domingo, 20 de diciembre de 2015

Velocidad.

Llevo varias semanas perdiéndome en el fondo de alguna que otra botella vacía. Consumiéndome como las colillas que descansan a mi lado. Risas que provocan que el mundo entero de vueltas. Llamas que alumbran en la oscuridad cuando la música retumba. Me tambaleo con frecuencia, y me da igual caer al suelo.
Hace un mes las paredes de mi habitación se me echaban encima y me asfixiaban. Ahora lo hace el humo quemándome la garganta.
Lo quiero hacer todo como si no tuviera suficiente tiempo. Me he sentido muerta demasiados años.
A veces siento que voy en un coche a mil por hora, y levanto los brazos. El viento me mueve el pelo, y puedo sentir la velocidad en las yemas de mis dedos, directa al pecho. Y por un instante, por un instante me siento invencible, infinita, inmortal. Y sé que, me daría igual que en una de las cuervas el coche se saliera de la carretera, me daría igual. La sensación es demasiado intensa.

Es solo que, en ocasiones, cuando llego a casa de madrugada y todo está oscuro, intento subir las escaleras y es el corazón el que se me tambalea más que las piernas.


2 comentarios:

  1. No dejes que te de lo mismo; entre seguir el viaje y derrapar en la curva hay una vida entera de por medio. Un abrazo.

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