sábado, 20 de diciembre de 2014

¿Escribir?

- No sé si voy a seguir escribiendo - susurré despacito.
- ¿Después de todo? - preguntó él exasperado.
Recordé aquel poema que decía después de todo, todo ha sido nada.
- Nada me inspira - le contesté.
Él se revolvió el pelo con las manos.
- ¿Por qué? - susurró martirizado.
- Porque solo sé escribir sobre cosas tristes y ahora no encuentro ninguna.
- Maia, no creas que eso no me alegra. Porque lo hace. Pero no puedes dejar de escribir, no puedes dejar de escribir después de todo. Sabes que esas ganas de escribir siempre estuvieron ahí, incluso más que yo, siempre estuvieron a tu lado, en los peores momentos, cuándo nadie estaba. Sería cómo si abandonarás una parte de ti misma y la arrojaras a la nada.
- Quizás ya no quiero ser la misma chica a la que solo le consolaba escribir a solas.
- No puedes ser una nueva persona sin recordar lo que te ha llevado a ser quién eres ahora.
- ¿Y qué pretendes que haga? - le grité mientras levantaba las manos-. Yo tampoco quiero dejar de escribir, escribir es mi vida. Pero ya no sé de donde sacar esas ganas.
- Puede que pienses que la vida es bonita, puede que ahora seas realmente feliz, eso no te lo niego, ni quiero que cambie. Pero incluso en las cosas bonitas hay tristeza, incluso en la felicidad hay malos ratos. Puedes aprovecharlos.
- Pero ¿y si no sé aprovecharlos? ¿Y si ya no siento lo mismo al escribir?
- Oh, vamos, Maia. ¿No recuerdas a toda esa gente que escribía y desaparecía? ¿De verdad quieres convertirte en uno de ellos?
- No... pero - cerré los puños con fuerza- siento que no volveré a ser tan buena cómo antes escribiendo.
- Eso da igual, solo recuerda que eres tú y las palabras surgiendo sin parar. Sin que ni si quiera te pares a pensar. Recuerda ese sentimiento, recuerda que eres libre cuando escribes, y eso no te lo puede quitar nadie, ni nada.

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