
Porque os lo merecéis.
Porque todo el mundo se lo merece.

Y bueno, me despido dejando la sorpresita que he estado preparando estas navidades.
Espero que os guste, y ya sabéis...
Sí queréis saber la verdad

(pincha arriba y quédate)

domingo, 28 de diciembre de 2014

Alguien que me acompañase a casa.

Hacía frío. Ese frío que se te cuela por las costillas directo al pecho, y sentía miles de cuchillas clavándose en las mejillas y en mis manos frías. El móvil se me había apagado y era tarde. Muy tarde. Ni si quiera sabía la hora, pero el pueblo estaba desierto y las luces eran amarillentas y las calles sombrías. Tenía que cruzar el pueblo entero hasta llegar a casa. Así que camine rápido. Me crucé con unos chicos que se zarandeaban de un lado a otro y reían, cuando pasé por al lado de ellos escondí la cara en la espesa bufanda, el chico de atrás pasó muy cerca de mi, creo que lo hizo a propósito, y me dijo 'adiós guapa'. Olía a colonia cara. Ni si quiera lo miré, tenía mucho frío y estaba cansada. Solo quería llegar a casa.
Me puse a pensar en lo bonito que sería tener a alguien que me acompañase a casa. No sé. Alguien que me abrazara para que no tuviera frío. Y que me besara tres casas más abajo de la mía, y sonriera, y me acariciase la mejilla, y me volviera a besar porque sería lo único que le gustaría hacer durante toda la noche. Y que entrecruzara sus manos cálidas con mis manos heladas y las apretara. Alguien que me acariciara el pelo porque sabría perfectamente que es una de las cosas que más me gustan del mundo entero. Y que se mirara el reloj y frunciera el ceño y me volviera a besar y me dijera 'te quiero' y se fuera despacito y cuándo estuviera lejos volviera la vista atrás para verme una vez más.


jueves, 25 de diciembre de 2014

Es bonito cuando dueles tan fuerte.

No sé muy bien qué escribir, tampoco sé muy bien qué es lo que siento. Es... difícil. No encuentro una manera de expresarlo.
Vuelvo a ti sin darme cuenta. De repente, estoy mirando tus fotos, acariciando tu cara y secándome las lágrimas. Y ni si quiera me doy cuenta hasta que me pregunto qué estoy haciendo. Es difícil. Es difícil soportar esa ignorancia, soportar las miradas. Es difícil caminar al lado de una persona que lo significó todo en un momento y que ahora apenas conoces, y ni si quiera eres capaz de mirar. Es difícil, complicado, doloroso.
Y aunque no lo parezca, sigo volviendo a ti. Porque soy así de estúpida. Porque no soy capaz de olvidar a esas personas. Y cuando me siento sola (y ni si quiera me doy cuenta de ello) pienso en ti. Es gracioso, hace nada borré todas las fotos que tenía guardadas, y sin embargo, no me preguntes por qué... pero guarde la tuya. Ya sabes, esa, mi favorita. No sé, es bonito. Sí, dueles. Pero bonito.
No sé cómo explicarlo.
Dueles bonito.
Es como si alguien me estuviera apretando el corazón con un puño, cómo si me quedase sin aire, cómo si algo me aplastase el pecho, y... entonces me empiezan a escocer los ojos y esbozo una sonrisa. Porque es bonito.
Quizás la gente no me llegue a entender nunca.
Pero no sé, yo creo que hay diferentes tipos de dolores; está el dolor que te hace sentir viva. El dolor del frío (cómo cuchillas en la piel), El dolor de una quemadura, del fuego, cuando las mismas llamas te lamen la piel. Está el dolor de la sangre. El dolor de una pérdida. El dolor de una ruptura. El dolor que se causa uno a uno mismo...
Tú eres un dolor distinto, eres ese dolor de una pérdida, pero incluso así eres distinto, eres un dolor bonito. Porque cuándo siento la presión en el pecho y las lágrimas están al borde del abismo lo único que recuerdo son cosas bonitas... cómo tu sonrisa, tus mejillas, tu pelo castaño, tus ojos, tus pestañas, tus abrazos, tu risa, tus tonterías, y sobre todo, me recuerdo a mi, a mi contigo, a mi contigo y... feliz.



lunes, 22 de diciembre de 2014

Aparecen todos mis demonios cogidos de la mano ofreciéndome compañía.

A veces me pregunto si siempre será así.
No me malinterpretéis, creo que estoy bien. Pero no puedo evitar derrumbarme a veces. Y me da miedo. Me da mucho miedo. Porque cada vez que me derrumbo me siento más cerca de toda aquella tristeza, de todo aquel dolor. Y no quiero, me aterra. Porque tras haber pasado por todo eso, sé que la felicidad es algo tan frágil... Y me da miedo tomar malas decisiones, me da miedo. Y vosotros diréis, equivocarse no es malo. Sé que no es malo. Pero no es eso lo que me preocupa, me da miedo porque cada vez que me equivoco retrocedo. Y no quiero volver sobre mis pasos, no quiero volver atrás.
No quiero.
Y me aterra.
Porque a veces, me vuelvo a derrumbar. Y me siento más cerca de todo mis demonios que nunca. Y a veces me pregunto si siempre será así. Si siempre tendré esta lucha en mi interior. Esa lucha entre esa chica a la que le gusta la oscuridad, y esa chica a la que le gusta la luz. Y me da miedo. Porque sé lo fuerte que es esa chica, esa chica que ha llevado ventaja durante toda mi vida. Y ahora, ahora que la otra ha asumido el papel principal, me da miedo que se derrumbe tanto que sea vencida. Y no quiero, no quiero que mi vida dependa de una batalla que ni si quiera la gente es capaz de ver.
Ni si quiera sé si escribir esto es bueno, si me estoy equivocando al escribir cada palabra. Ni si quiera sé si escribir todo esto le dará fuerzas a esa chica.
Y tengo miedo.
Porque... a veces no puedo evitar sentirme sola. Y odio sentirme sola. Lo odio porque, entonces, aparecen todos mis demonios cogidos de la mano ofreciéndome compañía.
Y no quiero.
Pero... es tan tentador.
Y siento a la otra chica, siento su fuerza, que incrementa con cada paso que dan los demonios hacia mi. Y siento que me rompe las costillas, y me destroza el pecho, y me agarra el corazón con un puño, y me lo retuerce.
Y entonces, ahí estoy yo, con el corazón destrozado y sintiendo como las lágrimas caen sin hacer nada.
Y sé que debo luchar.
Pero, a veces me pregunto si será siempre así. Porque no quiero que sea así durante toda mi vida.
Quiero vivir sin esta lucha en mi interior, quiero dejar de tener miedo en todo momento a que la otra chica rompa aquella frágil felicidad que brota de mi pecho.

sábado, 20 de diciembre de 2014

¿Escribir?

- No sé si voy a seguir escribiendo - susurré despacito.
- ¿Después de todo? - preguntó él exasperado.
Recordé aquel poema que decía después de todo, todo ha sido nada.
- Nada me inspira - le contesté.
Él se revolvió el pelo con las manos.
- ¿Por qué? - susurró martirizado.
- Porque solo sé escribir sobre cosas tristes y ahora no encuentro ninguna.
- Maia, no creas que eso no me alegra. Porque lo hace. Pero no puedes dejar de escribir, no puedes dejar de escribir después de todo. Sabes que esas ganas de escribir siempre estuvieron ahí, incluso más que yo, siempre estuvieron a tu lado, en los peores momentos, cuándo nadie estaba. Sería cómo si abandonarás una parte de ti misma y la arrojaras a la nada.
- Quizás ya no quiero ser la misma chica a la que solo le consolaba escribir a solas.
- No puedes ser una nueva persona sin recordar lo que te ha llevado a ser quién eres ahora.
- ¿Y qué pretendes que haga? - le grité mientras levantaba las manos-. Yo tampoco quiero dejar de escribir, escribir es mi vida. Pero ya no sé de donde sacar esas ganas.
- Puede que pienses que la vida es bonita, puede que ahora seas realmente feliz, eso no te lo niego, ni quiero que cambie. Pero incluso en las cosas bonitas hay tristeza, incluso en la felicidad hay malos ratos. Puedes aprovecharlos.
- Pero ¿y si no sé aprovecharlos? ¿Y si ya no siento lo mismo al escribir?
- Oh, vamos, Maia. ¿No recuerdas a toda esa gente que escribía y desaparecía? ¿De verdad quieres convertirte en uno de ellos?
- No... pero - cerré los puños con fuerza- siento que no volveré a ser tan buena cómo antes escribiendo.
- Eso da igual, solo recuerda que eres tú y las palabras surgiendo sin parar. Sin que ni si quiera te pares a pensar. Recuerda ese sentimiento, recuerda que eres libre cuando escribes, y eso no te lo puede quitar nadie, ni nada.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Y hace frío.

Dejé la puerta entre abierta
cuando te marchaste
y creo que ha llegado la hora de cerrarla
porque tú y yo sabemos
que ya no vale la pena tenerla abierta
o entre abierta,
o lo qué sea.
que cerraste de un portazo
fuerte
y no vas a volver ni si quiera para mirar
si está abierta o cerrada
y mírame
voy a cerrarla
porque te habría perdonado todo lo que has tardado
si al menos hubieses vuelto
pero no lo has hecho.
y me he hartado
y estoy cansada
y el frío está entrando por la puerta entre abierta
y se está colando
entre las costillas directo al pecho
y estoy harta
y llevo 4 horas intentando escribir esto
y solo quiero acurrucarme en la cama
y cerrar la puerta
y hacerme la idea
de que no vas a volver
y de que nadie te va a extrañar
como yo te he escrito.


Dejo por aquí que tengo una sorpresa preparada para fin de año, por todos esos años que habéis estado a mi lado. 

Un caos de año.

El año está apunto de acabar y yo llevo casi un mes sin escribir. Y quería contaros por qué.
Pero quiero empezar por el principio.

Este año ha sido un caos.
He hecho cosas que pensé que nunca llegaría a hacer, he llorado más que en toda mi vida (y eso es decir mucho), me ha ganado el orgullo, y he pedido perdón, he llorado más aún, y he reído. He reído mucho.
Este año empezó como el peor año de mi vida, los primeros meses fueron horribles. Solo quería llorar y llorar y llorar y llorar. Y seguir llorando. Me miraba al espejo y me daba asco. Me repugnaba mi propio reflejo. Odiaba todo de mí. Te juro que me insultaba cada cinco minutos. Y lloraba. Y volvía a insultarme, y volvía a pensar que no servía para nada, y lloraba, y me daban ganas de acabar con todo.
Hasta que un día estallé, cómo una granada. Recuerdo que estaba en clases de matemáticas, a solas con la profesora, y empecé a llorar porque no me salía un puto ejercicio. Llore tanto que hasta le pedí un abrazo a la profesora. Después me encontré con mi madre y seguí llorando, y empecé a gritar y conté todo, lo conté todo, en voz alta, y me dolió tanto que estuve llorando durante horas. Mi madre me preparó un baño y se sentó al lado mientras yo lloraba.
Fue un día de locos.
Mi madre se asustó tanto que me llevó al psicólogo, la puta psicóloga (que en mi opinión estaba un poco loca) me hizo más daño que en mi vida, y eso que fueron pocas sesiones.
Me dijo que estaba deprimida.
A todo eso, era pleno Mayo.
Y yo estaba dejando de lado a dos personas que habían sido importantes durante más de 6 años.
Pero seguí adelante. Le dije a mi madre que no quería seguir yendo a ver a esa gilipollas, le prometí que saldría adelante yo sola.
Y lloré mucho. Mucho.
Durante todo el verano.
Pero entonces, llegó Inglaterra, y fue cómo un salvavidas.
Me enamoré de ella, de sus calles, de la gente, de todo.
Y reí, reí muchísimo. Me reí tanto que dejé de llorar, aunque a veces me rompía delante de todos, y ellos se asustaban.
Y cuando volví. Allí estaban ellas. Ese grupo de chicas que me han sacado tantas sonrisas. Hicieron una fiesta de bienvenida y entonces, me di cuenta de que nunca había pertenecido a un sitio tanto cómo a ese.
Y pedí perdón, pedí perdón a esas dos personas, por haberme alejado, mientras lloraba y oía cómo llovía metida en la cama en una casa rural de madera en medio de un bosque del País Vasco.
Y me perdonaron, o eso creí.
Y luego vi a esa personita, que no he hablado de ella en todo este texto, pero que ha estado presente ahí, cada vez que lloraba, cada vez que gritaba.
Y ni si quiera la conocía en persona.
Y, os puedo asegurar que, cuando la vi cruzar esa esquina, buscándome con la mirada, me di cuenta, y cuándo salí corriendo cómo una loca con los brazos abiertos para abrazarla me dije que tenía que salir adelante, por mi, pero también por ella.
Y ahí empezó todo. Ahí, ahí cambié.
A partir de ese día mi 2014 ha ido mejorando.
Y por eso, ahora, en pleno Diciembre, ni si quiera siento la necesidad de escribir.
Porque sólo sé escribir sobre cosas tristes y ahora no encuentro ninguna.
Y creo que lo he conseguido.
A pesar de que a veces hayan días malos, a pesar de que a veces llore hasta quedarme dormida.
Lo he conseguido.
Estoy feliz por estar feliz y esto es un circulo sin fin.
Y bueno, que ahora sí.
Que mi 2015 va a ser genial.
Lo sé, estoy segura, porque todo ha cambiado.