domingo, 28 de diciembre de 2014

Alguien que me acompañase a casa.

Hacía frío. Ese frío que se te cuela por las costillas directo al pecho, y sentía miles de cuchillas clavándose en las mejillas y en mis manos frías. El móvil se me había apagado y era tarde. Muy tarde. Ni si quiera sabía la hora, pero el pueblo estaba desierto y las luces eran amarillentas y las calles sombrías. Tenía que cruzar el pueblo entero hasta llegar a casa. Así que camine rápido. Me crucé con unos chicos que se zarandeaban de un lado a otro y reían, cuando pasé por al lado de ellos escondí la cara en la espesa bufanda, el chico de atrás pasó muy cerca de mi, creo que lo hizo a propósito, y me dijo 'adiós guapa'. Olía a colonia cara. Ni si quiera lo miré, tenía mucho frío y estaba cansada. Solo quería llegar a casa.
Me puse a pensar en lo bonito que sería tener a alguien que me acompañase a casa. No sé. Alguien que me abrazara para que no tuviera frío. Y que me besara tres casas más abajo de la mía, y sonriera, y me acariciase la mejilla, y me volviera a besar porque sería lo único que le gustaría hacer durante toda la noche. Y que entrecruzara sus manos cálidas con mis manos heladas y las apretara. Alguien que me acariciara el pelo porque sabría perfectamente que es una de las cosas que más me gustan del mundo entero. Y que se mirara el reloj y frunciera el ceño y me volviera a besar y me dijera 'te quiero' y se fuera despacito y cuándo estuviera lejos volviera la vista atrás para verme una vez más.


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