miércoles, 5 de agosto de 2015

Relojes de arena.

Me encantan las noches de luna llena pero a la vez las odio porque son las noches en las que menos estrellas soy capaz de ver.

Supongo que todo en la vida es un poco así.

Hace unos minutos estaba escuchando música en una playlist y cuando estaba apunto de salir de ella porque la música no me gustaba, ha empezado a sonar una de esas canciones que apenas recuerdas pero que te basta con escuchar dos acordes para saber cual es.

No sé realmente qué quiero escribir. Siento que necesito escribir algo, sacarlo de aquí dentro, siento que me araña la piel, la espalda, los pulmones. 
Que me ahoga.
Pero no sé qué es.

Hace unas semanas os dije que estoy un poco tormenta de verano, y creo que no podría haberlo definido mejor.

En mi interior hay días soleados, días lluviosos, días de tormentas, de truenos, de rayos, días encapotados, días en los que pones la música alta y bailas.

No sé.

Todo es muy confuso aquí dentro, me gustaría saber si es igual para el resto.

Lo único que hago es escribir y borrar, escribir y borrar.

Ojalá también pudiese borrar todos estos garabatos de aquí dentro.

Es irónico como todo se nos escapa de las manos, como nada es para siempre, como nada es permanente.

Como cuando agarras un puñado de arena en la playa y haces fuerza con el puño mientras observas, frustrada, como la arena sigue deslizándose. 
Y después de varios minutos, abres la mano e incluso te duele pero aún así... no hay más que unos simples granos.
Nunca me han gustado los relojes de arena porque nunca me han parecido que sirvan para medir el tiempo, sino para mostrarte todo lo que pierdes mientras el tiempo transcurre a tu alrededor.

Al final no queda nada.

Creo... creo que me da miedo.

Sí, puede ser que sea eso.

Sí, las lágrimas se me han acumulado en los ojos de repente.

Creo que tengo miedo.

Todo ha cambiado muy... deprisa. 
Y siempre va a seguir cambiando, la arena va a seguir resbalándose entre mis dedos, y nunca más nada será como es exactamente en este momento.

Las personas se irán, llegarán otras y volverán a irse.
Algunas se irán para siempre.

3 comentarios:

  1. Lo malo de los relojes de arena es que ves al tiempo pasar, físicamente. Ves a cada grano caer y a toda la arena terminarse. Ves pasar los minutos y te das cuenta que la vida es así aunque no la veas pasar.
    Por eso hay que disfrutar del viaje, saborear el tiempo porque no podemos evitar que éste se nos escape entre los dedos pero sí que no lo aprovechemos.
    un besoo!

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  2. Me encanta como utilizaste la metáfora de la arena para explicar tantas cosas, yo también lo sentí así. También me di cuenta de que el tiempo pasa a una velocidad imposible de controlar....

    Aprovecho para decirte que abrí mi primer y único blog hace muchos años, pero hasta hace poco no me había atrevido a hacer un pequeño relato, que consta de cuatro partes cortas.
    Agradecería que me dejarais comentarios y críticas para poder ir mejorando, un saludo desde aunsintisoyfeliz.blogspot.com

    Primera parte: http://aunsintisoyfeliz.blogspot.com.es/2015/07/ni-muy-lejos-ni-por-mucho-tiempo.html
    Segunda parte: http://aunsintisoyfeliz.blogspot.com.es/2015/07/segunda-parte-ella-no-estara.html
    Tercera parte: http://aunsintisoyfeliz.blogspot.com.es/2015/07/tercera-parte-ella-no-estara.html
    Cuarta parte: http://aunsintisoyfeliz.blogspot.com.es/2015/07/cuarta-parte-ella-no-estara.html

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  3. ¡Já!, rompe ese reloj del coño, sácudete la arena o nada en ella..., porque nada, nada es peor que perderse en el tiempo.

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