viernes, 27 de mayo de 2016

Martes, 17 de Mayo.

¿Y si no busco a nadie que me complemente? O que me sume, llámalo como quieras.
¿Y si me da igual?
¿Y si solo quiero a alguien?
No sé, solo el hecho de sentir que alguien quiere estar conmigo, que hay alguien ahí, alguien que ahuyente el frío, que traiga la primavera y aleje el invierno de mi pecho.

Si no me diese tanto miedo vivir todo sería muchísimo más simple, más fácil.

martes, 17 de mayo de 2016

Destellos.

Míralo, mírala, mírame.
Aquel espejo me devuelve la mirada como si fuera la peor persona del mundo, como si me odiase a mí más que a nadie.
Como si fuese un monstruo.
Estaba oscuro, le miré a los ojos y de repente hubo un destello, vi mi reflejo en sus pupilas, y aparté la vista asustada.
Él se alejó con la mirada en el suelo.
Y yo solo quería gritar, gritarle, que no era él.
No era él.
Que no quería que se marchase, que encajaba perfectamente entre sus brazos, que su colonia se quedaría impregnada en mi piel para siempre, que sus manos cálidas me hacían vivir.
Pero
se alejó
y yo
atemorizada
no hice nada.

El pecho se me congelaba con cada paso que él daba.
Y el reflejo del espejo me sonrió
como te sonríen las pesadillas
en la oscuridad.

martes, 10 de mayo de 2016

Seguir viviendo.

Tocar el límite con las yemas de los dedos, acariciarlo y sonreír. Ese escalofrío que te recorre todo el cuerpo, que te hace cuestionarte absolutamente todo. Como si de repente la vida fuera simple y sencilla, como si, con un soplo todo se esfumase.
Últimamente solo me llaman los límites, la velocidad, las risas, la música.
Últimamente me dejo llevar por aquel soplo, por el aire frío de la mañana.
Estoy viviendo, tan rápido como puedo, de repente todo a dejado de tener sentido.
Como si la vida fuera una carrera, como si me hubiese quedado atrás y me hubiese perdido las vistas.
Y, oh dios, qué bonitas.
Es más simple de lo que parece, aunque a primeras parezca tan jodidamente complicado y confuso.
Es muchísimo más fácil.
Simplemente, tienes que
dejarte llevar.
Vivir cada instante como si no hubiera ninguno más.
Como si todo estuviera apunto de terminar.
Decir sí, ignorar el miedo.

Acariciar el límite con las yemas de los dedos,
cerrar los ojos,
respirar hondo.

Seguir viviendo.

sábado, 7 de mayo de 2016

Océanos e incendios.

Sentí que no podía respirar, que mis pulmones estaban inundados en agua, que el interior de aquel océano que llevo por dentro se arremolina.
En mis ojos se veía tormenta, y las olas chocaban contra mis costillas.
O quizá fue aquel día en el que, buscando mi cama, me di cuenta de que el corazón se me tambaleaba más que las piernas. Creo que las sábanas estaban demasiado frías para mi piel cálida, y eso que siempre me creí hielo.
Pero me he dado cuenta de que no es así.
De que todo mi interior es un incendio.
Que me gusta la calidez de otra piel contra la mía.
Que la primavera es preciosa, y el sol en mi piel me derrite, que las calles y la gente y la música me llaman.
Que cuanto más alto, más profundo puedo respirar.
Y que al acercarse al vacío el aire es más puro, y el frío cosquillea en las yemas de mis dedos, y mi corazón se encoje y empieza a latir rápido y
me siento viva.