sábado, 7 de mayo de 2016

Océanos e incendios.

Sentí que no podía respirar, que mis pulmones estaban inundados en agua, que el interior de aquel océano que llevo por dentro se arremolina.
En mis ojos se veía tormenta, y las olas chocaban contra mis costillas.
O quizá fue aquel día en el que, buscando mi cama, me di cuenta de que el corazón se me tambaleaba más que las piernas. Creo que las sábanas estaban demasiado frías para mi piel cálida, y eso que siempre me creí hielo.
Pero me he dado cuenta de que no es así.
De que todo mi interior es un incendio.
Que me gusta la calidez de otra piel contra la mía.
Que la primavera es preciosa, y el sol en mi piel me derrite, que las calles y la gente y la música me llaman.
Que cuanto más alto, más profundo puedo respirar.
Y que al acercarse al vacío el aire es más puro, y el frío cosquillea en las yemas de mis dedos, y mi corazón se encoje y empieza a latir rápido y
me siento viva.

1 comentario:

  1. Me identifico con cualquier peletería de animales vivos y entrañables.

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