viernes, 27 de marzo de 2015

Aquí va una despedida.

Te recuerdo, a veces. En aquella silla, aquel día lluvioso. Con la cara llena de chocolate. Recuerdo las risas y el olor de ese día. Recuerdo la lluvia chocando frente a el cristal, frente a ti y a mi. Recuerdo lo bien que te sentaba la ropa que llevabas ese día. 
Hace mucho que no te escribo.
Puedo decir que ya está bien, que ya está todo bien.
Solo quería despedirme, y cómo no hacerlo con mi recuerdo favorito.

He vivido miles de cosas contigo, a tu lado, y si tengo que decir cual de todos es mi recuerdo favorito es ese momento. Ese instante, cuando te echaste hacia atrás en la silla, te tapaste la boca llena de chocolate y me empujaste con la otra mano. La gente corría fuera intentando refugiarse, la lluvia caía con fuerza sobre el cristal, la chica de la esquina esperaba a alguien que nunca iba a llegar.
Y, ahí, en ese preciso instante, me di cuenta de qué era sentirse en casa con alguien. 
Tu eras mi casa.
Ese lugar donde refugiarme.

Antes solía pensar en aquel momento, y recordaba a la chica de la esquina de la que tanto nos reímos cuando nos inventábamos la vida de los que pasaban corriendo bajo la lluvia. ¿Recuerdas a la chica? Estaba allí, en la esquina de enfrente, esperando a alguien bajo la lluvia. Y no podía dejar de preguntarme si al final apareció aquella persona por la que esperaba o si salió adelante sin ella. Y cuando pensaba en aquella chica no podía evitar sentirme como ella, esperando por ti en aquella esquina, sin saber si regresarías o si jamás volverías.

Ahora está bien, no sé si me cansé de esperar y me fui o si me fui porque me di cuenta de que podía seguir sin ti. Pero me fui.

Y está bien.

Ahora recuerdo aquel momento, y te recuerdo a ti, y sonrío porque me enseñaste tantas cosas durante todos esos años. 

Y espero que vayas donde vayas y estés donde estés, en algún momento pienses en mi y el recuerdo te haga sonreír. De verdad que lo espero.

Ahora toca continuar bajo la lluvia y conocer a las personas con las que me cruzaré en el camino y sonreirles y hacerles un hueco en mi pecho tan amplio como ellas quieran.

Espero que seas feliz, y espero no volver a escribir sobre ti.

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