sábado, 18 de abril de 2015

Inglaterra.

Hay lugares, momentos, personas, que te marcan. Que te arañan la piel del pecho hasta llegar al corazón y se quedan allí, dándole un poco de calor.
Y es bonito, no sé, recordar todo aquello, esos lugares, esos momentos, esas personas.

Y me encantaría, me encantaría cerrar los ojos, respirar hondo, y que al abrirlos me encontrara allí. Rodeada de la gente que me hizo reír cómo nunca había hecho, bajo las luces amarillentas de las farolas y el frío que se te mete hasta los huesos.
Me gustaba aquel sitio. Creo que allí fue la primera vez en la que realmente supe lo que era ser feliz. Lo que era levantarse cada día, mirarse al espejo, y sonreír porque no tienes ni idea de qué viene ahora.

Y me gustaba. Me gustaba absolutamente todo. Me gustaba levantarme temprano con las gaviotas sonando de fondo, desperezarme y mirar por la ventana. Las vistas eran preciosas y ni si quiera eran precisamente asombrosas. Pero me encantaba la forma que tenían los tejados, y el verde que sobresalía de todas partes, y la niebla, el cielo encapotado y las sábanas blancas colgadas en la terraza de al lado.

Inglaterra. Se que no os he hablado mucho sobre ella. Pero es preciosa.

Era consciente de que acabaría, pero jamás me detuve a pensar en todo lo que me llevaría de ese país al volver. Me lo lleve absolutamente todo. La chica que subió al avión no era la misma que bajó después.

Inglaterra fue ese bonito salvavidas que me rescató de la vida.

Que me hizo ver que hay dos opciones siempre, sobrevivir o vivir. Y que eres tu quién eliges que quieres hacer.

Me enseñó que hay personas que sin ni si quiera conocerlas te pueden sacar las sonrisas más grandes. Aquellas personas hacían que todo fuera fácil, que hubieran más risas que llantos, que la sonrisa saliese sola.

Y me he dado cuenta de que hay que disfrutar cada instante. Por eso a veces me pongo a bailar por la calle cuándo vuelvo a casa sola de madrugada, y canto como si realmente se me diera bien cuándo suena mi canción favorita.
Ahora sé que hay trenes que van y vienen, y otros que no vuelven. Por eso ahora abrazo a cualquier persona si tengo la necesidad de hacerlo, y digo te quiero cuándo realmente quiero decirlo.

Antes os he dicho que hay lugares que marcan.
Ese viaje, esas personas, ese verano, siempre estará ahí.

Y hay veces que mataría por volver, pero sé que sería imposible vivirlo de nuevo con la misma intensidad con la que lo viví, y que esos momentos que pasé allí jamás se repetirán.

Es como cuando lees tu libro favorito y lo único que quieres hacer es olvidarlo para poder leerlo de nuevo por primera vez.

Y en verdad me encanta, es como mi secreto más preciado.
Porque jamás nadie podrá vivir un viaje como aquel del mismo modo en yo lo viví.

Porque Inglaterra fue ese bonito salvavidas que me rescató de la vida.

Y siempre tendré un trozito de ella en mi pecho.


2 comentarios:

  1. Al leer esto me sentí muy identificado, porque varias veces viví momentos que no hubiera querido que terminen, y más aún, muchísimas veces desee con todas mis fuerzas volver a disfrutarlos como en aquel entonces; -como decías bien: esperar a olvidarte de tu libro preferido para leerlo de nuevo por primera vez-. Es esa misma sensación, ese mismo anhelo tan fuerte. Pienso que es lindo querer guardar esos momentos felices para siempre, e incluso desear volver a vivirlos, pero al mismo tiempo, es genial darle lugar a nuevas aventuras y a conocer personas que pueden hacernos sentir felices, sin olvidar a quienes en aquellos tiempos que hoy son recuerdos, compartieron la vida con nosotros.

    Me gustó mucho lo que escribiste, y tu blog también. Te sigo, saludos!

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  2. Siii suele pasar. A veces hay lugares que te marcan y que no puedes olvidar!! Me gusta mucho tu post y tu blog. Te sigo. Te dejo mi blog: http://parasolesvioletas.blogspot.com.es/ Un saludo

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