domingo, 8 de febrero de 2015

Cierra la puerta cuando salgas de mi vida.

Se llevó la mano a los labios y se los acarició con la yema de los dedos. Cerró los ojos. Recordó cómo él la besaba, despacio, como si quisiera que ese momento no acabara nunca. Le ponía la mano en la mejilla y la deslizaba poco a poco hacia su nuca, y entremetía los dedos en su pelo. Ella cerraba los ojos y levantaba la barbilla, él descendía por su garganta y le besaba el cuello. Ambos suspiraban.

Abrió los ojos. Y no vio a nadie. Y se sintió tan pequeña. Su mano descansaba en su cuello y tenía los labios entre abiertos. Pestañeó para evitar las lágrimas. Pero era demasiado tarde. Siempre era demasiado tarde.

Hubiera deseado decirle antes de que se fuera que cerrara la puerta cuándo saliera de su vida, porque ella era incapaz de hacerlo, y el frío se le colaba entre los huesos y se quedaba en el hueco de su pecho.


1 comentario: