viernes, 15 de mayo de 2015

Morendo.

Hay días en los que bailaría vals acompañada de mi sombra, bajo el ritmo lento de un corazón muerto.

Diminuendo

A veces duele demasiado incluso para respirar, el dolor palpita en el pecho como un cardenal, y el silencio se vuelve aterrador, la noche es demasiado oscura, y bajo las estrellas sientes como te vuelves efímera.

Diminuendo

Hay días en los que no me siento realmente yo misma, en los que un monstruo surge de mi pecho, arañándome por dentro, y arroja palabras al exterior como si tratara de vomitarse así mismo.

Diminuendo

A veces todo es cuestión de nada.
Es lo que suelo pensar cuándo me tumbo de madrugada y miro el cielo negro.
Miles de estrellas, años luz.
Y seguirán viviendo incluso cuándo nosotros llevemos siglos muertos.
Qué sentido tiene todo, si al fin y al cabo no somos nada.

Estoy segura de que nunca habéis escuchado el ritmo de un corazón muerto.
Yo llevo la vida entera escuchándolo, cuando me quedo en silencio, miro al cielo y las estrellas me aplastan y la vida se me escapa de las manos.

Es como un ritmo lento, lento, lento, lento... que sigue palpitando y marcando su propio compás.

Pero no hay un pizzicato, ni un crescendo.
Nada.
Simplemente...
Diminuendo
                                                               Calando
                                                                                                                                 Morendo

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