miércoles, 19 de agosto de 2015

No más tormentas eternas.

Una vez leí que nadie es capaz de mirarse al espejo en silencio y sostenerse la mirada.
Desde entonces, cuándo nadie mira, me miro.
Veo a esa chica reflejada en aquel espejo, sus ojos castaños me observan, observo como se mueven, observo su boca, su nariz, su pelo, sus brazos, sus piernas.
Siento su mirada sobre mi cada instante.
Y cuando vuelvo a mirarle a los ojos...
Entonces, respiro hondo porque quiero desviar la mirada, pero en realidad soy yo.

Soy yo.

O eso creo.

Respiro hondo y me miro. Los ojos castaños de repente se hacen más grandes, más vivos.
Y quizás es verdad y nadie es capaz de sostenerse la mirada en silencio durante mucho tiempo.
Después de varios minutos siento la necesidad de pestañear y repetirme que soy yo.

Porque... a veces, cuando llevo mucho tiempo mirándome siento que dejo de serlo.
Que la persona que me observa en el espejo no soy yo.
Que aquel reflejo no es el mio.
Siento que sus ojos cobran vida propia y que me son ajenos.

Siento que la oscuridad de repente me acecha y se cierne sobre mi.
Siento que cada vez dejo de ser menos yo y más oscuridad.

Hace tiempo escribí que tengo el pelo hecho una tormenta
y...
quién dice el pelo
dice la vida.

Hace unos días me lo corté, y tengo decir que nunca, nunca en mi vida, me lo había cortado.
Mi madre solía decirme que yo no sería la misma sin mi pelo rizado y largo.
Que dejaría de ser yo.
Y creo que tenía miedo.
Quizá fue el reflejo en el espejo, quizá fue la mirada oscurecida de aquella chica.
Quizá quise ser otra.
Dejar de ser yo misma.

O ser más yo misma.

No lo sé.

Solo sé que quise apartar toda aquella oscuridad que se cernía sobre mi cuándo me sostenía la mirada.
Quizá quise que mi vida dejase de ser una tormenta
y que mi pelo fuera solo
pelo.

Y que yo
fuera
yo.

Solo yo.

Quizá mi madre pensara que sin mi pelo largo y rizado no sería la misma, pero me siento más yo misma que nunca.

Espero que aquella chica que me devuelve la mirada en el espejo sepa que algún día le sostendré la mirada
y será ella la que tendrá que desviarla.




6 comentarios:

  1. Lo he leído tres veces y creo que voy a darle otro repaso. Como siempre, increíble la vida y la sensación que eres capaz de transmitir con las palabras.

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  2. Me gusto mucho la manera en que reflejaste tantos pensamientos distintos en un mismo texto; una autoevaluacion muy honesta y profunda la tuya de verdad. Ojala pudieramos todos mirarnos un poco mas...te sigo leyendo a partir de ahora, saludos!!!n.n

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  3. Me he imaginado a mí siguiendo los mismo pasos frente al espejo y me ha parecido una imagen totalmente real.
    Sabes hacer magia con las palabras.

    Mi apoyo a lo que escribes.

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  4. Hola, hace muchos meses que me paso por tu blog y quería decirte que escribes muy bien.
    Por cierto, te he nominado al premio Best Blog, sé que esto de las cadenas resulta pesado a veces y no estás obligada a seguirla, pero te aseguro que te divertirás haciéndola, por lo menos a mi me ha servido para pasar el rato entretenida.
    Aquí está la entrada http://sentimientosypapel.blogspot.com.es/2015/10/premio-best-blog.html
    ¡Un beso!

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    1. ¡Muchísimas gracias, de verdad que agradezco que me hayas nominado!
      No suelo hacer lo de las cadenas, pero lo tendré en cuenta por si alguna vez me apetece y no sé que publicar.
      ¡Y de verdad, muchas gracias!

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  5. Mirarse al espejo tiene una magia especial, que no tiene ninguna otra cosa. A veces, si, pareciera que del otro lado hay otra persona, uno se olvida de que está parado frente al espejo, y comienza a sentir que se encuentra de pie frente a alguien, observándolo fijamente. Lo bueno de mirarse al espejo, de realmente observarse, es que del otro lado no hay nadie más que uno mismo. Y todas las cosas lindas y las que no nos gustan de nosotros mismos están ahí, y solo en el espejo podemos verlas, y solo en el espejo podemos apreciarlas verdaderamente, conocerlas, aceptarlas o cambiarlas como nos guste. Y no hablo solamente de un espejo de baño, también me refiero a uno de esos que nos muestran nuestro interior.

    Un abrazo, una vez más, un placer leerte.

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