martes, 17 de mayo de 2016

Destellos.

Míralo, mírala, mírame.
Aquel espejo me devuelve la mirada como si fuera la peor persona del mundo, como si me odiase a mí más que a nadie.
Como si fuese un monstruo.
Estaba oscuro, le miré a los ojos y de repente hubo un destello, vi mi reflejo en sus pupilas, y aparté la vista asustada.
Él se alejó con la mirada en el suelo.
Y yo solo quería gritar, gritarle, que no era él.
No era él.
Que no quería que se marchase, que encajaba perfectamente entre sus brazos, que su colonia se quedaría impregnada en mi piel para siempre, que sus manos cálidas me hacían vivir.
Pero
se alejó
y yo
atemorizada
no hice nada.

El pecho se me congelaba con cada paso que él daba.
Y el reflejo del espejo me sonrió
como te sonríen las pesadillas
en la oscuridad.

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