viernes, 27 de febrero de 2015

Demonios.

Mantengo a mis monstruos a raya, pero mi gran secreto es que de vez en cuándo paso y les saludo. Les sonrío a la oscuridad, porque sé que ellos están ahí. Y las garras empiezan a salir de la negrura, y me arañan la piel delicadamente, y yo les cojo de las manos. Y la sangre brota de mi piel, cálida, pegajosa, negra.
Me duele.
Pero lo necesitaba.
Y en ese momento, no me importa. No me importa nada.
No me importa que aquello esté mal, que no deba saludarles, no me importa que me hagan daño.

Nunca he dicho esto en voz alta, y a veces, me da miedo escribirlo. 
Siento que no merezco nada de lo que tengo porque... soy de esas personas de las que vuelven al dolor antes de que él vuelva a ellas.

Y, si os soy sincera, me gusta ese lugar. Ese rincón oscuro de mi pecho, aquel lugar donde vive la chica de la que os hable hace unos días. Me gusta aquella tormenta.
Es un sitio tranquilo, y a veces, cuándo me siento sola me acurruco allí y me abrazo las piernas, suena Debussy de fondo, mis demonios me abren heridas en la piel cada vez que se acercan a saludarme, yo les sonrío y les hablo de lo duro que es estar ahí fuera.
De lo frío que está todo, y que no es el mismo frío que hay en aquella tormenta, les hablo del ruido, de la gente que abre puertas y las cierra de un portazo haciendo que tiembles entre sollozos. Y entonces, las lágrimas aparecen en mis ojos, y los veo aún más borrosos. 
Y, entonces, duele. 
Todas las heridas que me han abierto escuecen.
Y siento unas ganas incontrolables de salir corriendo.
Pero ellos susurran y tengo que mantener la calma para poder oírlos.
Los oigo susurrar, preocupados.
A veces siento que solo me están engañando. Pero aún así es bonito saber que aunque sea tus monstruos se preocupan por ti.
Así que, les dejo abrazarme con sus fríos brazos.
Y entonces, me convierto en oscuridad.
Hasta que dejo de llorar y ellos se apartan despacio.

Me levanto y respiro hondo.
Les sonrío a todos y me marcho, pero antes de salir de aquella tormenta, miro atrás una última vez sabiendo que, tarde o temprano, volveré.

1 comentario:

  1. Me identifico un montón... pero no tengo palabras que decirte que no suenen a loca.

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