jueves, 21 de enero de 2016

Déjame.

Pasé tantos años ocultándome tras máscaras que ya no soy capaz de encontrar mi propio rostro. Déjame, déjame cometer errores, déjame equivocarme. Deja que me duela, déjame llorar. Necesito sentir algo. Necesito llenar el vacío en mi pecho y me da igual con qué hacerlo.
Solo necesito encontrarme. Necesito sentirme viva.
Lo siento.

lunes, 4 de enero de 2016

No me encuentro.

A veces me siento una extraña. A veces me miro al espejo y no me encuentro. A veces todo va demasiado rápido y, a la vez, demasiado lento. No me entienden, y lo sé, y ha dejado de importarme. Ya no hablo con nadie de cómo me siento porque sé lo que van a decir, y sé que no me va a importar. Sé que viene a continuación, y a la vez es una incógnita. A veces me gustaría no ser. No pensar, no sentir, no doler. Simplemente estar. A veces. El frío de las noches de enero me reconforta, me hace sentir que estoy en casa, la oscuridad me hace sentir a salvo. Viviría una y mil vidas para ver atardecer todos los días, y observar como todo muere con la noche. Respirar hondo y sentir que se me congela el pecho. Y no escuchar nada. No sé que estoy diciendo, ni qué estoy escribiendo, ni qué estoy haciendo, ni qué estoy sintiendo. Como he dicho, a veces me siento una extraña. Me miro al espejo y no me encuentro. Solo hay caos, confusión, desorden. Como un huracán. Soy un ciclón, o eso es lo que se refleja en el espejo. No son mis movimientos, ni mi mirada, ni mis manos, ni mi cuerpo. Todo va demasiado rápido y, a la vez, demasiado lento. Como el que observa la destrucción en todo su esplendor, y ve como todo ocurre a cámara lenta.